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Elecciones Andalucía 2018 Antonio Maíllo o el disfrute de una campaña electoral

“Lo que queremos es que la gente note en pocos meses que mejoran las cosas”, afirma el número dos de Adelante Andalucía en un encuentro con Público

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Antonio Maíllo y Teresa Rodríguez durante un acto electoral de Adelante Andalucía en esta campaña. Una fotografía de José Camó

La política cambia de piel en una campaña electoral. Se abandona el tedioso, por momentos, trabajo parlamentario y los actores y actrices principales comienzan a rodar una inquieta y esperanzadora road movie, repleta de escenas en incómodos autobuses, en furgonetas, en vestíbulos de hoteles. Una película en la que se comen más bocadillos de la cuenta, se ponen y se quitan chaquetas a toda prisa, se habla mucho, mucho, se comparten estrechas vivencias, confidencias, equivocaciones y risas y en la que emergen en este y en aquel rincón la emoción y la belleza, breves como un verso perfecto, inesperadas entre tanto trajín. Quienes lo protagonizan se entregan al viaje, que requiere de grandes dosis de energía y buen humor para que el rodaje no acabe por agriarse. Uno, una, pasa de pronto a vivir al día, en el más absoluto presente, sin más futuro ni horizonte que el día de las elecciones, el próximo 2 de diciembre.

Basta echar un rato con Antonio Maíllo, coordinador de IU, número de dos de Adelante Andalucía, para ver que estos días de campaña son días de disfrute para él. Le gusta la acción, el movimiento. Mientras comparte un café con Público, se le ve ágil, juguetón, de buen humor, didáctico, como buen profesor, en la explicación. Maíllo está en vías de superar de manera definitiva un cáncer de estómago que lo llevó al límite de sus fuerzas y a punto estuvo de acabar con él. “Hasta que no pasan cinco años no se puede dar por superado” del todo, afirma, prudente, escéptico, racional. Le quedan para ello dos años y medio.

Contra pronóstico, en marzo de 2016, regresó a la vida pública y dedicó sus energías a rematar una tarea iniciada por Alberto Garzón y Pablo Iglesias en Madrid: recoger en las mismas siglas a todas las fuerzas a la izquierda del PSOE, que en Andalucía son numerosas, y tratar de conformar una sólida alternativa de éxito a 36 años de gobiernos socialistas. Este es uno de los envites políticos más fuertes de los últimos tiempos. Y a Maíllo le sale una sonrisa traviesa, juguetona, cuando piensa en Adelante Andalucía. Se le nota un cierto orgullo de padre: ”Este proyecto está hecho para gobernar”, dice, absolutamente convencido de la solidez de la aventura.

Las lecciones del acuerdo entre Garzón e Iglesias han estado muy presentes en todos los debates de la confluencia

Un aprendizaje. Todo viaje es un aprendizaje, pero solo ellos, Maíllo y Teresa Rodríguez, secretaria general de Podemos, saben lo que les costó poner en marcha Adelante Andalucía, los pelos que se dejaron en la gatera, antes de culminar la obra en la que trabajaron, con todo mimo, mano a mano y en la que, por el camino, hallaron diversos tipos de resistencias, desde incomprensiones internas hasta incomprensiones extranjeras, de fuera de Andalucía. En ambos cuarteles generales, en el de Podemos y en el de IU, hicieron la reflexión, que al final ha calado hacia abajo, de que todos tenían que aprender cosas, unos de otros, y dejar los orgullos a un lado para afrontar con alguna garantía de éxito un proceso arriesgado. Las lecciones de aquel acuerdo entre Garzón e Iglesias han estado muy presentes también en todos los debates.

Rodríguez llegó a la política parlamentaria empujada por los frescos vientos de cambio del 15M, de la libertad de las plazas, y Maíllo, por el contrario, tiene una experiencia más de orden, por así decir, es heredero de las esencias de la IU original, y un superviviente de una generación atrapada, dentro de la organización, entre quienes vivieron la transición y quienes llegaron con el 15M. Maíllo peina canas, cuenta ya 52 primaveras, tenía 12 años cuando se aprobó la Constitución, en 1978. “No quedan muchos de mi edad en IU”, dice, lo que habla por sí mismo de su capacidad de resistencia. La confluencia aúna así, en opinión de Maíllo, las virtudes de la organización y el atrevimiento de la calle.

