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El baile más gitano y personal de Antonio El Pipa pone en pie a Sevilla

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Hasta ocho minutos ininterrumpidos de aplausos, con las palmas a compás y el público en pie, han puesto fin esta noche al espectáculo 'Puertas adentro', con el que el bailaor jerezano Antonio El Pipa ha salido triunfante de la Bienal de Flamenco de Sevilla.

El artista, legítimo heredero del baile gitano más puro de Jerez de la Frontera, ha regresado al Teatro Lope de Vega de Sevilla con un espectáculo estrenado en 2007 que hace un viaje al interior del alma del ser humano, cuyas estaciones de tránsito son la vida, el amor y la muerte.

El espectáculo se abre precisamente con los versos de Miguel Hernández "Llegó con tres heridas: / la del amor / la de la muerte / la de la vida" marcadas al cante por la inspirada y melodiosa voz de María Mezcle.

A raíz de una terrible coincidencia personal -la muerte de su madre y el nacimiento de su hijo en la misma semana-, El Pipa ha concebido este espectáculo que ha dado comienzo con el dolor de la pérdida en la ejecución de una sobria petenera, un palo maldito y tabú para el pueblo gitano.

De ahí, y a modo de 'flash back', Antonio El Pipa ha congregado sobre el escenario a su tía Juana la del Pipa, cantaora de raza, que ha hecho el papel de su madre, cantando por bulerías a un niño de 12 años e intuyendo el nivel de emoción que iba a ir alcanzando el espectáculo.

Con una estética muy cuidada, cercana a los universos lorquianos más próximos al folclore, el bailaor ha recreado una casa andaluza de principios de siglo, y ha mostrado a un excelente cuerpo de baile formado por cinco jovencísimas bailaoras en una fiesta familiar típica de Jerez.

Los recuerdos de su infancia y una vuelta al presente de la muerte han dado paso a un segundo estadío: el de la vida, que arranca con una bellísima nana que ha sido compuesta para el espectáculo por el músico David de María.

El Pipa, por su parte, ha celebrado la vida bailando -y brillando- por tangos de Triana, un baile que no consta en el espectáculo original, pero que el de Jerez ha querido incluir en la actuación de esta noche "como un regalo para Sevilla".

Para reflejar estas continuas idas y venidas al pasado, Antonio El Pipa ha puesto a bailar a dos preadolescentes que han emocionado al público hasta el delirio. Christian de los Reyes, que ha interpretado a El Pipa en su infancia; y una precocísima Macarena Ramírez, de talento natural, que ha sacado a los espectadores de sus asientos durante la interpretación de una guajira.

Y todo ello se ha desenvuelto en torno a seis puertas que se cerraban, que se abrían, que eran oscuras o blancas, según la muerte, el amor y la vida. Precisamente en el amor ha brillado la soleá por bulería al golpe de nudillos sobre una mesa; y el protagonismo de la pareja infantil dando la réplica al cuadro de cante y percusión.

Juana la del Pipa ha estado colosal con la terna básica jerezana: seguiriya, soleá, bulerías. Y en la voz masculina, Cancanilla de Málaga, que ha brillado en la soleá del final del espectáculo, a la que ha dado réplica un Pipa crecido ya con el favor del público, que ha echado el resto y ha emocionado hasta la última fila, de donde no han parado de salir 'olés' durante toda la función.