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Rivera, noqueado por el desprecio de Iglesias, se centra en Rajoy: "Usted ha cobrado sobres en negro"

El líder de Ciudadanos no logró destacar pese a sus intentos de arremeter contra la 'pinza' PP-Podemos. Eludió hablar de violencia de género y no respondió a los ataques de Iglesias, que volvió a arrimarle a la derecha al insinuar que sólo es una "copia" de los conservadores

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El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, a su llegada al Palacio de Congresos de Madrid, donde se ha celebrado el único debate a cuatro de la campaña del 26-J. REUTERS/Juan Medina

MADRID.- Corrigió errores del pasado, pero no fue suficiente. Albert Rivera volvió a quedar noqueado en un debate a cuatro en el que se hizo evidente su pacto de no agresión con Pedro Sánchez y él terminó enterrado bajo el desprecio de Pablo Iglesias. Una situación de la que intentó salir respondiendo con Venezuela o Grecia pero, sobre todo, yendo a por el centro de su diana: Mariano Rajoy. "Usted ha cobrado sobres en negro", llegó a espetarle.

El líder de Ciudadanos se quitó la corbata -elemento poco habitual en él pero que sí utilizó en sus debates fallidos de la anterior campaña-, supo apoyarse en el atril y manejar sus nervios para dejar de bailar y gesticular con sus manos. Frente al buenismo de los anteriores encuentros, usó su nueva estrategia de arremeter contra la 'pinza' PP-Podemos con una buena dosis de portadas pero, aun así, no consiguió evitar la polarización del evento -que duró más de dos horas y fue, como se preveía, bastante aburrido por lo encorsetado del formato-, aunque su equipo y él mismo se hayan mostrado victorioso al término del mismo.

Y es que Iglesias lanzó un golpe que Rivera no esperaba. Estaba preparado para un encuentro en el barro como el que ya protagonizaron en el último cara a cara de Salvados, pero no para que su oponente dentro de la "nueva política" le ignorara por completo. "Entre la copia y el original, me quedo con el original y nuestro adversario es el PP", le espetó Iglesias como respuesta a su ataque por la propuesta de subir los impuestos. También soltó el líder de Podemos que había "dos representantes del voto conservador" y Rivera se quedó entonces fuera del debate: entre el acercamiento a la derecha insinuado por Iglesias y el matrimonio con el PSOE del que le acusaba Rajoy una y otra vez.

Frente a ello, Rivera intentó salir airoso contraatacando con un poco de Grecia ("No se vista de socialdemocráta para aplicar políticas que nos lleven a un cambio a peor, a un corralito"), una pizca de Venezuela ("La Fundación CEPS de la que usted es fundador recibió 7 millones del gobierno chavista") y un barniz de crítica al populismo ("No se puede subir los impuestos y esconderlo en un catálogo de Ikea"). Iglesias sólo reaccionó al tema de Venezuela: "Hay hasta cinco sentencias del Supremo que lo desmienten", le recordó. El presidente de los naranjas le interpeló, simplemente, con un "No te pongas nervioso, Pablo", que Pablo volvió a ignorar. 

"La regeneración no es Inquisición, es transparencia", respondió Rivera al ataque de Rajoy

El candidato de Ciudadanos -que comenzó cometiendo ya el error de no ir a saludar, como sí hicieron Iglesias y Sánchez, a los manifestantes de TVE que pedían más imparcialidad en la cadena pública- sí estuvo mejor al apuntar el tiro hacia el PP, de donde procede el 45% de los votos que obtuvo el pasado 20 de diciembre.

Comenzó recordándole todas las promesas incumplidas (la bajada de impuestos que luego subió,  los no recortes que luego sí hizo, la creación de tres millones de empleos que nunca llegaron...), el agujero de déficit que él también deja en las cuentas españolas -pese a que él siempre se queja de la herencia recibida de Zapatero- y la mala situación del empleo en España, con contratos precarios, temporalidad y paro.

Rivera, en uno de los momentos en los que, por primera vez se sirvió de portadas para atacar a sus oponentes.

Pero fue con la corrupción donde Rivera consiguió morder al presidente en funciones. Tras mostrar, de nuevo, las portadas con los papeles de Bárcenas y el sonado SMS que Rajoy envió a su extesorero ("Luis, sé fuerte"), le espetó: "Usted ha cobrado sobres en negro". Y, tras recordarle la amnistía fiscal de la que se beneficiaron "los Pujol, Rato, Cañete...", la imputación del Partido Popular y acusarle de no querer eliminar los aforamientos para poder seguir protegiendo a personajes como Rita Barberá, le invitó a marcharse de la vida pública: "Yo no le voy a llamar indecente, pero le pido que reflexione: ¿Usted cree que la gente va a confiar en un Gobierno bajo sospecha?", se preguntó, enseñando además otra portada en la que se asegura que también los votantes del PP quieren un cambio de líder. 

Ahí, lo que no consiguió con Iglesias, sí lo consiguió con Rajoy. El líder de los conservadores defendió que el Tribunal Supremo es tan independiente como el resto de los juzgados, aseguró que nunca había dado ningún indulto por corrupción y que a él no le había llamado ningún juez para imputarle. Además, intentó devolverle el golpe y le acusó de tener una "mentalidad inquisitorial". "La regeneración no es Inquisición, es transparencia", ganó Rivera el punto de partido, ayudado también por el acoso de Iglesias y Sánchez a Rajoy en este tramo del debate.

Sin respuesta para la violencia de género

Sin embargo volvió a perderse al evitar polémicas como las relacionadas con la violencia de género. Hasta en tres ocasiones una de la moderadoras del debate, Ana Blanco, preguntó por las propuestas de los candidatos al respecto. Iglesias respondió. Sánchez, respondió. Rajoy y Rivera no. Y así eludió cometer otro error en campaña como el que cometió al proponer eliminar el agravante en las penas de violencia de género por equipararlas con los delitos de violencia doméstica. Una cuestión que ha maquillado en su programa pero que no ha solventado del todo. Hoy se libró de tener que explicarlo, acogiéndose a la falta de tiempo. 

En general, el líder de Ciudadanos no sorprendió. Se limitó a presentar sus propuestas de cambio "estable" -que ya no utiliza el término "único"-, pacto por la Educación, inversión en I+D y fondo social común para financiar sanidad, dependencia y educación como "el cambio a mejor" frente al "conformismo e inmovilismo" de Rajoy y el "populismo y cambio a peor" de Iglesias.

Y hasta estuvo excesivamente empostado durante su minuto de oro. Imitando a Martin Luther King -una táctica que ya había usado en anteriores ocasiones- le echó azúcar a su discurso y concluyó: "Yo no quiero un país donde sobran corruptos y faltan médicos o profesores. Yo tengo un sueño para este país: un sueño como tuvieron nuestros padres y lo cumplieron. Ahora es nuestro tiempo", mitineó para hablar de una España que "se puede volver a levantar". Y remató apelando al voto abstencionista: "El próximo 26 de junio empieza el futuro y el futuro está en sus manos", concluyó.

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