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Ponerse la etiqueta para dejar de etiquetar: la pelea diaria del empleo para las mujeres con discapacidad

Desde la infancia, la escuela y luego en el entorno laboral las mujeres con algún tipo de discapacidad sufren una doble discriminación. Los datos hablan de peores empleos, salarios, menos estudios y una serie de ayudas que no terminan de entender la heterogeneidad de estas mujeres. Hablamos con algunas de ellas como Cristina que nos dice que se pone la etiqueta de su discapacidad para un día dejar de ser etiquetada.

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Paula López (19 años) se sienta siempre en la primera fila de clase. Cristina Galindo (46 años) va abrazada a su agenda como si fuera el salvavidas cuando se hunde el barco. Mara Zabala (39 años) no sale de casa sin comprobar la accesibilidad del lugar al que se dirige, y en más de una ocasión la información es incorrecta.

Las tres no podrían tener vidas más diferentes. Pero estas tres mujeres tienen una discapacidad y con ella, un mundo de barreras que saltan como el mejor corredor de obstáculos. Inserta Empleo, la entidad experta en formación y empleo de personas con discapacidad de la Fundación ONCE, es su otro nexo de unión. Todas han pasado por sus oficinas y han podido dar otro salto y superar la siguiente valla.

Las barreras son muchas. Empiezan desde el núcleo familiar, siguen en la formación académica y se asientan en el laboral: "Las mujeres con discapacidad, han de afrontar una doble discriminación, por un lado la impuesta por la propia discapacidad, y por otro la asociada a la condición de mujer, en un país, donde aún hoy las mujeres afrontan su inserción y su trayectoria laboral desde un punto de partida de desventaja", le dice a Público, Virginia Carcedo, la secretaria general de Inserta Empleo.

En España hay un total de 791.400 mujeres con discapacidad entre 16 y 64 años

Las cifras son elocuentes. En España hay un total de 791.400 mujeres con discapacidad entre 16 y 64 años, es decir las que estarían dentro de la franja de población activa. Ellas ganan 5.908 euros brutos al año menos que la población general, y 3.249 menos que sus compañeros hombres con discapacidad. No sólo les afecta al salario, también a la calidad del empleo. El 26,1% de ellas hace jornada parcial frente al 12,4% de los varones con discapacidad. En 2017 la contratación indefinida entre estas mujeres alcanzó los 11.463 contratos frente a los 18.454 de los casos masculinos.

Cuando la discriminación empieza en el aula

Paula tiene una hipoacusia severa, una sordera que le afecta a ambos oídos, y que gracias a los audífonos le permite llevar una vida "completamente normal". La palabra normal, o más bien la expresión "normalizar" es la que más repite mientras conversamos con ella y le preguntamos por su cotidiano en el instituto. Fue a los 12 años cuando le diagnosticaron la sordera y le pusieron los aparatos, y ese "normalizar" del que habla, ha sido la batalla que ha peleado con los otros, y consigo misma. "Al principio los niños se reían de mí, yo no quería ir a la escuela, lloraba mucho, pero luego fui aceptando que mis audífonos me ayudaban a tener una vida mejor, era mi salud y empecé a llevarlo bien". Hasta llegar ahí nos dice que pasó por una depresión, estuvo yendo al psicólogo algunos años, tuvo que tomar medicación durante un tiempo. Primera batalla ganada.

La formación es otro de los puntos donde las mujeres con discapacidad también salen peor paradas en comparación con las que no la tienen. Tan solo el 18,3% alcanza estudios de nivel superior frente al 36,9% de las mujeres de la población general. En la actualidad apenas el 7,8% cursan estudios frente al 19,3% de las mujeres sin discapacidad que sí lo están haciendo. Los peores datos surgen cuando se habla de analfabetismo: el 5,6% de estas mujeres en relación a la 0,5% de la población general femenina.

