Cuentan las crónicas que el 10 de octubre de 1556 hizo su entrada en El Barco de Ávila Carlos I, rey de España, pocos días más tarde de traspasar la Corona en favor de su hijo Felipe, camino de su retiro en el Monasterio de Yuste donde fallecería un año y medio más tarde. El emperador aprovechó su estancia en esta localidad abulense para descansar, pescar ‘un buen número de truchas’ y admirar la armonía de un pueblo tranquilo y afable. Recordamos aquel respiro imperial, acercándonos al Barco de Ávila, el secreto del Tormes. 

Recorriendo El Barco de Ávila 

El Barco de Ávila
El puente románico del Barco de Ávila que cruza el Tormes. Al fondo, la iglesia de la Ascensión de Nuestra Señora. Fuente: Wikipedia

Una barca de oro con una cruz dorada como mástil surcando un mar azul y plata, ese es el curioso escudo de un pueblo singular de la comarca del Alto Tormes, ubicado en el suroeste de Ávila, cerca de la frontera con Salamanca y Cáceres. ¿Y qué hace un barco tan lejos del mar? La lógica nos lleva a pensar que se trata de una referencia a las embarcaciones que navegarían por el Tormes en esta zona de su curso alto, pero algunos estudios apuntan a que esta denominación puede derivar tanto del árabe barr, que significa arrabal, como del íbero bar, que se traducía como cumbre.

Y es que el Barco de Ávila ya fue poblado desde antiguo. Se cree que, en época prerromana, los vetones construyeron el primer castro en la zona de la colina que domina el pueblo, donde actualmente se ubica el castillo. Los romanos se encargarían de la construcción del primitivo puente sobre el Tormes, pero no sería hasta la llegada de los árabes cuando El Barco de Ávila vive su primera época de esplendor que lleva consigo también la presencia de una arraigada comunidad judía

Nuestro recorrido por el Barco de Ávila arranca a los pies de los restos de la muralla del pueblo, testigo de la repoblación que siguió a la conquista de las tropas cristianas. El impulsor de esta repoblación fue Ramón de Borgoña, el mismo que lideró las de Segovia y Salamanca promocionando la construcción de una muralla que protegería y delimitaría su espacio urbano. Pese a que la muralla se fue deteriorando con el paso de los siglos y las sucesivas guerras, diversos tramos se han ido recuperando en las últimas décadas. 

Sin duda, la zona más impactante de aquellas murallas es la denominada Puerta del Ahorcado o Puerta de Ávila, al sureste de la localidad. Su siniestro nombre se debe a un suceso ocurrido a finales del XVI cuando los vecinos del pueblo denunciaron al alcaide del Castillo ante Fernando Álvarez de Toledo, Duque de Alba. Castigos físicos, cobros ilegales y violaciones, entre otras lindezas, llevaron al Duque de Alba, que poseía el control de la zona desde una de sus residencias en la vecina Piedrahíta, a decretar el ajusticiamiento de aquel alcaide que fue colgado del arco de la puerta. Desde entonces, pasó a llevar su ‘nombre’. 

La antigua villa medieval

El Barco de Ávila
La Puerta del Ahorcado, origen de una siniestra historia de El Barco de Ávila. Fuente: Santiago López-Pastor CC BY-ND 2.0 / Flickr.

Aunque fue erigida en el siglo XII se reconstruyó en el XVI destacando esos dos imponentes cubos rematados con almenas que flanquean las puertas de arcos de medio punto. Es el mejor enclave del pueblo para admirar la muralla que conectaba esta zona con el Castillo de Valdecorneja, al norte.  

Rodeamos ahora el pueblo siguiendo la calle de la Regadera para llegar a la Plaza Espeñuelas admirando la entrada a la calle de la Gallareta, una de las más evocadoras del Barco de Ávila, por el empedrado de su piso y por sus casas también de piedra que aún se mantienen en pie.  

Muy cerca de aquí tenemos otro de los hitos más representativos del patrimonio barcense: su puente medieval. Con una longitud de casi 150 metros unía las numerosas vías pecuarias que atravesaban el pueblo. Construido en el siglo XIII cuenta con 8 ojos, dos de ellos con de arco de ojival.  

El Barco de Ávila
Ermita del Santísimo Cristo del Caño. Fuente: Wikipedia

En el lado oeste del puente, lugar desde el que podemos tomar fantásticas fotografías del Barco de Ávila asomado al Tormes, encontramos la Ermita del Santísimo Cristo del Caño, construcción erigida en el XIII que se restaura en el XVII. Su nombre deriva de la corriente de agua que se encontró en la época de su restauración que se recogió en una fuente.  

Cruzamos de nuevo el puente para volver al pueblo admirando los vestigios de otra de las tres puertas de la primitiva muralla medieval: se trata del muro y parte del arranque del arco de medio punto de aquella puerta que sin duda fue una de las más atravesadas del pueblo al conectar con el puente. 

Recorremos ahora la calle del Puente para contemplar los restos del primitivo caserío medieval que se dividió con el paso de los años en diferentes barrios que hacían referencia a su culto o a sus profesiones: la judería, el barrio de los sombrereros, de los tejedores, etc.  

El Barco de Ávila
Fuente: Pxhere

Y llegamos ya a la iglesia principal del pueblo: la iglesia Mayor de la Asunción de Nuestra Señora, cuya construcción se llevó a cabo entre el XII y el XVI. Su planta de tres naves de estilo gótico presenta similitudes con la catedral de Ávila mientras que al exterior domina la torre del campanario, con su planta cuadrada y sus tres cuerpos, rematado el último por una cornisa de bola. 

Al otro lado de la Plaza de las Acacias, visitamos ahora la Ermita de San Pedro, del XVII, dedicada a uno de los vecinos del pueblo nacido en el siglo XII y posteriormente canonizado. Edificio de sabor neoclásico, destaca la sobriedad de su puerta adintelada.  

Si continuamos por la calle de San Pedro del Barco llegamos ya a la Plaza Mayor, lugar en el que se celebra cada lunes desde hace ¡8 siglos! el mercado semanal de la localidad abulense. Un buen lugar para probar las delicias de la tierra entre las que están las famosas judías de El Barco de Ávila que cuentan con una Indicación Geográfica Protegida. En la plaza también debemos observar la Casa del Reloj del XV desde cuyo balcón se hacen los pregones de las fiestas patronales.  

Castillo de Valdecorneja, la joya medieval barcense

El Barco de Ávila
El Castillo de Valdecorneja sobre la colina que domina El Barco de Ávila. Fuente: Wikipedia

Tras visitar los restos de la antigua mezquita barcense con su puerta y ventana enrejada, ambas rematadas con arco conopial, testimonio de la fase musulmana de la localidad abulense y la Antigua Cárcel de XVII, hoy edificio que acoge diversas dependencias municipales, finalizamos nuestra ruta por El Barco de Ávila en el Castillo de Valdecorneja, su gran joya medieval. 

Se trata de un castillo gótico erigido en el siglo XIV bajo el mecenazgo de los señores de Valdecorneja de la Casa del Alba. Se construye sobre la colina que domina el Tormes, lugar de privilegio en el que se cree habitaron los primeros pobladores de la zona. Protegido por un foso perimetral y cuatro grandes torres esquineras de planta circular, su interior fue muy afectado por el paso de los años hasta que en 1985 se lleva a cabo una profunda restauración.  

Qué mejor lugar para despedirnos de este pueblo tranquilo y sereno que desde lo alto de su castillo, lugar desde el que admirar una vez más su delicioso caserío al borde del Tormes con las crestas de la Sierra de Gredos en el horizonte.  

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.