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El artista británico Phil Collins opta por una telenovela a la mexicana

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El artista británico Phil Collins -nada que ver con el famoso músico de ese nombre- ha recurrido a un género que dice fascinarle, la telenovela, para su última obra, que lleva el título en español de "Soy mi madre".

Se trata de un encargo del Aspen Art Museum (EEUU), que Collins, de 39 años, finalista del premio Turner en 2006 con una obra crítica sobre los programas de telerrealidad, presenta actualmente por primera vez en Europa en la galería londinense Victoria Miro.

Collins es conocido sobre todo por su obra "They shoot horses" de 2004, sobre un maratón de ocho horas ininterrumpidas de baile al que invitó a jóvenes palestinos de los campos de refugiados.

En los años noventa, pasó también algún tiempo en Belgrado después de los bombardeos de la Otan y produjo una serie de fotografías de jóvenes serbios y, algún tiempo después, en 2002, invitó a los residentes de Bagdad a unas pruebas de actor para una inexistente película de Hollywood.

Con ese vídeo, el artista trató de demostrar cómo los ciudadanos de la capital iraquí, invadida por EEUU, no tenían, sin embargo, reparos en colaborar con la industria del cine del país atacante si se trataba de ganar dinero y, quién sabe, también alcanzar la fama.

En Aspen, Collins pasó algún tiempo como artista residente del museo local y pudo ver el enorme contraste entre los ricos habitantes de esa ciudad de Colorado y la fuerza de trabajo inmigrante de procedencia sobre todo mexicana.

Los primeros tenían a su disposición un aeropuerto lleno de aviones para uso particular e incluso una clínica de acupuntura para el tratamiento de sus animales de compañía.

La mayoría de los mexicanos con los que se encontró el artista procedían de un lugar en el estado norteño de Chihuahua llamado Peña Blanca, en la que sólo parecían quedar los viejos, pues los jóvenes habían emigrado a Colorado para trabajar en la construcción o el servicio doméstico.

Fue allí donde Collins se empapó de telenovelas, género cuyo equivalente anglosajón, la llamada "soap opera", le había fascinado desde la adolescencia.

Collins sabía que las telenovelas mexicanas o venezolanas no eran populares sólo entre los latinoamericanos, sino que algunas de ellas habían tenido gran éxito en países de gente de mentalidad aparentemente tan distinta como los balcánicos.

"La telenovela parecía proporcionar la narrativa y la estructura estética ideales para los temas que yo deseaba abordar, y sobre todo forma parte del espacio cultural de una comunidad (la mexicana) a la que quería homenajear aunque fuera humildemente", explica Collins en una entrevista con la directora del museo de Aspen, Heidi Zuckerman Jacobson.

El resultado es una película de veintiocho minutos de duración con todos los elementos del género: una rica, caprichosa y tiránica ama de casa, un marido dado a la bebida y al que le gusta manosear a la sirvienta, casada a su vez con un jardinero que sufre un accidente mortal al caerse de un árbol, y, planeando por encima de todo, un caso de identidad equivocada.

Según descubrimos al final, la señora, que se niega en su ruindad a ayudar a salvar al jardinero, con quien ha tenido por su parte un "affaire", es en realidad la hija de la vieja sirvienta de la casa, revelación que aquélla se niega a aceptar y que la lleva a decir la frase del título: "Soy mi madre".

Hay en el filme clara influencias de autores de teatro o cineastas, desde el Jean Genêt de "Las Criadas" o el Buñuel de la etapa mexicana o la francesa de "Diario de una camarera", hasta el Chabrol de "La Ceremonia", y sobre todo la estética visual del español Pedro Almodóvar.

El filme, hablado en español y con subtítulos en inglés, tiene como protagonistas a actrices mexicanas- Patricia Reyes Spíndola, Gina Morett, Verónica Langer y Zalde Silvia Gutiérrez- y es fruto de la colaboración de Collins con el director de fotografía Antonio Caballero y con Salvador Parra, diseñador de producción que trabajó con Amodóvar en "Volver" y con Julian Schnabel en "Antes que Anochezca" y que hace aquí también maravillas.

Joaquín Rábago