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La ultraderecha lleva el ruido y la polémica al Congreso en su primera legislatura

La diputada de Vox Macarena Olona se convierte en la tercera expulsada de una sesión de la Cámara en la historia del Parlamento. En sus primeros meses en el Congreso, los de Abascal han protagonizado más de una polémica.

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Santiago Abascal, líder de Vox, en el Congreso / EFE

Vox se despidió este martes del Congreso de la misma manera en la que inició la legislatura, protagonizando una bronca. La secretaria general del grupo parlamentario de la ultraderecha en la Cámara, Macarena Olona, fue expulsada de la Diputación Permanente tras haber sido llamada al orden hasta en tres ocasiones por la presidenta del órgano, Meritxell Batet.

Los diputados de Vox habían ocupado los escaños de Ciudadanos antes del comienzo de la sesión, provocando las quejas de los de Rivera. Tras llamarles la atención Batet, Olona y sus compañeros se negaron a cambiar sus asientos, por lo que los parlamentarios de Cs desistieron en sus quejas y se resignaron a ocupar otro lugar en la sala.

Sin embargo, esta no era la única polémica que los diputados de Vox iban a protagonizar en la última sesión legislativa del Congreso de la legislatura, sino que, una vez dado el debate por comenzado, Olona tomó la palabra sin el permiso de la Presidencia para hablar sobre los disturbios en Catalunya, a pesar de que este punto no había sido calificado por la Mesa de la Diputación Permanente y, por lo tanto, no estaba incluido en el orden del día.

La bronca entre la diputada de Vox y Batet terminó con tres llamadas al orden por parte de la presidenta, una situación para la que el Reglamento del Congreso prevé la expulsión del parlamentario en cuestión. Al negarse a abandonar la sala, los servicios de la Cámara tuvieron que intervenir para que Olona abandonara, acompañada del resto de parlamentarios de su grupo, la sesión.

La expulsión de un diputado en base a las tres llamadas al orden recogidas en el Reglamento solo tiene dos precedentes en la historia de la Cámara Baja. La más reciente es la del portavoz de ERC en el Parlamento, Gabriel Rufián, que fue expulsado tras mantener una dura bronca con el ministro de Exteriores, Josep Borrell en noviembre del pasado año.

Antes de Rufián, el único precedente que se recuerda en la Cámara es el del diputado del PP Vicente Martínez-Pujalte. En mayo de 2006, Martínez-Pujalte y el entonces ministro de Defensa, José Antonio Alonso, protagonizaron una discusión durante la celebración de un Pleno en el Congreso.

El diputado conservador increpó al ministro por el asunto de dos militantes del PP que habían sido detenidos por la Policía y acabó siendo expulsado por el entonces presidente de la Cámara Baja, Manuel Marín. Aunque en un primer momento el parlamentario conservador se negó a abandonar el hemiciclo, finalmente se marchó, aplaudido por su bancada y dedicando una reverencia burlona al presidente del Congreso.

La salida de tono de Olona no es el único acto polémico protagonizado por los diputados de Vox en las Cortes. El primer día de actividad en Parlamento, el 21 de mayo, en el que se constituyeron las Cortes y los diputados formalizaron su escaño, los de Abascal fueron noticia por tratar de boicotear el acatamiento de la Constitución que estaban realizando los diputados catalanes presos (Oriol Junqueras, Jordi Sànchez, Jordi Turull y Josep Rull), que habían sido elegidos en las elecciones de abril.

Golpes y gritos durante la constitución de las Cortes

Los diputados de Vox optaron por golpear sus escaños cada vez que un diputado de ERC o de JxCat tomaban la palabra para acatar la Carta Magna y formalizar así su condición de diputados. Golpes, abucheos y gritos dificultaron la audición de los acatamientos de los parlamentarios catalanes, que prometieron sus cargos por "los presos políticos".

Aunque la recién elegida presidenta de la Cámara, Meritxell Batet, le recordó al grupo de Abascal que “todas las fórmulas de acatamiento” de los parlamentarios habían sido respetuosas con la legalidad, los diputados no desistieron y continuaron golpeando sus escaños y profiriendo abucheos cada vez que intervenía alguno de los diputados de los grupos catalanes.

Pero las polémicas de Vox en las instituciones van más allá del Congreso. Una de las más sonadas fue la que protagonizó el secretario general de la formación, Javier Ortega Smith, portavoz del partido en el Ayuntamiento de Madrid. Ortega Smith trató de boicotear un acto contra la violencia machista al llevar una pancarta paralela a la del Consistorio al minuto de silencio por Adaliz Villagra, entonces última víctima de la violencia machista.

Vox se descolgó de la pancarta del Ayuntamiento de Madrid en honor a una víctima de violencia machista y acusó al PP de Martínez-Almeida de comprar la "campaña publicitaria de la izquierda"

En la pancarta del secretario general de Vox se rotulaba que “La violencia no tiene género”. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, se acercó a Ortega Smith para recriminarle su actitud, a pesar de ser socios en el Consistorio madrileño, pero el dirigente le acusó de comprar la “campaña publicitaria de la izquierda” y le recordó que su partido estaba “en contra de la violencia intrafamiliar”.

Finalmente Almeida reconoció que él también estaba “en contra de la ideología de género y del feminismo del 8-M”, pero le instó a sumarse al consenso del Ayuntamiento sobre el acto en cuestión: “Esta es una realidad dramática, la primera causa de muerte violenta en la ciudad y la Comunidad de Madrid, y exige un acuerdo y un consenso; y a mí me habría gustado que me hubieras comunicado al menos que veníais con otra pancarta”, zanjó Almeida.

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