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Andalucía Teresa Rodríguez reivindica su espacio: ni entrará en un gobierno con Susana Díaz ni permitirá que manden las derechas

La desconfianza mutua marca las relaciones entre PSOE y Podemos en Andalucía

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La líder andaluza de Podemos, Teresa Rodríguez (i), pasa ante Susana Díaz, en una sesión de control. (EFE)

A veces es bueno intentar resumir en una sola palabra una situación porque puede aportar claridad. Pero reducir las cosas a un solo término suele ocultar otros hechos, también importantes para saber lo que realmente sucede. En política, como en la vida, hay muchas zonas grises. En política, como en la vida, las circunstancias, los contextos en los que se mueven las personas -y los diputados y diputadas, aunque a veces se olvide, son personas- explican muchas cosas. Valga esta reflexión preventiva antes de escribir que la palabra desconfianza es la que probablemente mejor define hoy las relaciones entre PSOE y Podemos en Andalucía. Si le añadimos a desconfianza el adjetivo mutua, tendremos algo más de precisión, algo más de luz. Escribámoslo: la desconfianza mutua preside las relaciones entre Podemos y PSOE en Andalucía. Sí, se parece a la realidad. Pero esa desconfianza no las define por completo. No lo abarca todo.

Ambos partidos, y sus líderes, Susana Díaz (PSOE) y Teresa Rodríguez (Podemos), se las han tenido tiesas, en términos dialécticos, a lo largo de toda la legislatura en Andalucía. Ambas han protagonizado sonados enfrentamientos en las sesiones de control a la presidenta cada dos jueves. Pero también han sido capaces, a trompicones, eso sí, de llegar a algunos acuerdos y de votarse cosas por interés mutuo, sobre todo en el último tramo de la legislatura, y por una coincidencia, si no ideológica, sí al menos de sensibilidad.

Así, ambos partidos han sacado juntos adelante, por ejemplo, una Ley LGTBi, una Ley de Memoria Histórica, e incluso un señero y estratégico Acuerdo por la Financiación de Andalucía, en el que se garantizan recursos para las políticas sanitarias y educativas y al que a última hora también se unió el PP, por miedo a que le doliera la cabeza si no lo hacía. Ambos partidos, en definitiva, compiten por una misma -y no menor- bolsa de votos.

Hacer memoria

Para contar bien esta historia, la de las relaciones entre Podemos y PSOE, hay que hacer memoria y tomar perspectiva. Son dos partidos con trayectorias completamente diferentes. Mientras el PSOE jugó un papel capital en la llegada de la democracia y de la consecución de la autonomía andaluza, ganada a pulso por la vía de la calle, primero, y de los votos, después, y ha gobernado ininterrumpidamente Andalucía desde las primeras elecciones autonómicas de 1982; Podemos -surgido de las frustraciones y del deseo de los jóvenes de mejorar el mundo que los llevó a las plazas el 15 de mayo de 2011- irrumpió en el Parlamento de Andalucía en los comicios pasados, celebrados el 25 de marzo de 2015. Lo hizo con fuerza. Logró, sin tener estructura en Andalucía, quince escaños -a los que hoy se pueden sumar los 5 de IU- y se ubicó como tercer partido, por detrás del PSOE, que obtuvo 47 y del PP, que se quedó en 33. Ciudadanos completó la Cámara con 9 asientos.

La distribución de fuerzas dejaba solo tres opciones viables. O PSOE con Podemos o PSOE con Ciudadanos o todos contra el PSOE

Esa distribución de fuerzas dejaba solo tres opciones viables para la gobernabilidad. O una alianza de todos contra el PSOE o un Gobierno del PSOE con apoyos o bien de Podemos o bien de Ciudadanos, que también entraba por primera vez en el Parlamento. En aquel momento, Susana Díaz y la dirección del PSOE andaluz exploró con ambos partidos la posibilidad de un acuerdo. Se formaron mesas de negociación. Díaz buscaba un Ejecutivo monocolor y a la vez un mínimo de estabilidad para poder gobernar y, en su caso, aprobar los presupuestos. Y pensaba que era posible lograrlo con Podemos.

La cercanía de las municipales, la necesidad de votar sí al PSOE y los miedos y cautelas de las nuevas formaciones ante la responsabilidad de dar otro Gobierno al PSOE, complicó el escenario. Finalmente, después de poner condiciones -consideradas leoninas, imposibles, por los socialistas- Podemos no le dio a Díaz lo que buscaba. Ciudadanos, sí. Se cerró así, después de tres votaciones de investidura fallidas (el periodo al que Díaz se refiere una y otra vez como los 80 días de bloqueo, de pinza entre PP y Podemos) un acuerdo de investidura que, con el sí de Ciudadanos permitió superar los 53 noes de PP, Podemos e IU a Díaz, en la práctica ha funcionado como un pacto de legislatura.