Maíllo, profesor de latín y griego en secundaria, voraz lector de Tácito, Ovidio, Esquilo y Heráclito, sus favoritos, de los que extrae enseñanzas, es una de las mejores voces del Parlamento de Andalucía, algo que le reconocen incluso sus propios rivales políticos, y fue el verano pasado cuando terminó, junto a Rodríguez, de cerrar la apuesta por la confluencia. Así, por primera vez desde 1986, los andaluces, el próximo 2 de diciembre, no van a encontrarse en los colegios electorales con la papeleta de IU, sino con la de Adelante Andalucía, la coalición a la que IU y Podemos han logrado agregar además a otras fuerzas andalucistas.

Una decisión política (y personal)

Una vez que logró cerrar la confluencia (de la que se cayó a última hora por razones de puestos en las listas, el partido ecologista Equo, que concurrirá en solitario a los comicios) a Maíllo le tocaba tomar una decisión política, con consecuencias importantes, pero que también cuenta siempre con un fuerte componente personal. Tenía por delante la opción de dar la pelea por el liderazgo de la coalición o de dejar paso a Teresa Rodríguez y optar por el proyecto antes que por sí mismo. “¿Cuántos proyectos políticos interesantes se han frustrado por ambiciones personales?”, reflexiona Maíllo.

La decisión de dejar el liderazgo a Teresa Rodríguez forma parte ya del patrimonio político de Maíllo y del de IU: "Es tiempo de mujeres"

En referencia a esa experiencia histórica, hay quien atribuye al comprometido cineasta británico Ken Loach -aunque una búsqueda en internet, la enciclopedia de estos tiempos, lo desmiente- la frase, tal vez sacada de alguna de sus películas, “junta a dos izquierdistas en una mesa y tendrás dos partidos y dos programas”. Maíllo obvió esa profecía y eligió un partido, un programa y a Teresa Rodríguez, a quien cedió el liderazgo de la confluencia. Con esta generosa decisión, poco común en política y en la vida en general, que ya forma parte de su patrimonio político y, por ende, del de su formación, Maíllo colocó a sus alcaldes, que son decenas en Andalucía, en la dirección correcta. En lugar de perder tiempo y esfuerzo peleándose con los nuevos compañeros y compañeras de Podemos, los regidores, importantísimos en unas elecciones por el conocimiento profundo que tienen de sus territorios, las gastarán en el proyecto común, y en dar la batalla al PSOE y a las derechas. Maíllo afirma a Público que los ve trabajando, bien orientados, con ganas e ilusión porque el proyecto Adelante Andalucía les dé alegría.

Él resume la idea que le llevó a tomar la decisión en una sola frase: “Es tiempo de mujeres”. En contrapartida, Rodríguez le ha dejado compartir el espacio en la cumbre. Ambos están haciendo una campaña conjunta, horizontal, en la que comparten, además de autobús, atril en los mítines, en las ruedas de prensa y cartelería electoral. “Queremos una Andalucía diferente, feminista. Teresa Rodríguez lo es”, abunda Maíllo. Y, a continuación, le mete la cuña a Susana Díaz, su gran némesis política: “Al contrario que la presidenta, que no lo es”.

El trabajo codo con codo para sacar adelante la confluencia, ha llevado a Maíllo y a Rodríguez a vivir en estos momentos un dulce idilio político, en el que como, en todas las intensas experiencias amorosas, como ya demostró Julio Cortázar, las parejas van construyendo un lenguaje nuevo, propio, compartido: el glíglico lo bautizó el escritor argentino. Maíllo y Rodríguez no han llegado a las profundidades y ejemplos que ofrece el escritor argentino en Rayuela, pero sí comparten palabras, que utilizan a menudo. Una de ellas es contraejemplo. Que es exactamente lo que es para Maíllo la experiencia de gobierno con el PSOE.

