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análisis El delito de referéndum ilegal, la disolución de la Fundación Franco, Catalunya y otras claves del debate

El debate arroja dos conclusiones. La primera: Si la derecha, PP y Ciudadanos, alcanzan una mayoría con Vox, a pesar de los ataques que se cruzaron, habrá seguro un Gobierno, liderado por Pablo Casado. La segunda: si suman PSOE y Unidas Podemos, ambos tienen por delante un amplio camino que recorrer antes de alcanzar un  acuerdo. 

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Los candidatos a la presidencia del Gobierno, (i-d) Pablo Casado, Pedro Sánchez, Santiago Abascal, Pablo Iglesias y Albert Rivera, momentos antes de comenzar el debate para las elecciones del 10-N. REUTERS/Susana Vera

“No hay ninguna candidata”. Además de esta evidencia, que resaltó la periodista Ana Blanco, quien moderó el debate junto a su colega Vicente Vallés, del debate se pudieron extraer otras dos conclusiones muy claras.

La primera: Si la derecha, PP y Ciudadanos, alcanzan una mayoría con Vox, a pesar de los ataques que se cruzaron en el debate, habrá un Gobierno seguro, liderado por Pablo Casado.

La segunda: si suman PSOE y Unidas Podemos, ambos partidos tienen por delante un amplio camino que recorrer.

En unas breves líneas, el debate se podría resumir de este modo: El presidente en funciones, Pedro Sánchez, buscó la centralidad, el voto útil y ensanchar su espacio a través de anuncios a izquierda -disolver la Fundación Francisco Franco- y derecha -aprobar el delito de referéndum ilegal- e instó a los demás a respetar que gobierne el partido mas votado en caso de desacuerdo, mientras que Pablo Iglesias trató de empujarle hacia el PP y de ocupar todo el espacio que pudo en la izquierda.

Casado, al igual que Sánchez, apeló al voto útil de la derecha, mientras Albert Rivera trató de remontar ubicándose en el espacio liberal, lejos de Vox, cuyo líder enunció el catálogo completo de sus obsesiones, sin olvidarse por supuesto de criminalizar a los menores migrantes y de abrochar un discurso de tintes antifeministas.

Estas son algunas de las claves sustanciales del debate a cinco celebrado este lunes.

I. La gobernabilidad y los pactos.

El debate arrancó con una introducción sobre los pactos posibles que eviten una nueva repetición electoral. Mientras Pablo Iglesias insistió en un acuerdo de Gobierno con el PSOE y contrapuso el pacto seguro de las tres derechas, Pedro Sánchez, quien llamó a la movilización del voto, se ubicó en la centralidad y evitó elegir aliado. El presidente en funciones manifestó que si no era posible un acuerdo, los demás debían respetar la lista más votada.

Por su parte, Albert Rivera, líder de Ciudadanos, hizo propósito de enmienda tras dejarse a sí mismo fuera de juego a pesar de sumar el pasado abril con el PSOE 180 escaños, mayoría absoluta. Rivera afirmó: “Me comprometo a desbloquear el país desde la oposición”.

Con ello, si Rivera cumple, Pedro Sánchez podría tener una salida doble, en el caso de sumar tanto con Podemos como con Ciudadanos, como predijo el CIS. O un acuerdo de Gobierno con Iglesias o un pacto como el que en su día ejecutó Susana Díaz en Andalucía con Ciudadanos.

Pablo Casado, por su parte, se erigió en la alternativa a Pedro Sánchez: “Ha perdido las cuatro investiduras. Hoy tenemos un referéndum sobre Pedro Sánchez. Quien no quiera que Sánchez siga en la Moncloa, aquí está el PP. Solo hay dos posibilidades. Unamos nuestros votos para unir España”, invitó Casado al electorado conservador.

Santiago Abascal, el presidente de Vox, por su parte, manifestó que solo la ultraderecha garantiza que no gobierne Sánchez y trató de colocar la mercancía de que solo hay dos proyectos: el suyo y el de los demás, “los progres”. Nadie dudó, sin embargo, de que, si es necesario, Vox sumará sus votos a los de Casado y Rivera.

II. El delito de referéndum ilegal y Catalunya

El primer bloque del debate, que se dio en llamar cohesión territorial, y que, salvo dos referencias de Iglesias y de Sánchez a los problemas de otras zonas, se convirtió en un monólogo sobre Catalunya.

En este asunto, Pedro Sánchez introdujo una novedad relevante en el discurso mantenido hasta ahora. El presidente en funciones lanzó una propuesta de modificación del Código Penal que recupere el delito de referéndum ilegal, introducido en 2003 cuando gobernaba el PP de José María Aznar y que fue derogado en la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE). En el aire quedó la pregunta: ¿Servirá esta medida para, llegado el caso, ayudar a Sánchez a desbloquear su investidura hacia su derecha?

