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Colectivo LGTB El anonimato online del colectivo LGTB como defensa en las zonas rurales

El colectivo LGTB parece no descansar en una lucha que se prolonga en el tiempo. La marginación histórica ha provocado que las personas que pertenecen a él busquen alternativas para socializar en un entorno más seguro, como Internet. La ocultación de la identidad sigue siendo un método generalizado para prevenir las consecuencias de la LGTBfobia.

Perfiles en Grindr.
Perfiles en Grindr. PÚBLICO

Acudir a un bar de copas o una discoteca para conocer gente no debería suponer un problema a quienes, desde el respeto y la intención de socializar, intenten ampliar su círculo de contactos, ya sea para amistad o lo que surja. No obstante, las personas del colectivo LGTB aún pueden verse marginadas en espacios públicos por la evidente LGTBfobia que todavía existe y están obligadas a sustituir dichos espacios por otros más tolerantes y apps móviles.

De esta forma, relucen una marginación y una segregación al respecto, teniendo en cuenta que el contexto puede agravarse en función del punto geográfico en el que se pretendan establecer dichas relaciones. Un ejemplo de esta marginación, para evitar posibles consecuencias derivadas de la intolerancia, es la ocultación de la identidad en Internet. Esta práctica tiene mayor incidencia en las zonas rurales, donde el hecho de ser descubierto puede generar incomodidad a los usuarios, ya que el anonimato de las ciudades escasea en los municipios con menos población.

Aplicaciones como Tinder o Grindr (app utilizada por parte del colectivo LGTB) se han popularizado en los últimos años para establecer relaciones sociales, tanto afectivas como sexuales, siguiendo una dinámica diferente a la tradicional. "La estructura es igual en todas las plataformas. Tienes que construir un perfil, cada vez esos perfiles tienen más espacio para las fotos, para la presentación y preferencias; además de que puedes mostrarte atractivo a los demás", afirma Amparo Lasén, doctora en Sociología por la Universidad de La Sorbona y profesora e investigadora en la Universidad Complutense de Madrid.

La popularización de estos nuevos métodos, sobre todo entre los grupos sociales más jóvenes, y cuya acentuación no ha hecho más que crecer tras el inicio de la pandemia, ha provocado la implementación de una nueva realidad que lleva años cocinándose lentamente: una sociedad online. Sin embargo, no todos los usuarios construyen ese perfil descrito por Lasén y el uso de ciertas aplicaciones de citas cristaliza las demandas de los usuarios que aparecen en ellas.

Lasén indica que en el caso de las personas heterosexuales únicamente puede dar a entender la búsqueda de una relación (de cualquier tipo), sin embargo, cuando se trata del colectivo LGTB "teniendo en cuenta que la expectativa es que todos somos heterosexuales, que las personas de su entorno sepan que están ahí puede ser una manera de comunicar –además de que buscan pareja– que también son parte del colectivo".

"Ese anonimato que tenéis en una ciudad grande (...) aquí no lo tenemos"

Una de las opciones de estas apps es la desactivación de la geolocalización. Supone una forma, según entiende la investigadora, de que la gente del entorno no conozca la posición del usuario porque puede generar "cierto malestar" el hecho de ser descubierto en un lugar no deseado. "Recuerdo haber hablado con un usuario en Bilbao y decirme: Claro, es que ese anonimato que tenéis en una ciudad grande, donde puedes quedar con alguien en un sitio y nadie te conoce, pues aquí no lo tenemos. Yo puedo quedar con alguien que no conozco, nos vamos a un bar del centro y va a aparecer gente conocida", declara Lasén a Público.

A simple vista, los grandes núcleos urbanos podrían considerarse entornos más seguros para las personas LGTB a la hora de socializar con personas del mismo colectivo, aunque la doctora en Sociología remarca la cautela en el análisis. En el caso de las aplicaciones de citas, se refleja un contraste entre las grandes ciudades y los pequeños municipios o zonas rurales.

El hecho de abrir Grindr en un municipio de población reducida en el interior peninsular conlleva encontrar alrededor de un 70% de perfiles vacíos. Sin nombre de pila, sin foto de cara y sin una descripción desarrollada. Una ocultación de identidad cuyo porcentaje da totalmente la vuelta en grandes urbes como Madrid, donde es justamente alrededor de un 30% los perfiles que se ocultan. Además, la percepción de inseguridad en las zonas rurales es palpable al establecer una conversación a través de dicha aplicación debido a que los usuarios siempre exigen una imagen antes de enviar una propia.

En muchos casos, los usuarios evitan decir el municipio exacto en el que habitan. Esta mecánica refleja en cierta medida algunos aspectos como el miedo a ser reconocido como persona LGTB en un entorno concreto, la inseguridad de hablar con un desconocido y las consecuencias que ello pueda conllevar; entre ellas, el descubrimiento no deseado del usuario, la propia salida del armario desde una posición oculta hacia la vida pública. Esto deriva en un anonimato como defensa del posible rechazo que pueden sufrir.

Los usuarios señalan el entorno rural

"Alguna vez he preferido no poner fotos ni nombre por conservar el anonimato, sobre todo si el perfil en la app de citas lo creaba estando en mi pueblo", responde una usuaria anónima. "Otras veces, si el perfil lo tenía abierto en una aplicación como Tinder –en la que puedes decidir si buscas chicos, chicas o ambas– seleccionaba la opción de solo chicos o incluso llegaba a ocultar el perfil", sentencia.

