Un Erasmus sólo para los estudiantes con más recursos: las becas ya no son suficientes por la subida de precios
Las asociaciones estudiantiles señalan que las ayudas, aparte de ser insuficientes, llegan tarde. Los obstáculos económicos siguen siendo la principal barrera de acceso para las rentas menores.

Madrid-
El programa Erasmus+ es una de las medidas de la Unión Europea para fortalecer los valores europeos en sus ciudadanos jóvenes mediante las oportunidades educativas. Entre sus ideales destaca el de "promover la igualdad de oportunidades y acceso, la inclusión, la diversidad y la equidad en todas sus acciones", como pone en la propia página web del programa.
Sin embargo, las ayudas que proporciona la UE en muchos casos no son suficientes. Un programa que nació con el objetivo de promover la inclusión y la igualdad de oportunidades se ha convertido en un quebradero de cabeza para las economías medianas y pequeñas. Muchos estudiantes que son seleccionados para el programa se ven obligados a renunciar al darse cuenta de que no pueden afrontar los gastos que supone y que las cuantías de las becas son insuficientes y llegan tarde.
La beca pretende ayudar a los estudiantes a financiar sus estudios en el extranjero, una cuantía que se ha quedado desactualizada a tenor del coste de vida actual en cualquier ciudad europea. Una ayuda de 250 a 350 euros al mes apenas llega a cubrir el coste del alquiler. Si a esto se suman los gastos diarios, el transporte, el seguro médico y el coste de los vuelos, además de lo que pudiera faltar para vivienda, la inversión que tiene que hacer un estudiante o su familia para ser parte del programa es importante.
La primera barrera de acceso: obstáculos económicos
Según el informe Estudio de impacto de la educación superior Erasmus+ elaborado por la Comisión Europea, el 9% de los participantes en el programa declararon tener obstáculos económicos pese a las ayudas. Estos son los que sí participaron, pero el mismo informe muestra que entre los estudiantes que no lo hicieron, alrededor de dos tercios, señalaron las preocupaciones financieras como principal motivo para no realizar la movilidad.
El vicepresidente de la Unión Europea de Estudiantes (ESU en sus siglas en inglés), Arno Schrooyen, señala en una conversación con Público que uno de los principales problemas de accesibilidad "es el momento en el que los estudiantes reciben el dinero". La primera parte de la beca llega unos meses después de haber empezado la movilidad y se completa cuando los estudiantes ya han regresado a sus países de origen. Desde ESU afirman que "el primer mes de la movilidad es el más caro, ya que tienes que pagar el vuelo, los libros, a veces el depósito del alojamiento… Es bastante difícil para muchos estudiantes adelantar esa cantidad de dinero antes de recibir la beca".
Según el Estudio de apoyo para la evaluación intermedia Erasmus+ 2021-2027 y la evaluación final Erasmus+ 2014-2020 de la Comisión Europea, 22 informes nacionales señalan que las barreras económicas continúan siendo significativas para los grupos con más difícil acceso. Además, señala que las ayudas adicionales para rentas menores (250 euros) no cubren adecuadamente los costes reales.
Sara Docampo, presidenta de Erasmus Student Network (ESN) en España, asegura en una conversación con este diario que esto provoca "un proceso de autoexclusión, porque si eres una persona que estudias y procedes de un entorno socioeconómico desfavorable, tienes menor apoyo familiar para poder realizar una movilidad". Desde ESN creen que "no se trata de dar dinero a quienes ya se lo pueden permitir o dar más dinero a nivel general, sino de que haya un reparto justo y sobre todo de que se haga incidencia en la gente que no se ve interpelada por el programa porque les excluye".
La cuantía de la beca no depende únicamente de la UE
La beca se establece en cuantías complementarias junto con las Comunidades Autónomas. Es por eso que dependiendo del territorio en el que se estudie o del que se provenga se recibe una cantidad u otra. El Observatorio de Cofinanciación de ESN destaca que dentro de España unos modelos de financiación superan a otros en cuanto a las posibilidades de reducir esta brecha en el acceso al programa.
Según el Estudio de apoyo para la evaluación intermedia Erasmus+ 2021-2027 y la evaluación final Erasmus+ 2014-2020, 13 informes nacionales señalan una participación desigual entre regiones dentro de un mismo país, que a menudo se asocia a zonas rurales o remotas y a desigualdades socioeconómicas regionales.
Para Lucía Ayuso, responsable de Educación de ESN, se trata de "una desigualdad estructural". Cuando ella realizó su movilidad "tenía compañeros que recibían financiación de su comunidad autónoma natal y de aquella en la que estudiaban, mientras que otros solo de la región en la que estudiaban porque ese modelo no era compatible". Afirma que "esto también genera una desigualdad" porque no es lo mismo que una persona con un nivel socioeconómico determinado "reciba dos becas de cofinanciación que solo una, o ninguna" dependiendo de la Comunidad.
Desde el Observatorio de Cofinanciación de ESN señalan que el modelo heterogéneo de cofinanciación genera desigualdades en el acceso entre los estudiantes de distintas Comunidades Autónomas. Según relata Ayuso, también observan que los modelos más eficientes en términos de inclusión son aquellos que atienden a los siguientes criterios: la ayuda debe ser directa para todo el estudiantado, las becas deben abonarse antes de irte, se debe tener en cuenta el nivel de vida en el país de destino y también se debe tener en cuenta el contexto socioeconómico individual.
La educación superior no tiene sólo objetivos laborales
El Estudio de impacto de la educación superior Erasmus+ también muestra que el 80% de los graduados que habían realizado una movilidad fueron contratados tres meses después de graduarse. Por lo tanto, es un factor que aumenta las posibilidades de acceder al mercado laboral. La dificultad de las personas con rentas medias y bajas para acceder al programa supone, una vez más, una dificultad para acceder a un puesto de trabajo en comparación con las personas con rentas mayores.
Docampo explica, por su parte, que desde ESN identifican aquí "uno de esos fallos del ascensor social. Si una persona puede acceder a una movilidad internacional y otra no, se produce una acumulación de ventajas. Estamos hablando no sólo de mejores curriculums, sino también de capital cultural e incluso de la creación de redes internacionales".
Ayuso asegura que les preocupa "que se empiece a ver el programa Erasmus sólo como un trampolín laboral". "El programa te enriquece muchísimo, pero sobre todo a nivel sociocultural. Yo creo que nunca se desarrolló con el objetivo de que te contraten más. Entonces, pierde un poco ese sentido que tenía de origen".
La Comisión Europea es consciente de las ventajas que tiene Erasmus+ más allá del ámbito laboral. En sus informes ha destacado cómo el programa ayuda a reducir estereotipos e impulsa valores como la tolerancia o la inclusión social entre los participantes. También incide en cómo los estudiantes que realizaron una movilidad de este tipo tienen un mayor sentimiento de identidad europea y mayores niveles de "participación cívica y democrática".
Schrooyen, vicepresidente de ESU, hace hincapié en el valor de invertir en educación: "Desde nuestra perspectiva, la educación es una muy buena inversión porque ofrece un buen valor a cambio de lo invertido. Por eso solemos presionar para que haya más inversión en educación, porque el sector educativo ha demostrado que puede hacer mucho con poco".
El representante de ESU señala además la importancia de "recuperar esta misión de la educación superior como un servicio a la sociedad, y los vínculos entre la educación, la sociedad y la democracia". "Creo que la movilidad en general es una buena oportunidad en ese sentido: para el intercambio cultural, para aprender sobre otras democracias y todo lo que conlleva", concluye.


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