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Crisis de biodiversidad Agricultura intensiva y urbanismo, un homicidio a la vida en el Mar Menor

En los últimos días han aparecido toneladas de peces muertos en las costas de la laguna murciana. El Gobierno autonómico explica que se trata de una consecuencia de la gota fría del pasado mes de septiembre. Sin embargo, los expertos señalan a la contaminación del mar debido al mal uso de la tierra.

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Aparecen peces muertos en las playas del Mar Menor, en la zona de Villananitos y La Puntica, San Pedro del Pinatar, (Murcia). EFE/Marcial Guillén

En la costa del Mar Menor apenas se puede ver la arena. Está cubierta de una amalgama de escamas y crustáceos. Peces muertos. Toneladas de pescados que evidencian el colapso de un ecosistema que, según los científicos, está moribundo. La situación en la que se encuentra esta laguna de agua salada es alarmante tal y como lo evidencian las toneladas de animales marítimos que han aparecido finados en el litoral. Ante esta realidad, las autoridades del Gobierno de Murcia señalan a la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) que desoló la zona el pasado mes de septiembre.

“Lo que ha ocurrido hoy es consecuencia de la gota fría”, informaba a los medios Antonio Luego, consejero de Agua, Agricultura, Ganadería, Pesca y Medio Ambiente de Murcia. Sin embargo, los ecologistas y las voces expertas apuntan más lejos y señalan a la mala gestión del Ejecutivo autonómico durante la última década y, sobre todo, al mal uso del suelo que se ha dado en la cuenca.

"Echar la culpa a la DANA es simplificar el problema de una forma excesiva"

“Echar la culpa a la DANA es simplificar el problema de una forma excesiva”, explica a Público Juan Manuel Ruiz Hernández, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO) y del Centro Oceanográfico de Murcia. El experto recalca que el fenómeno meteorológico que azotó el levante el pasado mes de septiembre puede ser “la gota que colme el vaso” tras una gestión deficiente, pero no la causa directa.

La situación de colapso, la llegada masiva de peces muertos a las arenas de la playa o el mal olor de las aguas son el reflejo de lo que ocurre en la cuenca vertiente del Mar Menor: procesos intensivos de agricultura y un gran desarrollo urbanístico que debilitan los mecanismos de defensa del ecosistema. De esta forma, tanto por escorrentía como por filtración de acuíferos, llegan arrastrados a la laguna componentes que contaminan las aguas dando pie a un proceso de eutrofización –exceso de nutrientes en el agua que genera una proliferación de algas de fitoplancton– que ataca de manera frontal a las especies que habitan en la zona.

Las huertas industriales situadas en la costa llevan recargando las aguas de nitrógeno y fósforo, componentes que favorecen esa eutrofización y que, combinados con unas altas temperaturas y una falta de oxígeno, han llevado a decenas de especies, desde cangrejos hasta lubinas y doradas, a huir hasta las orillas para evitar la asfixia. Concretamente, tres toneladas de animales marinos, según informó el Gobierno de Murcia.

“La DANA puede haber acelerado todo el proceso, pero en ningún caso es la consecuencia”, explica a este diario Óscar Esparza, ecólogo de WWF, que desmiente las argumentaciones dadas por las autoridades autonómicas. “Todo viene de un modelo económico de finales de los años 70 y principios de los 80 que se ha perpetuado en el tiempo”, expone, para denunciar cómo los grandes lobbies agrarios se fueron expandiendo por todo el campo de Cartagena para dar paso a un modelo de producción intensivo que poco tenía que ver con la vegetación natural y la agricultura de secano que dominaba en toda la llanura.

“En las últimas décadas el sector se ha industrializado cada vez más, intensificando la producción, transformando drásticamente el paisaje, eliminando lindes con vegetación natural y aportando ingentes cantidades de fertilizantes y fitosanitarios. Los fertilizantes del regadío intensivo son los principales responsables de la crisis eutrófica del Mar Menor, mientras que los suelos desnudos y nulas prácticas de conservación del suelo multiplicaron los arrastres de tierras con lluvias intensas”, apuntan desde Ecologistas en Acción.