Paula nos cuenta que ha tenido algunos problemas en el instituto, que no todos los profesores "llevan a cabo las medidas necesarias para ayudar a un alumno con discapacidad". Por ejemplo lo que le sucedió con la profesora de inglés: "Para mí aprender un idioma, escuchar otra lengua es más complicado, le dije que si por favor me echaba una mano después de clase y me explicaba los ejercicios en español, si me mandaba deberes extra para practicar, pero siempre antes explicándomelo en español, y nada. Me suspendió con un 4. Después de mucho presión acabó aprobándome porque reconoció que no me había ayudado lo que necesitaba". También suspendió química pero nos dice: "A ver química no se me da bien y ya está, no quiero ninguna compasión ni ayuda que no merezca, pero es que en inglés, aprender otra lengua me supone un esfuerzo mucho mayor que al resto por eso creo que podría haberme ayudado como se lo pedí y como se sugiere en estos casos".

Cristina tiene trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), un trastorno crónico del desarrollo neuropsiquiátrico: "A mí el nombre no me gusta nada por lo de trastorno y porque está mal explicado. En realidad a nosotros no nos falta el foco, tenemos un hiper foco, te metes en una burbuja horas y horas. Está lleno de adictos al trabajo con TDAH". Esta sevillana que usa todo tipo de expresiones para disculparse porque "ay que me voy por la ramas" o "ya se me ha ido otra vez", se explica mucho mejor de lo que cree a pesar de haberle diagnosticado una discapacidad por TDAH y por otras patologías relacionadas como la ansiedad, estrés, depresión: "Me diagnosticaron la enfermedad hace muy poco, pero en realidad llevo toda la vida con ella". Cristina se dio cuenta de lo que le pasaba cuando quiso entender a su hijo. Un vídeo de un médico explicaba "perfectamente los síntomas" y ahí entendió que lo que tenía el pequeño de la casa era lo mismo que siempre le había acompañado a ella: en algunos casos el trastorno es hereditario.

Por eso Cristina nos habla de la importancia de la detección temprana, y de que es más importante aún que en las escuelas se informe, se tomen las medidas necesarias tanto para detectarlo como para facilitar la vida al estudiante: "Aunque últimamente se habla más de las discapacidades a la hora de la verdad queda muchísimo por hacer y la clave está en la educación, tanto para que se adapte para quienes las tienen, como para normalizar la situación". Ella que se describe como una "mujer anti etiquetas" no le gustaba nada reconocer su trastorno pero ahora ha cambiado de opinión: "Yo me pongo la etiqueta del TDAH y lo hago por mi hijo, porque solo mostrándonos abiertamente pueden cambiar las cosas y que en un futuro la gente deje de etiquetarnos". Dice que como sabe lo que ella pasó estudiando, conoce muy bien las necesidades que tendrá su hijo. Pero las dificultades que enfrentó como la dislexia, la falta de foco o el hiper foco, no le impidieron hacer una diplomatura en Relaciones Públicas, y trabajar en diversas empresas de publicidad, y sobre todo emprender negocios que es lo que ha hecho toda la vida.

El emprendimiento es una de las vías que escogen las personas con discapacidad para en palabras de Cristina "trabajar dignamente". Nos aclara que por una situación "muy dura" personal sus síntomas se agudizaron tanto que decidieron darle la discapacidad. Desde entonces la búsqueda de empleo se complicó: "Sólo me ofrecían trabajos de cuatro horas, salarios mínimos con los que me sería imposible mantener mi familia. La única salida que me quedó fue arriesgarme y montar mi propia empresa".

Fue gracias a Inserta Empleo que pudo presentarse a una subvención para pequeños empresarios con discapacidad: "Me ayudaron a organizar mi proyecto y por suerte me la dieron". Una subvención de 11.000 euros le han permitido comenzar con su empresa agencia de comunicación especializada en economía colaborativa: "Todavía va un poco lento pero está dando sus frutos", nos lo cuenta entre ilusionada y nerviosa.

De las 52.200 personas con discapacidad que trabajan por cuenta propia, el 27,4% son mujeres. "No podemos decir que el sector femenino esté haciendo uso del emprendimiento como fórmula para integrarse en el mercado laboral. Pero cuando consultamos por las motivaciones que llevan a constituirse por cuenta propia siempre salen las dificultades para encontrar empleo", nos dice Virginia Carcedo.

