Opinión
Libre comercio
Por Público -
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Se sorprendió hace unos días el Gobierno sueco al enterarse de que unos lanzacohetes fabricados por su industria militar y vendidos al Ejército venezolano habían terminado en manos de la guerrilla colombiana. Y asombra la sorpresa sueca. ¿De verdad no se les había ocurrido a los suecos que el armamento que les venden a los países del Tercer Mundo es usado en las guerras del Tercer Mundo?
Las armas que fabrican las industrias de armamento de los países desarrollados (o sea, de los que tienen industrias de armamento) ya no las usan ellos mismos. Felizmente. Pero sí lo hacen sus clientes: los ejércitos gubernamentales o las guerrillas antigubernamentales de los países subdesarrollados en sus guerras civiles. Para eso se las venden. Si así no fuera, los colombianos y los afganos, los sudaneses y los uighures, se matarían entre sí a pedradas. Pero cuando usan esas armas, los gobiernos del Primer Mundo se asombran. Y cuando no, se indignan. Porque eso quiere decir que no les están comprando las armas a ellos, sino a otros países subdesarrollados: no a Suecia (como en el caso de los lanzacohetes de los que hablo), ni a Estados Unidos o a Rusia o incluso a Portugal, sino, digamos, a Pakistán o a Brasil.
Leí en alguna parte que para el genocidio de Ruanda entre hutus y tutsis, hace 15 años, se importaron desde Bélgica medio millón de machetes. ¿Y palos? Porque la gente también se mata a garrotazos. Con la rápida deforestación de las selvas del Tercer Mundo, a sus gobiernos y a sus guerrillas no les va a quedar más remedio que importar porras de caucho.