El hecho de considerar la heterosexualidad como la norma a seguir toma cuerpo en algunas historias reales donde los usuarios se ven obligados a aparentar esa misma orientación, independientemente de la suya. Esta usuaria indica que, al vivir en un entorno rural pequeño, todo el mundo se conoce y eso implica que cualquier cosa "que se salga de la norma, de lo socialmente establecido" estará "en boca de todos".

En otro municipio del interior peninsular, otra persona del colectivo que ha recurrido a las aplicaciones para conocer gente confiesa a Público haber utilizado algún nick para que no se mostrara su identidad. "Si podía, no utilizaba ni mi nombre por si alguien conocido estaba en la app y podía reconocerme y delatarme a mi familia", declara.

"Si podía, no utilizaba ni mi nombre por si alguien conocido me delataba a mi familia"

Respecto a ello, esta internauta dice haber conocido la diferencia entre su etapa en el instituto, cuando nadie hablaba de pertenecer al colectivo, y la etapa universitaria –ya en una ciudad–, cuando pudo ver que mucha gente conocida empezó a abrirse, a identificarse las siglas LGTB y pudo observar que no estaba sola y que sus circunstancias eran "más propicias para sentirse segura y cómoda" al comentarlo abiertamente.

Estas historias comprenden la realidad de personas totalmente distintas y dejan en evidencia el miedo social que todavía existe a que ser relacionado con un colectivo determinado. "Hoy en día, las aplicaciones para conocer gente están más normalizadas, pero encuentro frecuentemente perfiles que no aportan información personal, sobre todo en los pueblos y en gente joven", afirma otro usuario de estas apps. "Conozco algún caso de chicos que se hayan registrado en una de estas redes y haya derivado en insultos por el instituto e incluso por la calle", sentencia.

Al parecer, el entorno rural es clave en el ocultamiento de la identidad de las personas LGTB porque, según dice este usuario anónimo, una persona que expresa su identidad de género u orientación sexual en un pueblo tiene más dificultades de encontrar un referente o gente en la que apoyarse, y ello deriva en una situación de "incomprensión", lo que podría hacerle sentir más abandonado y sin ningún apoyo.

Además, remarca que los jóvenes son los que en mayor medida acuden a las ciudades y eso puede provocar la percepción de que existen dos mentalidades opuestas, debido a los valores tradicionales que, en muchas ocasiones, mantiene la gente mayor en la España rural. Aun así, el usuario reafirma que "siempre tienes miedo a la LGTBfobia, tanto en una ciudad como en un pueblo".

"Siempre tienes miedo a la LGTBfobia, tanto en una ciudad como en un pueblo"

De igual modo, los tres usuarios coinciden en que su comportamiento en redes tras salir de las zonas rurales ha cambiado por completo, ya que pueden sentir mayor libertad al no haber en su entorno personas conocidas de las que puedan desconfiar. Amparo Lasén lo explica atendiendo al control social que pervive entre los vecinos de los pequeños municipios.

Los investigadores muestran cautela en el análisis

Por su parte, Samuel Rubio, licenciado en Pedagogía e investigador del departamento de Antropología Social y Cultural de la Universidad de Granada, se muestra cauto en la comparación entre grandes urbes y zonas rurales. "Desde mi experiencia, diría que a veces la persona necesita irse para descubrirse porque el pueblo puede ser como otro armario, pero lo que yo estoy viendo en muchas investigaciones es que la gente mayor vuelve al pueblo tras haber admitido ser LGTB. Creo que no hay una mentalidad rural en sí", afirma a Público.

Tanto Lasén como Rubio mantienen una postura comedida en la comparación entre zonas rurales y urbanas, y creen que la diversidad de pensamiento afecta indistintamente a ambas zonas. Amparo Lasén, que confirma la trayectoria histórica de persecución hacia el colectivo LGTB, dice que "en los pueblos es más fuerte ese control social de los vecinos, y a veces hay una presencia de factores como esa religiosidad de ir a misa, pero yo sería prudente en decir que eso significa que haya más LGTBfobia y sexismo". La socióloga indica que, según su experiencia, los percibe en ambos entornos.

A través de diversas investigaciones, la doctora en Sociología ha comprobado que una de las dinámicas históricas de migraciones es la de "escapar del pueblo por motivos de sexualidad". No obstante, afirma que en la actualidad los estudios revelan que la conocida como "salida del armario" (sea en apps o en persona) sigue viéndose como un hecho problemático en la familia, una sensación de decepción hacia los padres, independientemente de la zona en la que vivan.

Ambos investigadores están de acuerdo en una cuestión: la falta de personas con las que sentirse identificado como miembro del colectivo. En las zonas con una población amplia, encontrar referentes puede ser más fácil para una persona que pretende deshacerse del miedo y mostrar su verdadera identidad. Sin embargo, en los pueblos –que cada vez están más vacíos–, la tarea no es tan sencilla y el ocultamiento se puede prolongar durante años. En este caso, Rubio invita a la reflexión al relacionar esta cuestión con la despoblación rural: "¿Cómo se va a crear una conciencia y una lucha LGTB si todo el mundo se va?".

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