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Día Internacional de los Trabajadores La crisis hace aflorar otras formas sindicales

Los colectivos auto-organizados y los especialistas asumen que los sindicatos tradicionales aún no han logrado integrar a los empleados de las nuevas realidades laborales.

Un repartidor circula en bicicleta por la Gran Vía de Madrid, que permanece prácticamente sin coches debido a la crisis del coronavirus. Reuters/Susana Vera
Un repartidor circula en bicicleta por la Gran Vía de Madrid, que permanece prácticamente sin coches debido a la crisis del coronavirus. Reuters/Susana Vera.

"Un país en deuda con su gente trabajadora. #Ahoratocacumplir". Es el lema de las movilizaciones convocadas por los sindicatos UGT y CCOO que se celebrarán en diferentes puntos del Estado español para conmemorar el 1 de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Tras un año de pandemia, en la manifestación, que recupera el carácter presencial, las dos organizaciones se conjuran para, no solo reconocer la importancia de los empleados y empleadas esenciales, sino mejorar sus condiciones de trabajo. Es lo que denominan la agenda social. Esta deuda que plantean los dos sindicatos mayoritarios la comparten, pero desde otro punto de vista, una serie de organizaciones alternativas, encabezadas por la CGT, que volverán a realizar una protesta paralela, reivindicando la derogación de las reformas laborales, la reducción de las jornadas de trabajo y la eliminación de las horas extras.

Más allá de este clásico enfrentamiento entre dos visiones estratégicas del movimiento sindical, existe otro divorcio, fruto de las nuevas realidades económicas, caracterizadas por la digitalización y el teletrabajo, en que en muchas ocasiones desaparecen los centros de producción, las oficinas o incluso las plantillas. A partir de este escenario, han surgido nuevas formas de agruparse, ejemplificadas en colectivos como los repartidores (riders), las mujeres de la limpieza (las Kellys) o los trabajadores de las residencias. Todos ellos coinciden en dos factores: sus condiciones precarias- en muchas ocasiones como falsos autónomos- y la incapacidad de los sindicatos tradicionales de dar una respuesta a sus inquietudes.

"El impacto de la digitalización en los puestos de trabajo ya lo teníamos antes de la pandemia"

"El impacto de la digitalización en los puestos de trabajo ya lo teníamos antes de la pandemia, pero esta ha modificado sustancialmente las relaciones laborales a través del teletrabajo". Así lo comparte el secretario de Políticas Sectoriales y Transición Justa de UGT Catalunya, José Antonio Pasadas. Con el cambio de rutinas en las configuraciones de los centros de trabajo, como las oficinas, Pasadas reconoce que "hay empresas que están dejando de tener un puesto físico específico para cada trabajador por la rotación de la plantilla".

El largo camino de los falsos autónomos

Pese a las dificultades para adaptarse a estas nuevas realidades, desde UGT se reivindica el rol de los sindicatos tradicionales para afrontar estas problemáticas. "En nuestro caso, llevamos años luchando contra la existencia de los falsos autónomos, que estaban en la mensajería o en las cárnicas, y aunque han cambiado las herramientas, la base del conflicto es la misma", recuerda Pasadas.

Para acercarse a las inquietudes de esos colectivos, el responsable sindical admite que la aproximación debe ser en un contexto digital, entorpecido por las dificultades de representación colectiva, ya que "se trata de casos individuales, en los que tenemos que analizarlos uno a uno para lograr una cierta laboralización de sus condiciones".

Para la responsable de Nuevas Realidades del Trabajo de CCOO Catalunya, Carmen Juárez, estas situaciones no resultan tan novedosas como parece. "Es cierto que dificultan la acción sindical y que la comunicación digital a través de grupos de WhatsApp o Facebook han de suplir la falta de un espacio físico, pero ya utilizábamos estos medios antes de la pandemia".

