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España Abusos, cobrar en cheques regalo y mucha frustración: la odisea de buscar el primer empleo

La búsqueda de un contrato laboral tras abandonar las aulas suele ser un proceso complicado y el destino de muchos graduados, concretamente el 24,1%, es el paro. Cuatro de ellos cuentan sus experiencias tras entrar en el mercado laboral.

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Un grupo de estudiantes en una imagen de archivo./EFE

Con su título recién conseguido debajo del brazo, cada año miles de estudiantes salen de las universidades y centros de formación profesional en busca de su primer trabajo. Sin embargo, la realidad tarda poco en minar sus esperanzas de hacerse un hueco en su sector y topan con la manida frase de la “falta de experiencia”, un muro contra el que van a chocar unas cuantas veces antes de acceder a su primer empleo.

Solo Grecia e Italia superan a España (16,7%) en paro entre jóvenes con estudios superiores

Una situación que, a tenor los datos publicados por la última Encuesta de Población Activa (EPA), no va a mejorar, más bien todo lo contrario. Porque en el último trimestre de este año, España se situó en un 24,1% de paro entre aquellas personas con estudios superiores –grados superiores y universitarios– en busca de su primer trabajo. Esta cifra supone la peor desde el cuarto trimestre de 2016, siendo también el tercer peor dato desde el inicio de 2014, cuando comienza a registrarse en el INE esta estadística.

Además, España sigue siendo uno de los países de la Unión Europea donde los jóvenes recién formados tienen más difícil firmar su primer contrato. La tasa de paro es del 16,7% entre personas de 20 a 29 años con estudios superiores, más del doble de la media europea, que apenas alcanza el 7,8%. Solo Grecia (30,1%) e Italia (18,3%) sufren una situación peor.

Pero detrás de estos datos están las aspiraciones de miles de jóvenes que quieren poner en marcha su proyecto vital. Gente que tras años de esfuerzo –tanto suyo como de su familia, que suele soportar gran parte de los costes derivados de los estudios– no ve llegar su recompensa. Porque las más jóvenes ya han comprobado que el “tú estudia y tendrás trabajo” se ha quedado obsoleto.

Muy pocas puertas abiertas

Una de esas mujeres jóvenes que ha estado buscando su primera oportunidad laboral es Alba Moreno, graduada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. “Eché currículums y no tuve respuesta. He tenido que buscar trabajo de lo que haya”, explica a Público. En su caso, la hostelería, un sector donde la precariedad está a la orden del día, ha sido el parche para obtener ingresos.

En el otro extremo de la península, concretamente en Pamplona, Óscar Martínez, graduado en Magisterio en Educación Primaria sí ha llegado a trabajar, pero apenas “un mes y medio”. A diferencia de Alba, él sí tuvo bastantes entrevistas de cara a este curso, pero tampoco pudo amarrar un contrato. “Parece que no se fían de nosotros, no nos ven capaces de tener autoridad”.

Esta desconfianza hacia una generación de jóvenes bien preparados es capaz de hacer mella en su autoestima. Las puertas que se cierran, los “no encajas en el perfil” o la ausencia de respuesta por parte de las empresas hace que haya momentos en los que se señalan a sí mismos por no haber encontrado trabajo.

"He pensado que no valgo, que estaba haciendo algo mal", afirma Sandra Moreno

Sandra Moreno, natural de Torrejón de Ardoz y graduada en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid, no ha encontrado empleo, aunque ha conseguido un puesto de prácticas en el departamento de comunicación de una universidad madrileña. Afirma haber sentido esa falta de confianza derivada de su infructuosa búsqueda de empleo. “He pensado que no valgo para esto, que no era lo suficientemente buena o que estaba haciendo algo mal”.

Para Alba es algo que “en el día a día es frustrante” y asegura que hay momentos en los que el tiempo invertido en echar currículums “no sirve de nada”. Óscar confiesa haber salido de una entrevista sintiéndose como “una mierda”. “Te quitan la confianza”, añade.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Alba Moreno, Óscar Martínez, Sandra Moreno y Raúl Varga./ Imágenes cedidas

Prácticas a cambio de un cheque regalo

Una oferta de prácticas no remuneradas en un despacho de abogados./ Mierdajobs

Su primer contacto con el mundo laboral suele llegar de mano de las prácticas, concebidas para que los estudiantes pongan en práctica los conocimientos adquiridos durante sus estudios en un entorno laboral real, aunque con unas condiciones diferentes a las de un trabajador normal. El problema es que, en muchas ocasiones, o bien la remuneración es pésima o inexistente, o se utilizan para cubrir puestos que deberían estar destinados a asalariados. Así lo ha recogido en varias ocasiones Mierdajobs.

