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Elecciones 10-N El PSOE, tras una campaña en la que ha ido a la baja, se aferra al voto de los indecisos

La mayoría de los electores (cerca del 30%) que aún dudan qué votar tienen al PSOE como una opción. Los socialistas creen que si prima el "sentido común" llegarán a los 130 escaños. Cunde la preocupación por el día después ante un escenario que haga casi imposible formar Gobierno, ni con un pacto con Unidas Podemos ni con la abstención de PP y Ciudadanos.

El presidente del Gobierno en funciones y candidato a la reelección por el PSOE, Pedro Sánchez, junto al líder del PSC, Miquel Iceta (i), durante el mitin final de campaña. /EFE

La gran bolsa de indecisos. Ahí está las esperanzas del PSOE para conseguir esa mayoría más amplia por la que lleva clamando toda la campaña porque, a 24 horas de la apertura de los colegios electorales, todos los datos que daban las últimas encuestas publicadas -a excepción del CIS- y las que se siguen conociendo sin publicarse, le dan una caída tanto en porcentaje de votos como en escaños.

En La Moncloa y en Ferraz, no obstante, aún reina el optimismo entre los más entusiastas, que creen que eso que llaman el sentido común que han demostrado los españoles en todas las elecciones generales se terminará imponiendo y que mejorarán resultados con respecto a las elecciones de abril. “Pasar de 130 diputados aún es posible”, dicen.

El PSOE se aferra a que el “sentido común” hará optar a muchos españoles por buscar con su voto la estabilidad política y, además, se cree que la moderación en la que se ha movido Pedro Sánchez puede aglutinar esa mayoría centrista que huye de las posiciones extremas.

El dato más científico que manejan los socialista para mostrarse optimistas es que la inmensa mayoría de los indecisos, que aún se calcula en torno al 30%, tiene al PSOE como una opción para votar. Es decir, unos dudan entre quedarse en casa y el PSOE; otros, entre volver a votar a Ciudadanos o al PSOE y, aunque en menor porcentaje, entre votar a Unidas Podemos o al PSOE. Y, hasta el domingo, nadie sabrá su decisión y si hay una corriente mayoritaria que se inclina por los socialistas o por las otras opciones.

Pedro Sánchez, durante la campaña, ha buscado precisamente decantar esos indecisos hacia el PSOE, con un discurso permanente llamando a la movilización, cojungándolo con un mensaje más duro contra el independentismo para atraerse a los votantes de Albert Rivera, ya que muchos de ellos fueron anteriores votantes socialistas que cambiaron su papeleta por entender que el PSOE se doblegaba demasiado al independentismo. Con respecto a Unidas Podemos, en cada mitin Sánchez ha repetido un mensaje que aplaudía siempre la militancia: “No se puede confiar en quien ha votado en cuatro ocasiones en contra de un Gobierno Socialista”, dando a entender que lo podrían volver a hacer.

En la recta final, Sánchez ha vuelto a resucitar el mensaje del miedo a la tres derechas

La campaña, en todo caso, no le ha sumado al PSOE, más bien, lo contrario, según coinciden todos los sondeos. Sánchez empezó dejando claro que no iba a pactar con el PP, para taponar el mensaje que Pablo Iglesias lanzaba en cada uno de sus actos. El debate, para Sánchez, pasó sin pena de gloria y no parece que le diera más votos. También tuvo una grave equivocación al cuestionar la independencia de la Fiscalía General del Estado. Y, en la recta final de la campaña, ha vuelto a utilizar el miedo al pacto de “las tres derechas” y a erigirse como el muro de contención frente a Vox. El mensaje gusta entre los suyos, pero no son pocos los que recuerdan que por el mismo camino fue Susana Díaz en las elecciones andaluzas, arremetiendo contra la ultraderecha en cada mitin, y luego no consiguió los votos suficientes para gobernar.

Sin posibilidad para formar Gobierno

Pero, más allá de todo esto, en el PSOE lo que empieza a preocupar es el día después, porque a tenor de las últimas encuestas se hace casi imposible formar Gobierno y, mucho más, que pueda haber estabilidad. Si PSOE y Unidas Podemos bajan, Sánchez volvería a depender de los independentistas (y hasta podrían no sumar con ERC). Pero, además, puede darse hasta la posibilidad de que con un mal resultado del PSOE no le bastase ni con la abstención del PP o de Ciudadanos. En todo caso, aunque saliese investido de una y otra fórmula el Gobierno estaría lejos de ser “fuerte” y “estable” como quiere Sánchez.

En todo caso, en Ferraz se mantiene la moral alta, se confía en que “Sánchez tiene baraka” y que van a mejorar las previsiones demoscópicas. Pero el miedo a que la repetición de elecciones se convierta en un gran fracaso también está latente.

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