La experiencia de Gobierno

Maíllo no guarda un buen recuerdo del Gobierno de coalición PSOE-IU. Le resultó muy amarga, casi traumática la salida, y acabó por concluir que el PSOE en Andalucía ha dejado de ser "un agente de cambio". Así, para Maíllo, la experiencia de Gobierno de coalición con el PSOE, entre 2012 y 2015, es un contraejemplo del que extraer importantes lecciones. Cuenta el propio Maíllo que él, cuando el entonces coordinador Diego Valderas, planteó el debate en IU de si entrar a gobernar con el PSOE, él era un entusiasta del sí. Estaba convencido de que a IU le tocaba, después de 30 años en la oposición, asumir las contradicciones del poder y catar las posibilidades reales de cambiar las cosas. Conocer a fondo lo que es gobernar. Sin embargo, aquellos años le llevaron a la reflexión, asegura, de que el PSOE "es un partido conservador porque quiere conservar el poder”.

Maíllo siente lo que define como una "desconfianza profunda" hacia los modos de Susana Díaz

Poco antes de la irrupción de Podemos y de Teresa Rodríguez en la escena política, en las europeas de 2014, Maíllo accedió a la jefatura de IU en Andalucía, partido al que se había afiliado con 18 años. En aquel momento, junio de 2013, le tocó formar parte de una bicefalia con Diego Valderas, que era vicepresidente de la Junta, y con quien hoy no mantiene relaciones. Después de la irrupción de Podemos, vino la crisis de la Corrala Utopía, la asamblea de IU que desembocó en la ruptura del Gobierno de coalición, el paso a la oposición con 5 diputados irrelevantes... Y los primeros pasos de la confluencia.

Es decir, que Maíllo ya tiene un bagaje político. Él reivindica, en términos marxistas, su escuela de pensamiento, el viejo refrán más sabe el diablo por viejo que por diablo, al que aplica el materialismo dialéctico. “Uno aprende a través de la dialéctica. De los hechos, de las cosas que nos pasan. La dialéctica es una herramienta de análisis excepcional. Sobre la experiencia, se sacan las conclusiones”. Y cita a Iglesias como un referente de esta misma opinión. “En política, Iglesias dice que lo importante son los hechos”.

Siente, después de todo lo sucedido, lo que define como una “desconfianza profunda” hacia los modos y maneras de Susana Díaz. Hay ahí una complicada relación. Para Maíllo, al igual que para Rodríguez e Iglesias, el PSOE de Andalucía es diferente del que dirige el presidente Sánchez. “Susana Díaz se equivocó en su análisis. Creyó que Podemos iba a ser efímero, una fiebre del sistema, mientras que Sánchez entendió que no, que habían llegado para estar”, dice Maíllo. De pactos no quiere hablar -más allá de asegurar que nunca gobernarán con el PSOE de Díaz- porque salen a por todas. El CIS, la mayor encuesta de todas las publicadas, que los sitúa en segunda posición, justo por delante de PP y Ciudadanos, ha supuesto una inyección de moral de cara a la campaña.

"La gestión de los últimos años ha quebrado el pacto social del PSOE con mucha gente que antes les apoyaba"

Vamos a ser decisivos”, afirma. Y como elementos de análisis para el optimismo en la capacidad de recolectar sufragios por la izquierda de Adelante Andalucía introduce los siguientes: “La gestión de los últimos años ha quebrado el pacto social del PSOE con mucha gente que hasta ahora le apoyaba. Se ha producido una ruptura con los profesionales de la sanidad, de la educación, los trabajadores públicos, el último ejemplo lo tenemos en Amaya”.

Los principales problemas de Andalucía son, según el CIS, el paro, la corrupción, la sanidad, la economía y la educación. Sobre todos ellos, inciden las propuestas fundamentales del programa electoral de Adelante Andalucía. El blindaje, con un porcentaje del PIB, de la sanidad y la educación públicas son dos de las grandes apuestas de la confluencia, además de la regeneración democrática y del cambio de modelo productivo hacia una economía más verde y sostenible.

“Lo que queremos es que la gente note en pocos meses que mejoran las cosas”, resume Maíllo en una sola frase el programa.

Terminado el café, a la puerta de la sede de IU, del Partido Comunista, en la calle Donantes de Sangre, en Sevilla, ya lo espera Pedro Ortega, el secretario de comunicación del partido. El autobús, con el rostro de Maíllo junto al de Rodríguez, en pie de igualdad, aguarda para el viaje.

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