Sánchez recibió por ello los reproches de Iglesias: “[Esto no puede ser] a ver quién tiene la medida más dura hasta detener a todo el mundo”. “Usted y yo deberíamos tener altura para dejar de tener complejos frente a esta derecha. Con más agresividad, con las propuestas más duras compitiendo… Se equivoca si busca a la derecha”. Iglesias propuso para Catalunya “diálogo, sentido común y mano izquierda”. “España no es centralista por definición. Los conflictos se resuelven mediante el diálogo”, agregó.

Sánchez le replicó: “Iglesias defiende un referéndum de autodeterminación que partiría en dos Catalunya y [afirma] que hay presos políticos en España y yo no puedo aceptar eso. Hay políticos presos”.

Catalunya llevó a los dos partidos de la derecha a pelearse por la bandera de España con la ultraderecha. Mientras Vox hablaba una vez más de detener a Quim Torra, el president de la Generalitat, y de ilegalizar a los partidos independentistas, Rivera -quien llegó a sacar  un adoquín, como los que lanzan, dijo, los violentos en Catalunya- y Casado se enzarzaron después de que el primero acusara al PP de haber cedido ante el nacionalismo en su etapa de Gobierno. “No se equivoque usted de adversario”, le reclamó Casado.

En este bloque, se pudo escuchar a Iglesias reivindicar España, ante la sonrisa de Abascal. “A mí usted no me va a dar ninguna lección de ser español”. Luego, Iglesias citó los transplantes en los hospitales públicos -“y me da igual en qué idioma se hagan”- y la sanidad pública y universal como elemento de orgullo de país.

Sánchez reclamó a la derecha “lealtad” al Gobierno de España y, si no, al menos al Estado, y recetó para la crisis catalana: “Legalidad democrática, firmeza y proporcionalidad. No sobreactuar. Ni caer en las provocaciones del independentismo. Y unidad”.

III. Las estrategias

Sánchez, quien recibió ataques de todos, desde Abascal hasta Iglesias, trató de ubicarse en un espacio de centralidad, capaz de recoger los votos que pierde Ciudadanos a marchas forzadas, intercalando diversos anuncios, unos mayores, como el delito de referéndum ilegal y la disolución de la Fundación Francisco Franco y meter en el Código Penal la exaltación del franquismo, y otros menores -parque público de viviendas, guarderías de cero a tres años, revalorización de las pensiones, un nuevo Estatuto d los trabajadores, un ministerio sobre la despoblación, Nadia Calviño como vicepresidenta económica…- y de zafarse del abrazo de Iglesias, quien le instó en varias ocasiones a gobernar juntos.

“Todos consideran que el plan Sánchez supone un pacto oculto con alguien. Un pacto o con este o con el otro […] En fin. El Plan del PSOE es lo que he defendido siempre: un Gobierno progresista. El resto quieren impedir el único gobierno posible”, dijo. Luego, remachó: “Si queremos un gobierno fuerte, votamos PSOE. O si queremos bloquear, aquí tienen ustedes… [a los demás]”.

En ese trayecto hacia la centralidad, el presidente en funciones llegó a reprochar, sin que nadie le diera pie a ello, a Iglesias sus críticas a las donaciones de Amancio Ortega. “El trabajo de los gobiernos es crear marcos fiscales justos”, dijo. También, de manera indirecta, Sánchez vino a reclamar a Iglesias que abandonara la idea de entrar en el Gobierno. “El señor Iglesias nunca aceptará un Gobierno sin el señor Iglesias”, dijo. Y le reprochó que llamara ministerios florero a los de vivienda durante la negociación abierta la pasada legislatura.

Iglesias le replicó con contundencia. “A nosotros no se nos compra con sillones. Nosotros queremos competencias. Querríamos tener competencias para intervenir el mercado del alquiler y las competencias para frenar los desahucios”. En otro punto, manifestó: “Sánchez debería aclarar con quién va a pactar. O hace un gobierno de coalición con nosotros o busca al PP”. “Si no hay mayorías absolutas, el próximo gobierno, será de coalición”. O a la izquierda o a la derecha, proclamó Iglesias. Tanto Casado como Sánchez descartaron la gran coalición.

“Hay muchos votantes socialistas perplejos viendo cómo quiere llegar antes a un acuerdo con PP y Ciudadanos. Esto no va de usted y de mí, hace falta proteger al Estado del bienestar. Ojalá se ponga de acuerdo con nosotros”, abundó el secretario general de Podemos.