El discurso de la precariedad

Por encima de esos contratiempos, Juárez cree que lo preocupante es que "algunos trabajadores han interiorizado un discurso empresarial que promete una falsa autonomía y flexibilidad, que los acaba condenando aún más a la precariedad". Como muestra, indica que algunos empleados de la plataforma de reparto Glovo tienen que pagar por trabajar, ya que han de comprar bloques de horas a otros compañeros en un mercado virtual para poder empezar a utilizar la aplicación y recibir los primeros pedidos.

"Algunos trabajadores han interiorizado un discurso empresarial que promete una falsa autonomía y flexibilidad"

La representante de CCOO señala que la mayoría de personas que trabajan en el sector del reparto son inmigrantes, por lo que en ocasiones es necesaria mucha pedagogía para explicar la importancia de los sindicatos. De hecho, Juárez recuerda que, en una encuesta sindical realizada a principios de 2020, los empleados de este ámbito demandaban talleres de derechos laborales o de educación vial como ejes prioritarios para formarse.

Carmen Juárez admite que el sindicato ha ganado afiliación en el sector del reparto, pero echa de menos que este colectivo se pueda integrar ya en la nueva ley Rider. "Ahora no se pueden afiliar porque son autónomos, pero debemos vigilar, especialmente a través de la Inspección de Trabajo, para que no se constituyan falsas cooperativas como ocurrió con las cárnicas". Aunque la actuación inspectora está limitada por la ausencia de un centro de trabajo físico, Juárez añade que "este no ha de ser un motivo para precarizar todavía más las condiciones laborales".

La óptica ideológica

El surgimiento de nuevas maneras de trabajo ha traído otras formas sindicales. En este sentido, el experto en relaciones laborales de la cooperativa de abogados Col·lectiu Ronda, Nacho Parra, argumenta que "el ejemplo de los colectivos que están al margen de los sindicatos demuestra que sí que es posible la representación sindical en el mundo digital". Parra precisa que estas estructuras afloran por la falta de representación de las entidades tradicionales a las que "les falta implicación y reconocimiento y se han convertido en meras prestadores de servicios".

La subcontratación y la externalización han cambiado radicalmente las formas de organizarse

Parra dibuja el nacimiento de esta fórmula en la ausencia de respuestas, por lo que "personas militantes con una óptica ideológica marcada deciden impulsar otras formas de organización social". Además de estos condicionantes, el abogado considera que fenómenos como la subcontratación y la externalización han cambiado radicalmente las formas de organizarse y han perjudicado el establecimiento de las entidades.

"Discursos como el Do it Yourself, el de los emprendedores o el de ver al compañero como una competencia han calado en determinados sectores", lamenta Parra. De esta forma, vincula el fomento de estas prácticas empresariales a un impacto directo y negativo en el ejercicio del sindicalismo clásico. De hecho, según Parra, el error principal de estas entidades tradicionales ha sido no afrontar el conflicto desde un punto de vista ideológico, sino desde un enfoque más organizativo.

En las rendijas generadas por este déficit de apoyo, se han colado algunas iniciativas de colectivos como los riders de Glovo, que lograron que el Tribunal Supremo reconociera que los repartidores son asalariados y deben regirse por el convenio laboral de la logística y que han de disfrutar de los mismos derechos que cualquier otro trabajador. Por su parte, las Kellys, empleadas de limpieza y camareras de pisos de los hoteles, se han agrupado para denunciar los peligros de la subcontratación en una lucha desigual, ya que el Estatuto de los Trabajadores permite estas prácticas. Un proceso similar viven los trabajadores de las residencias geriátricas, con sueldos por debajo de los 1.000 euros mensuales con jornadas diarias de más de 12 horas.

Reafirmando esta tendencia, la socia y trabajadora de la cooperativa de mensajería Mensakas, Núria Soto, alude a que "las economías de plataforma dan cabida a una concepción neoliberal del trabajo, en la que se excluye la colectivización o la sindicalización". Soto lamenta que los sindicatos tradicionales "no han dedicado suficientes recursos a esta problemática, que no está en su agenda de prioridades".

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