Este sistema intensivo ha derivado también en una red de pozos ilegales y máquinas desaladoras que extraen aguas para el riego, pero que también permiten que los componentes derivados de los fertilizantes puedan filtrarse al Mar Menor con mayor facilidad.

"Las transformaciones urbanas debilitan los mecanismos del ecosistema para adaptarse a los efectos del cambio climático"

El desarrollo urbano es los detonantes de este colapso. En momentos de lluvias y riadas –como la DANA de septiembre– las alcantarillas rebosan y los suelos, totalmente asfaltados, son incapaces de absorber el agua que termina arrastrando elementos urbanos hacia el Mar Menor. “Las transformaciones urbanas debilitan los mecanismos del ecosistema para adaptarse a los efectos del cambio climático”, manifiesta Ruiz Fernández, evidenciando que los efectos de la gota fría, ligados a ese aumento del suelo urbano, tienen un impacto negativo en la laguna cartagenera.

“Por diferentes motivos, contaminación agrícola difusa de las aguas y el aire, vertidos no depurados o la súper urbanización en una barra de arenas poco estables, el Mar Menor es uno de los enclaves de España menos sostenibles”, valora el último informe realizado por el Observatorio de la Sostenibilidad en el que se detalla la cantidad de parcelas –agrícolas o urbanas– construidas en zonas de la cuenca interior del Mar Menor propensas a ser inundadas en periodos de lluvias.

Lámina de inundación asociada al periodo de 500 años, en la cuenca del Mar Menor (azul)./ Observatorio de la Sostenibilidad

En cualquiera de los casos, no se puede decir que los fenómenos meteorológicos extremos sean los culpables del colapso, sino que se prestan como una suerte de ingrediente que se vuelve explosivo si se combina con una alargada y deficiente gestión de los usos del suelo. Tanto es así que, según denuncia Ecologistas en Acción, el Gobierno murciano no ha mostrado interés por frenar el regadío intensivo en el entorno, obviando “desde hace 20 años” las alertas de los diferentes expertos sobre los riesgos la eutrofización del Mar Menor. “Tampoco se han esforzado en cumplir con la legislación sobre espacios protegidos, la Directiva Hábitat de la UE o la legislación sobre especies amenazadas”, apunta el grupo medioambientalista.

“El Mar Menor está muy tocado”

Las montañas de peces muertos que estos días han ido decorando de forma violenta la costa son la evidencia de que “el Mar Menor está muy tocado”, opina Esparza, que no encuentra ningún precedente de tal magnitud sobre lo que ha acontecido. Aunque esta catástrofe ambiental ha cambiado de manera repentina el funcionamiento del ecosistema hay posibilidades de que se pueda renaturalizar y revertir este complejo colapso.

El experto del Instituto Español de Oceanografía (IEO) hace un llamamiento a “cambiar la mentalidad de las políticas” y a “regular los usos de la tierra” para impedir que las aguas sigan recibiendo vertidos desde el mundo agrícola. “No quiere decir que desaparezca la agricultura, pero sí que las prácticas se adecúen a las características del entorno”, comenta el experto.

Asimismo, Esparza, que recalca que los responsables de la Administración “tendrán que rendir cuentas”, argumenta que este es el momento de “empezar a trabajar en la restauración ecológica” y para ello se precisa de acciones que permitan cerrar la ingente cantidad de pozos ilegales que contribuyen a que los nitrógenos y el fósforo de los sectores agrícolas lleguen a la masa de agua del Mar Menor.

Este colapso, sin embargo, es un aviso más de un planeta que se ve asfixiado por las acciones del ser humano. El homicidio a la vida que se ha presenciado en la laguna cartagenera es un episodio más de la crisis de biodiversidad en la que está inmersa la humanidad. 

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