Iglesias adoptó una posición de izquierdas nítida, en un tono bien moderado, y pretendió ocupar el espacio que le dejaba Sánchez y de empujarle todo lo que pudo hacia la derecha. Iglesias fue propositivo y lanzó diversas iniciativas. Entre ellas, estaban la creación de un banco industrial; la de una empresa pública de energía que baje los precios de la luz y promueva el uso de renovables; aplicar los capítulos sociales de la Constitución; poner en alquiler los pisos vacíos del banco malo, acabar con las puertas giratorias…

En el debate quedó claro, como señaló Iglesias, que si PP, Ciudadanos y Vox suman, harán un Gobierno. El momento clave llegó cuando Sánchez les llamó “derecha cobarde” secuestrada por la ultraderecha. Entonces, Abascal no tuvo ni que responder. Tanto Rivera como Casado pusieron Andalucía como ejemplo. “Es una vergüenza lo que han hecho en Andalucía”, espetó Rivera. Tanto uno como otro evitaron referirse a las intenciones de Abascal de ilegalizar al PNV. Incluso, Rivera, llegó a hablar también de posibles ilegalizaciones -Arran- en otro momento del debate.

El presidente de Ciudadanos, en su afán de aparecer como un líder centrado y centrista, fue a por PP y PSOE y polemizó con Casado y también en varias ocasiones con Abascal, a quien reprochó haber trabajado en un "chiringuito" autonómico con un grueso sueldo a pesar de querer eliminar el Estado  de las Autonomías. Protagonizó momentos duros con todos, a  Sánchez le dio  fuerte con los ERE y con Catalunya y apostó por el discurso económico: contrato único y bajada de impuestos. “Si eres liberal, vota liberal, si eres de centro, vota centro. Vota lo que eres, vota Ciudadanos”, reclamó Rivera.

Casado trató de erigirse en la alternativa al PSOE, de confrontar siempre con Pedro Sánchez y de contraponer en todo momento el pasado del PP con el del PSOE. Frente a los ataques de Rivera, quien lo buscó en diversas ocasiones, y de Sánchez por la corrupción, Casado no se achantó y trató de empatar el partido con el caso de los ERE, que está a la espera de sentencia. Casado también habló de economía y de impuestos.

Por su parte, Abascal, quien utilizó un tono moderado en todo momento, y trató de morder en el espacio del PP y de Ciudadanos, en una suerte de OPA hacia sus socios, abundó en todas sus obsesiones. “Buenas noches y viva España”. Con esta frase cerró el debate. Antes, Abascal manifestó que había que acabar con las autonomías para poder tener pensiones. También criminalizó a los migrantes menores de edad al vincularlos con la delincuencia; habló de la ilegalización de partidos políticos; de su obsesión antifeminista, lo que provocó una dura réplica de Iglesias -quien al poner énfasis en el discurso cometió un lapsus al hablar en un momento de mamadas en lugar de manadas-.

IV. Memoria democrática

Otra zanahoria de Pedro Sánchez, esta hacia la izquierda, para compensar la del referéndum ilegal, lanzada hacia la derecha, marcó la penúltima parte del debate. El presidente en funciones manifestó estar orgulloso de la España democrática “por mucho que le pese a la ultraderecha y a los independentistas”. Luego, dijo que pensaba llevar al código penal el delito de apología del fascismo y del totalitarismo, y poner en marcha los cambios legales pertinentes para disolver la Fundación Francisco Franco.

Mientras Casado evitó en todo momento entrar en este debate, Abascal se dio por aludido y protagonizó una breve discusión con Sánchez y otra, más larga e intensa, con Iglesias.

“Entregar a los muertos a sus familias está muy bien, pero va a acabar ilegalizando a Iglesias, que tiene al Partido Comunista. [Quiero] reivindicar a mi abuelo Manuel, que fue movilizado en el bando nacional. Nuestros abuelos se abrazaron. Usted saca el conejo del enfrentamiento”, arrancó Abascal.

Sánchez terció: “La dignidad, la reparación no es reabrir heridas, es cerrarlas”.

Iglesias entró y le dio fuerte a Abascal: “Me pregunto yo que pensarían en Alemania si uno pudiera reivindicar a su abuelo de las SS”.

Y Abascal lanzó: “Mi abuelo no era de las SS. No me van a dar lecciones de defensa del orden constitucional ni usted ni el señor Sánchez. Mientras, ETA amenazaba a mi familia y a mí, usted estaba en una herriko taberna y el señor Sánchez lo más arriesgado que hizo fue jugar al baloncesto”.

Iglesias replicó, raudo: “Nuestra candidata al senado por Barcelona. ¿sabe cómo se llama, Rosa Lluch [hija de Ernest Lluch]? Y no presume de víctima. Es para nosotros un honor. [Me gustaría] escucharle condenar el golpe de los aliados de Hitler”.

Abascal se fue entonces hasta la revolución de Asturias de 1934. En ese punto, Rivera trató de cortar este debate y de ubicarse en un lugar alejado del pasado, en una equidistancia. “A mí me gustaría volver al siglo XXI. No se ponga nervioso, señor Abascal. Me da igual si son rojos o azules”. Luego, añadió hacia la derecha: “No me gusta la fundación Francisco Franco ni los fascistas”. Y hacia Sánchez: “¿Va usted a ilegalizar a Arran?”

En otro momento, el propio Rivera y Casado sacaron a relucir Cuba y Venezuela, para tratar de contrarrestar el aldabonazo de Sánchez.

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