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Los perros sin ley: malheridos, sin hogar y sin derechos

'Público' visita una de las grandes protectoras de la Comunidad de Madrid donde el 90% de los perros rescatados son podencos, galgos o mastines, razas que finalmente han quedado excluidas de la nueva legislación sobre bienestar animal al ser utilizadas para la caza o el pastoreo.

Un galgo asoma el morro a través de la verja de uno de los recintos de juego de la protectora ALBA, en la Comunidad de Madrid.
Un galgo asoma el morro a través de la verja de uno de los recintos de juego de la protectora ALBA, en la Comunidad de Madrid. Alfredo Langa

Mientras sus señorías debatían y votaban la Ley de Bienestar Animal en las Cortes, varias decenas de perros se agolpaban sobre las verjas de sus cheniles. En un camino de tierra cerca de Alcalá de Henares, un alambrado guarda –más bien protege– a decenas de animales con pasados oscuros. "El 90% de lo que tenemos aquí son perros de caza. Podencos, galgos y mestizos, además de perros de trabajo, como mastines y perros de guarda", dice Carolina Corral, presidenta de este refugio-santuario de la protectora ALBA (Asociación para la Liberación y el Bienestar Animal).

"Son animales que, de primeras, se nota que no han pasado por una clínica veterinaria en su vida; animales que rescatamos sin microchip, a pesar de que es ilegal no implantarlo desde hace años; animales llenos de heridas, y sobre todo animales con muchísimos problemas psicológicos y problemas de pánico y terror. Esto es mucho más costoso de curar que la mayoría de enfermedades y problemas de salud física", dice la animalista que lleva 25 años rescatando canes en la Comunidad de Madrid y alrededores. 

En el recinto, donde también coexisten algunos burros salvados de la muerte, un cerdo vietnamita, varias cabras y decenas de gatos, se percibe algo de abatimiento. Corral mientras enseña su trabajo, acariciando con ternura el lomo de todo ser vivo, mira la pantalla de su smartphone para saber si, por algún casual, la votación del Congreso, la definitiva, ha cambiado el sino de los perros de caza.

"También se quedan fuera los perros mastines, los perros de trabajo y de guarda",  se queja la activista, que recuerda que el grueso de los rescates que ella y sus compañeros realizan van dirigidos a todas las razas que, por la enmienda del PSOE, van a quedar excluidos de la primera ley destinada a dotar de derechos a los animales de España. "¿Por qué un galgo que cae en una familia y un hogar va a tener más derechos que un galgo que cae en manos de un cazador? No se pueden hacer esas distinciones".

Un mastín y un galgo miran desde su chenil. Son dos razas que, por el uso cinegético o de pastoreo, quedan excluidos de la nueva Ley de Protección Animal.
Un mastín y un galgo miran desde su chenil. Son dos razas que, por el uso cinegético o de pastoreo, quedan excluidos de la nueva Ley de Protección Animal. Alfredo Langa

José, que también ayudó a fundar el centro hace más de dos décadas, compagina su trabajo de taxista con las tareas de rescate y reacondicionamiento del centro. Esta misma semana, cuenta, ha tenido que ir hasta Alemania para entregar en adopción a varios perros de caza. Las jaulas que han quedado vacías no tardarán en ser ocupadas porque, esa misma mañana, algunos voluntarios han ido a rescatar a varios canes que han quedado sin supervisión tras una actuación policial. 

De los ladridos que retumban, muchos son de un grupo de galgos que comparten uno de los pasados más hostiles del refugio. "Estos son del caso del vampiro de Humanes", comenta Corral. En el verano de 2022 se hicieron con decenas de perros de caza, además de gatos y conejos, después de que la Guardia Civil detuviera a un individuo que, durante años, se había dedicado a comprar perros a los cazadores que ya no los consideraban aptos para ir detrás de las liebres. El hombre almacenaba a los canes como si fueran objetos en un hangar y les exprimía la sangre; extraía toda su vida hasta que morían por inanición para, después, haciéndose pasar por veterinario, vender transfusiones a clínicas. 

Uno de los galgos de la protectora come dentro de su chenil.
Uno de los galgos de la protectora come dentro de su chenil. Alfredo Langa

Muchos de los perros que todavía siguen esperando una familia en este centro sufren secuelas tan difíciles de describir como de resolver. El pánico al ser humano se ve en los ojos de galgos y podencos que esperan desde el otro lado un golpe de suerte, una adopción que cambie sus vidas. Esa es la rutina que les toca. Por parejas –los de carácter conflictivo, en solitario– salen a pasear y jugar en recintos amplios y vallados donde pueden desfogar. Luego retornan a su cubículo, reformado con suelo térmico, y esperan a que Willy, uno de los empleados que el refugio tiene en nómina para cuidado y mantenimiento de los animales, llegue con su carreta de pienso y llene sus boles de comida. Aunque la mayoría son voluntarios que compaginan sus empleos con el cuidado de los animales, ALBA, como muchas otras protectoras de España, ha conseguido sostenerse con fondos para contratar servicios veterinarios y personal de mantenimiento. 

En otra de las verjas se esconde un gran perro pastor. Tan grande como huidizo. "Se llama Leprechaun", le presenta la animalista. "Es un caso muy representativo de los perros que conseguimos traer. Un pastor lo tenía abandonado en mitad del monte, vagando por los caminos sin apenas poder comer. Tiene muchísimo miedo, si pudiera esconderse debajo del suelo, lo haría. En cuanto se acerca una persona comienza a temblar", describe. El animal, se esconde en el pequeño portón interno que hay en dentro de la jaula, un habitáculo protegido por paredes donde pasa las horas tumbado. 

Un mastín observa desde su refugio sin salir al exterior por miedo al ser humano.
Un mastín observa desde su refugio sin salir al exterior por miedo al ser humano. Alfredo Langa

A los voluntarios del centro les escuece la ley. "Psicológicamente es duro", dice la presidenta de la asociación. "Sacar adelante esto es complicado siempre. Nunca tenemos apoyo suficiente, tenemos que funcionar con las ayudas y aportaciones de los socios, eventos, campañas y subastas... Habíamos pedido sólo una cosa, que se nos escuchase para hacer la ley, que nosotros somos los que trabajamos todos los días y vemos la realidad, con una mayoría de perros de caza y de trabajo afectados. Pero bueno, nosotros no vamos a abandonar a los animales como sí han hecho los políticos", espeta. 

La norma animalista, impulsada desde el Ministerio de Derechos Sociales, se ha convertido en una de las grandes desilusiones del animalismo. Aunque establece un marco de derechos importante y reconoce a los animales como seres sintientes, la pugna política llevó a diluir buena parte de los elementos de protección después de que el PSOE se apoyase en las derechas parlamentarias para dejar fuera del texto a los perros usados por los cazadores, perros pastores y de trabajo. En las protectoras reconocen el avance, aunque haya sido leve, pero las jaulas llenas de podencos, galgos y mastines recuerdan que aún hay muchos derechos que ganar. 

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