Brecha abierta

En el PSOE andaluz está bien arraigada la idea de que Pablo Iglesias era partidario entonces de darle el Gobierno a Díaz y de arrancar de este modo la legislatura, porque eso le daría votos en el resto del país, y de que fue Rodríguez quien no quiso. Que no pudo superar el vértigo de su nueva responsabilidad, de pasar directamente de la calle a votar sí al PSOE. Ella sostiene, sin embargo, que estaba dispuesta, en el último momento, antes de que se llegase al extremo de repetir las elecciones, a darle la investidura pero que Díaz llegó antes a un acuerdo con Ciudadanos.

Aquellos sucedidos abrieron una brecha entre las direcciones de ambos partidos que se mantiene hasta hoy

El hecho es que aquellos sucedidos abrieron una brecha entre las direcciones de ambos partidos que se mantiene hasta hoy, bronca de Díaz a Rodríguez en San Telmo incluida. La interlocución entre líderes es hoy muy escasa. No existen cauces tasados de interlocución entre ambos partidos ni fluidez en las relaciones personales. Eso sí, por supuesto, cuando hay que hablar, se habla. La presidenta Díaz llama a Rodríguez cuando considera que lo tiene que hacer. Lo hizo, por ejemplo, las dos veces que ha ido a Moncloa a ver a los presidentes Mariano Rajoy y Pedro Sánchez como presidenta de la Junta. En aquella ocasión, llamó a todos los líderes de los partidos con representación parlamentaria, incluida, claro está, Rodríguez, para darles cuenta del desarrollo de los encuentros.

El factor humano no importa”, dice Rodríguez, “importan las políticas”. Y explica, para ilustrar esa afirmación, que si hay que hablar de algo y ella o quien sea de Podemos no se puede entender, por lo que sea, con quien sea del PSOE, se buscan las personas que sean capaces de hablar. Eso sí, puntualiza Rodríguez, al grano, al tema, hablar del asunto en cuestión. Rodríguez pone como ejemplo la negociación del Acuerdo por la Financiación de Andalucía. Ese pacto fue negociado -entre otras personas- por la diputada de Podemos Carmen Lizárraga y la hoy ministra de Hacienda, María Jesús Montero, cuando era consejera del Gobierno de Susana Díaz. Y lograron entenderse.

Escenarios post-electorales

En el horizonte más cercano -en diciembre o a principios del año que viene- asoman las elecciones autonómicas. Y los escenarios que alumbren esos comicios definirán, como han marcado ya esta legislatura, las relaciones entre PSOE y Podemos de los próximos meses. Es decir, si las relaciones pasadas y actuales han sido y son tirantes y complicadas, todo puede cambiar en función de lo que voten los andaluces. Si Adelante Andalucía sube y el PSOE baja, Rodríguez se sentirá naturalmente legitimada a seguir metiendo presión a los socialistas, y viceversa. Y todo, claro, puede seguir igual, si los números no cambian sustancialmente después de los comicios.

Los escenarios postelectorales que revelan las encuestas son, con matices, prácticamente los mismos que salieron de las autonómicas 

Los escenarios postelectorales que revelan las encuestas de los últimos tiempos en Andalucía son, con matices, prácticamente los mismos que salieron de las autonómicas de 2015. A grandes rasgos, y descartada la repetición de las elecciones, (que todo el mundo coincide en que beneficiaría a Díaz), las opciones de Gobierno parecen ser de nuevo reducidas. O bien forma otro Ejecutivo el PSOE -al que todas las encuestas dan por ganador una vez más- con apoyos más o menos puntuales, ya sean de Podemos o de Ciudadanos. Hay quien no descarta tampoco un gobierno de coalición del PSOE con Ciudadanos, aunque otras voces lo ven muy improbable.

Dependiendo de la actitud de ambos partidos, Díaz podría incluso optar por una estrategia como la que utilizó el presidente José Luis Rodríguez Zapatero en su momento, sin socios preferentes, lo que obligaría a sus lugartenientes y a ella misma a bajar a la arena a luchar cada norma, cada medida, cada presupuesto, salvo las que se puedan adoptar por decreto.

O bien todos se unen para derrocar al PSOE. Esta segunda opción es la que Rodríguez tiene por completo descartada.

Así, Rodríguez jamás entrará en un Gobierno con Susana Díaz -“ni muerta”-, pero tampoco permitirá, si está en su mano, que gobiernen PP y Ciudadanos, en el caso de que ambos, tras las autonómicas, superasen en escaños al PSOE y trataran -aunando sus fuerzas- de presentar un candidato a la investidura o de bloquear la de Díaz. En ese caso, y solo en ese caso, Rodríguez, como “mal menor”, podría asumir que su papel sería facilitar la formación de un Gobierno socialista y, a continuación, pasar a la oposición, desde donde negociaría con los socialistas cada ley, cada artículo, cada presupuesto. En ese caso, Podemos podría sentarse, como en 2015, a negociar una investidura o no hacerlo y dejar que Díaz forme gobierno como lo hizo Sánchez, según. En Andalucía, basta una mayoría simple para formar Gobierno a partir de la segunda votación.

