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Las orugas procesionarias: por qué aparecen y qué riesgos suponen para tu mascota

El aumento de las temperaturas durante el invierno ha provocado que las plagas de orugas sean mayores. Estos insectos suponen riesgos para la salud de los seres humanos –sobre todo los niños– y los perros, que pueden sufrir necrosis en su lengua y, en casos extremos, morir.

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Orugas procesionarias./ EFE

El balance de un invierno cálido, seguido de una primavera que se pronostica más seca de la cuenta, provoca, entre otras cosas, que proliferen las plagas de orugas procesionarias, cuya etapa vital va ligada a los estaciones más calurosas. Seguramente hayan visto a estos seres caminar en grupo y en fila de uno por los parques y entornos verdes de su municipio sin caer en la cuenta de los problemas sanitarios que esconden. Si bien es cierto que los seres humanos también están expuestos a los rasgos venenos de estos insectos, son los animales de compañía, sobre todo los perros, los que más amenazados están.

Durante las etapas más frías, estas orugas (Thaumetopoea Pityocampa) se albergan en nidos situados en las copas de los pinos. Cuando llega el calor –cada vez antes debido al calentamiento global– los insectos desfilan en grupo por los troncos para enterrarse en zonas secas, transformarse en crisálidas y salir en forma de mariposas o polillas. Es por ello, que durante las etapas más cálidas del año se vean con frecuencia estas hileras de gusanos peludos.

"Cuando se acumulan inviernos muy suaves, que es lo que ha ocurrido este año, el número de orugas es mayor ya que se pueden desarrollar de manera más rápida", explica Luis Martínez, experto de SEO/BirdLife. Debido al invierno ciertamente caluroso que hemos tenido el ciclo biológico de la procesionaria se ha adelantado, informan desde el Ayuntamiento de Madrid, una ciudad afectada por esta plaga.

Pero, ¿por qué son una amenaza? El peligro radica en sus características fisiológicas, ya que su cuerpo está recubierto por una serie de pelos urticantes y venenosos que liberan cuando se sienten amenazadas. Un mecanismo de defensa útil que en humanos puede provocar ronchas y reacciones alérgicas en mucosas.  Unas consecuencias que se presentan mucho más graves en el caso de mamíferos como los perros, cuyo contacto puede conllevar casos de necrosis en la lengua. 

Los expertos veterinarios detallan que las características tóxicas de los capilares afectan a cualquier parte de del cuerpo, sin embargo, la mayoría de las infecciones se sitúan en la zona del hocico, ya que es la parte del cuerpo con la que olfatean el suelo. "Los cachorros son los que más expuestos están, ya que tienen un comportamiento muy curioso", explica a Público Manuel Lázaro, vocal del Colegio de Veterinarios. Los perros, informa el experto, son los más amenazados, ya que otros animales como los gatos "son más delicados y cuidadosos" a la hora de investigar. 

"Si no se controla la zona afectada por la toxina que liberan las orugas procesionarias con antibióticos, antihistamínicos y limpiezas locales con antiséptico, puede derivar en la pérdida de parte de la lengua del perro y en casos de choque anafiláctico grave no tratado a tiempo, ocasionar incluso la muerte del animal", explican desde el Colegio de Veterinarios de Madrid.

"La única prevención es evitar el contacto", opina Lázaro. Por ello, lo ideal es evitar pasear por zonas de pinos –árboles donde residen las orugas procesionarias– y visualizar el entorno, ya que, al caminar en grupo, estos gusanos se pueden ver con facilidad.

En ese sentido, es importante asegurarse de que el animal no experimenta síntomas relacionados con las procesionarias, como hinchazón en las partes del cuerpo que hayan estado en contacto –sobre todo la parte del hocico– y babeo continuo. En el caso de que observemos estas anomalías en estaciones calurosas, es importante que acudamos con rapidez a la clínica más cercana.

Cómo erradicar esta plaga

Aunque la plaga de procesionaria no supone riesgos forestales graves, al habitar en las copas de los árboles si que puede dar casos "excepcionales" en los que se produzcan "defoliaciones tremendas" de lo árboles. Una afirmación que es compartida por Manuel Lázaro, que advierte que estos insectos pueden secar parte de los pinos, ya que se alimentan de sus hojas

Este problema, que se añade a la amenaza para la salud de algunos animales, requiere soluciones que aseguren frenar los efectos de esta plaga. La medida de acción, a primera vista más factible, es la fumigación, sin embargo, este escenario está restringido por los problemas medioambientales que conllevan estos tratamientos. De hecho, el ministerio de Agricultura prohibió en 2018 algunos de los químicos de lucha contra las procesionarias.

Por ello, los planes de choque que se plantean desde las instituciones van encaminados a la retirada manual de los nidos. Sin embargo, desde el grupo ecologista explican que en la mayoría de los casos se procede a retirar las bolsas de los pinos en momentos de temperaturas cálidas, cuando los insectos están en la tierra. De esta forma, lo ideal es que las retiradas se hagan en invierno, cuando las larvas se encuentran en el interior, resguardadas del frío.

Algo que podría prevenir este tipo de plagas es que se favorezca "el uso de especies autóctonas diferentes a los pinos, como por ejemplo las encinas que están perfectamente adaptadas y no son susceptibles de ser atacadas por esta especie", opina Martínez, que destaca que, con el cambio climático, va a ser cada vez más habitual que nos topemos con las orugas.

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