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DANA Las gotas frías se llevan más de 150 millones de euros en reparaciones por destrozos en siete años

El fenómeno meteorológico se ha vuelto cada vez más frecuente y virulento debido a la subida de temperaturas del mar. La ordenación territorial, con construcciones en zonas de riesgo de inundación, pone en peligro infraestructuras y vidas humanas por causa de las lluvias y el oleaje.

Un rayo cae sobre la localidad de Sant Elm, en Mallorca, zona declarada en alerta naranja por las fuertes lluvias provocadas por la DANA. Cati Cladera/EFE
Un rayo cae sobre la localidad de Sant Elm, en Mallorca, zona declarada en alerta naranja por las fuertes lluvias provocadas por la DANA. Cati Cladera/EFE

alejandro tena

Otro septiembre marcado por las inundaciones del litoral mediterráneo. Esta vez han sido Balears y Catalunya las regiones más afectadas por la llegada de la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), conocida tradicionalmente como gota fría. En algunas zonas de Mallorca ya se han recogido 120 litros de agua por metro cuadrado y las precipitaciones no cesarán del todo hasta finales de semana, según informan desde la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Rubén del Campo, portavoz de la Agencia vinculada al Ministerio de Transición Ecológica, señala que la formación de una DANA es algo habitual en el entorno geográfico del mediterráneo español. Sin embargo, la coyuntura de crisis climática hace que este tipo de fenómenos sean cada vez más habituales y virulentos, dejando grandes daños.  La gota fría se forma cuando una ondulación en las corrientes de aire de chorro genera una bolsa de aire frío en las capas altas, lo que favorece que se genere una especie de succión de aire desde las capas bajas. "Si este aire de capas bajas está muy húmedo, tal y como ocurre en estos momentos del año, la capacidad de que la DANA genere lluvias abundantes es elevada". 

"Hay factores que ya nos hacen sospechar que el cambio climático está generando un mar mediterráneo mucho más cálido"

El calor y la temperatura del agua marina resulta imprescindible en para entender la cada vez mayor virulencia de este fenómeno. "Hay factores que ya nos hacen sospechar que el cambio climático está generando un mar mediterráneo mucho más cálido. En el último siglo lo hemos calentado 0,8 grados centígrados y, cuanto más caliente esté el mar, mayor será el impacto de una DANA", explica Irene Santa, meteoróloga de ElTiempo.es, que advierte cómo las gotas frías han dejado de ser un fenómeno exclusivo del otoño para darse durante nueve meses del año.

El hecho de que los episodios de gota fría se hayan vuelto cada vez más recurrentes y virulentos arroja unas consecuencias directas sobre las arcas públicas. Tanto es así que las gotas frías dejan ya una factura millonaria de al menos 153,6 millones de euros en los últimos siete años destinados a reparar desperfectos, tal y como se recoge de los diferentes planes de actuación del Ministerio para la Transición Ecológica

Así, en 2014, el temporal que sacudió la cornisa cantábrica tuvo un coste económico de 43,6 millones de euros. Un año después, en 2015, la cifra fue de 21,5 millones. Las inundaciones y lluvias torrenciales de 2017 requirieron de una inversión de 16,5 millones para la restauración de las playas de Catalunya, Comunitat Valenciana, Murcia y Andalucía. En 2018, por su parte, elevó el gasto del Gobierno a 40,9 millones de euros por causa de los temporales de marzo y febrero en prácticamente toda la costa mediterránea. La DANA de 2019 –la que hizo colapsar el Mar Menor– requirió de una partida de 11,4 millones. Unos meses después, en enero de 2020, la borrasca Gloria volvió a azotar la costa y obligó a la Vicepresidencia de Teresa Ribera a destinar 19,75 millones de euros a obras y restauración de playas e infraestructuras.

Se tratan de partidas específicas destinadas a la reparación de daños causados por estos temporales, pero las cifras del Consorcio de Compensación de Seguros y el Instituto Geológico y Minero de España, estiman que, en líneas generales, los daños anuales por inundaciones se sitúan en los 800 millones de euros.

Por el momento, las lluvias, que se concentran principalmente en Balears, no han ocasionado grandes desperfectos, salvo el hundimiento de 15 metros de acera en una calle de Santa Eulària, Ibiza. No en vano, desde la Aemet informan que el temporal persistirá durante los próximos días, con precipitaciones intensas en Catalunya, por lo que la posibilidad de nuevos desperfectos sigue abierta.

Ciudades inundables

Los daños, sin embargo, no sólo se relacionan con una mayor o menor severidad del temporal en cuestión, sino con la forma en la que se han asentado las poblaciones en determinadas zonas de la costa mediterránea. Se habla aquí de ciudades y pueblos con un importante número de edificaciones en zonas en balsas de inundación. Buen ejemplo de ello es el Mar Menor (Murcia), donde el Ministerio para la Transición Ecológica ha contabilizado 326 edificaciones ubicadas en el dominio público marítimo terrestre.

"Debemos empezar a trabajar en una planificación de defensa contra las inundaciones"

También València, donde una de cada seis construcciones se encuentran en zonas de riesgo por inundación, según un informe reciente elaborado por los técnicos del Observatorio de la Sostenibilidad. Su director, Fernando Prieto, alerta a Público de la importancia de actuar ese sentido y evitar así que cada año se tengan que destinar grandes cantidades de dinero a reparaciones. "No sabemos si este año habrá dos temporales más que el anterior o dos menos, pero sí que sabemos que van a seguir sucediendo, así que se debe empezar a trabajar en una planificación de defensa contra las inundaciones", opina.

El importante número de edificios situados en zonas de riesgo, incluso localidades enteras, dinamita un cambio de rumbo rápido. "Tu no puedes borrar Torrevieja del mapa", ironiza Prieto. "Pero puedes empezar trabajar en informar a los Ayuntamientos y a la gente que vive en zonas de riesgo. Después de eso habrá que ver cómo actuamos", manifiesta, para poner el foco en las soluciones basadas en la naturaleza, es decir, crear más metros de playa que frenen la entrada de mar en el entorno urbano, o planificar una reforestación que limite la escorrentía y permeabilice el suelo ante las inundaciones.

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