Alternativa de izquierdas

Independientemente de especulaciones sobre resultados que aún no se han producido y de otras consideraciones estratégicas y tácticas que se darán en función de la aritmética que arroje el resultado electoral, Teresa Rodríguez tuvo entonces, en 2015, y tiene claro hoy que el lugar de Podemos -ahora Adelante Andalucía tras haber completado la confluencia con Izquierda Unida y otras fuerzas andalucistas- es la oposición, porque su idea es convertir a su fuerza política en una alternativa seria de izquierdas a los Ejecutivos del PSOE que, llegado el momento, pudiera en su caso gobernar, pero cuando esté por delante.

Para Rodríguez un partido que lleva 36 años gobernando ya no puede ser palanca de un cambio real y profundo

Rodríguez aporta, en un encuentro con Público, dos razones fundamentales que explican su posición con respecto a los socialistas. Por un lado, para Rodríguez, un partido que lleva 36 años gobernando Andalucía no puede ser hoy una palanca de cambio real y profundo, que es el que Podemos persigue, hacia una mayor justicia social y hacia la independencia económica y energética. Esta reflexión está bien arraigada en el pensamiento de Rodríguez.

Por otro lado, es la experiencia del pasado la que le lleva a desconfiar. Rodríguez piensa que a las formaciones que han gobernado con el PSOE en Andalucía la experiencia no les ha salido bien porque, considera, los socialistas han sabido incorporar a su haber las aportaciones de los demás (Partido Andalucista, IU) y les han hecho pagar por sus errores y contradicciones. El recuerdo de Diego Valderas como vicepresidente del Gobierno andaluz, asumiendo recortes, es doloroso para la dirección de Podemos, porque suponía, interpretan, rendir la bandera. ¿Quién después de eso iba a tener esperanza de cambiar las cosas, de hacerlo de verdad?

En el PSOE, por el contrario, consideran que Rodríguez lo que tiene es miedo de sentarse con ellos y de negociar en serio cosas importantes, porque habría demasiados temas en los que acabarían por ponerse de acuerdo y eso no podría aceptarlo una persona a la que consideran profundamente antisocialista. En el PSOE consideran que su proyecto no está agotado ni mucho menos, sino que la Comunidad ha avanzado mucho en las últimas cuatro décadas y lo ha hecho de manera sostenible, con cohesión social y con arraigo, después de los traumas de la dictadura y la opresión. Quieren, por tanto, seguir gobernando Andalucía y podrían perfectamente hacerlo con Podemos, pero se preguntan con qué Podemos. Consideran casi imposible que Rodríguez les vaya a dar nada.

El peaje del impuesto de Sucesiones

A Podemos le ha venido bien el acuerdo del PSOE de Andalucía con Ciudadanos, porque le permite argumentar que los socialistas aquí están más cerca de la derecha que en Madrid, y al PSOE tampoco le ha ido tan mal. Sin embargo, la ausencia de acuerdo de los partidos de la izquierda, tenga la responsabilidad quien la tenga -y ambos creen que la tiene el otro-, ha llevado, por ejemplo, a tocar el impuesto de Sucesiones y Donaciones a la baja. Ese es el peaje que el PSOE ha pagado a Ciudadanos a cambio de la estabilidad política, y de tres presupuestos que, por otra parte, aseguran los socialistas, han permitido, en un contexto beligerante, hostil, en la Unión Europea y en España, mantener los quirófanos abiertos, las escuelas en marcha, la gratuidad de los libros de texto, y, en cuanto se ha podido, aumentar las plantillas de docentes y sanitarios y abaratar las matrículas universitarias para todo el que apruebe hasta prácticamente cero.

La izquierda en  Andalucía es libre para decidir con quién se junta o no se junta

Si se resuelve la investidura en un sentido o en otro, la letra pequeña de los resultados electorales será importante también para el día a día de la actividad parlamentaria y legislativa. Hoy, para superar los 47 diputados del PSOE, se requiere que al menos Podemos y PP estén en sintonía. Si la suma de las derechas no les da para gobernar, porque Rodríguez lo impida, la falta de acuerdo en la izquierda sí les puede dar para jugar con la mesa del parlamento, las comisiones e incluso algunas leyes. Y ahí será importante para los socialistas estar ojo avizor y tener una o varias vías de interlocución con Rodríguez y su gente.

Quien haya llegado en la lectura de esta crónica hasta este punto, se habrá dado cuenta de que el nombre de Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, solo ha aparecido una vez, y el de Pedro Sánchez, secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, otra. Aunque, por supuesto -está claro- las opiniones de ambos son importantes y tanto Rodríguez como Díaz las van a escuchar y a sopesar, tanto la una como la otra se han ganado a pulso su derecho a decidir con quién cierran sus acuerdos. La izquierda en Andalucía es por resumirlo en una palabra -que, como ya sabemos suele ocultar otros hechos, también importantes para saber lo que realmente sucede- independiente para decidir con quién se junta o no se junta, por mucho que moleste en determinados ámbitos.

Tanto Díaz como Rodríguez son herederas del 4D y del 28F.