Un ejemplo es el de Raúl Varga, natural de Burgos y graduado en Comercio por la Universidad de Valladolid. Raúl realizó sus prácticas en una de las más importantes cadenas de distribución españolas. A cambio de su trabajo durante cinco meses no recibió ningún emolumento. Es más, solo obtuvo un cheque regalo para adquirir productos de la propia cadena. “Este tipo de prácticas se merecen una remuneración, ya sea por ayudas de parte de la Administración como de las propias empresas”, sostiene.

Tanto Óscar como Alba tampoco recibieron ninguna ayuda al estudio –nombre que reciben sus nóminas– durante su periodo de prácticas laborales. El profesor navarro solía hacer “horas de más” pese a no percibir ni un solo euro. “Mi horario era de 9:00 a 13:00 y de 15:00 a 16:00, aunque muchas veces tenía que quedarme desde las 13:00 hasta 15:00 para reuniones de padres”, admite Óscar. Alba realizó un proyecto de investigación para su universidad y considera que, en muchos casos,  las prácticas consisten en “una persona que trabaja a destajo a la que no le pagan”.

Los convenios con los centros educativos para recibir nuevos becarios desincentivan la contratación

Para Sandra hay empresas que “se aprovechan mucho” del periodo de prácticas, ya que “se quitan un sueldo”. Óscar coincide y considera que en ocasiones hacen uso de la ilusión de los recién graduados, porque ellos “van a darlo todo” en la profesión que les gusta. Alba comenta que, al final, muchos optan por aguantar “este abuso” por si surgiera la oportunidad de un contrato que habitualmente no llega. Y estas hipotéticas contrataciones no se suelen dar porque, como sostiene Raúl, las empresas “tienen un convenio con la propia facultad para realizar prácticas anualmente con nuevos alumnos”, de forma que la rueda de las prácticas precarias no cese.

Consejeros en las aulas

Desde las universidades y centros de formación profesional se trata de prevenir y preparar a sus estudiantes para un futuro laboral incierto y complicado mediante la organización de jornadas y conferencias de empleo. Además, estas instituciones utilizan la tasa de empleo de sus exalumnos como reclamo para futuros estudiantes.

Sin embargo, los que más cerca están de los jóvenes durante la etapa formativa son los profesores. Son ellos los que muchas veces comienzan a realizar una difícil y necesaria labor de desidealización sobre el futuro laboral de sus pupilos, mostrándoles la realidad de un mercado laboral inestable y precario. Es el caso de María Ángeles Moya, profesora asociada de la Facultad de Comunicación de la Universidad Carlos III, que además ejerce como periodista. “Como una persona en contacto con el sector, intento trasladarles qué se demanda, qué se pide y para qué deberían prepararse”, afirma.

"Intento trasladarles qué se pide y para qué deberían prepararse", explica la profesora María Ángeles Moya

Para esta profesora, las nuevas generaciones de alumnos sí se muestran “preocupados” por su entrada en el mundo laboral, aunque puntualiza que algunos no son del todo conscientes de lo que se van a encontrar una vez cambien las aulas por un puesto de trabajo. “Tienen ideas preconcebidas, como que no van a tener vacaciones, fruto de comentarios que les han transmitido otros profesores o alumnos”.

Aún así, Moya rechaza la visión negativa o de vagancia que ocasionalmente se vierte sobre los más jóvenes. “Veo muy pocos vagos y vagas. Quien no está trabajando está cursando un máster o sacándose un certificado de idiomas. Es una pena que estos datos –de empleo entre las personas con estudios superiores– sean así, porque hay gente joven muy bien preparada”, lamenta. Y como ella, miles de estudiantes que cada año abandonan su etapa formativa para empezar la ardua búsqueda de su primer trabajo.

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