Empleos de baja calificación

Según el informe del mercado de trabajo de las personas con discapacidad (SEPEEl) el 83,5% de las mujeres con discapacidad ocupadas están en empleos de baja calificación dentro del sector servicios. La mayoría como personal de limpieza en hoteles, empresas, restaurantes. Después las hay contratadas como empleadas administrativas con tareas de atención al público, ayudantes de cocina o vendedoras en tiendas y almacenes.

Paula consiguió su empleo de cajera en un supermercado gracias a la bolsa de trabajo de Inserta Empleo, y nos dice que no tuvo problema a la hora de encontrar un puesto pero reconoce que todos eran de pocas horas (máximo cuatro) y muchos para trabajar únicamente el fin de semana: "Como soy estudiante ahora mismo no me importa tener un trabajo así. Pero en un futuro voy a estudiar enfermería y confío en que no tendré ningún problema para trabajar porque con mis audífonos soy perfectamente independiente, no necesito ninguna ayuda".

Mara Zabala lleva trece años trabajando en comunicación y responsabilidad corporativa en grandes multinacionales y eso también la convierte en una excepción dentro de las opciones laborales que suelen tener las mujeres con discapacidad. Mara se quedó en silla de ruedas a los 23 años. Hizo su carrera de Administración y Dirección de empresas sin discapacidad pero su MBA lo pudo hacer gracias a una beca que le indicaron desde Inserta Empleo: "La beca para el máster la obtuve gracias a que contaba con una discapacidad, así que de barreras ninguna, más bien fue una facilidad. Yo creo que no se puede generalizar. Hay que entender que hay muchos tipos de discapacidades y grados, y un abismo entre unas y otras, con situaciones que no se pueden comparar", nos dice cuando le preguntamos por las dificultades que tienen algunas mujeres con discapacidad para seguir con sus estudios. También asegura que no ha tenido problemas para encontrar trabajo pero que es consciente de que es “no es la realidad del país”.

El miedo al absentismo laboral debido a visitas o revisiones médicas, el temor a una baja, que puedan tener un menor rendimiento, o las inversiones en accesibilidad, son según Virginia Carcedo, las principales preocupaciones de los empresarios a la hora de no querer contratar a alguien con discapacidad. "Yo no suelto mi agenda para no olvidar ni una sola reunión. Y como las personas con TDAH tenemos fama de ser impuntuales, te puedo asegurar que por eso llego antes a todas las entrevistas, con bastante tiempo de antelación", dice Cristina.

Carcedo señala que "precisamente el compromiso adquirido hacia la empresa que les da una oportunidad laboral, convierten a este grupo en trabajadoras fieles, responsables e implicadas con la organización". A pesar de que en todas las comunidades autónomas los empresarios tienen beneficios fiscales por contratar a una mujer con discapacidad, Carcedo asegura que queda mucho por hacer. "Necesitamos más campañas de difusión y y sensibilización que den visibilidad a las mujeres con discapacidad, pero que aborden sus circunstancias desde una perspectiva realista, en las que se implique a su entorno. Es preciso hacer llegar ejemplos de casos de éxito, es decir, las vivencias de otros empresarios que han incorporado ya mujeres con discapacidad en sus plantillas. Y otra cosa fundamental es que haya un control más riguroso de la cuota de reserva para personas con discapacidad".

Virginia Carcedo que lleva años trabajando con estas mujeres cuando habla de ellas repite palabras como "heroínas", "luchadoras" y hay un ejemplo que siempre le viene a la mente, una de esas luchadoras con las que se tropezó: "Era una madre usuaria de silla de ruedas, que llevaba a su hijo de corta edad sobre las rodillas, sujetado con un cinturón para que no se cayera. El niño estaba afectado por una parálisis lateral, era inmigrante, y había venido a España para que su hijo recibiera tratamiento. Su permiso de residencia estaba asociado a esa terapia. En determinadas circunstancias, me acuerdo de esa mujer, y así consigo el impulso que necesito para continuar".

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