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Mentiras al descubierto

En el juicio, que ha llegado a su ecuador, los testigos han tumbado las versiones de los acusados mientras la familia sigue sin saber dónde está el cuerpo

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Puede que lo más sorprendente hasta ahora del juicio por el crimen de Marta del Castillo, en su ecuador, haya sido la melena de Francisco Javier García Marín, el entonces menor apodado el Cuco, condenado a tres años por encubrir los hechos. Todo lo demás no ha hecho más que confirmar, por un lado, el dolor de una familia por no saber, tres años después, dónde está el cuerpo de su hija; y, por otro, la frialdad y la chulería de la mayoría de los acusados.

Ninguno de ellos, ni Miguel Carcaño, el asesino confeso, ni los supuestos encubridores, Samuel Benítez, Francisco Javier Delgado y María García, han aportado ni una sola pista sobre el paradero del cadáver. Un careo ridículo entre Carcaño y Benítez sólo sacó a la luz que al menos uno de ellos había visto Forrest Gump. Ni siquiera el Cuco, condenado también a pagar 414.910 euros por el coste de la búsqueda, reveló el lugar. La familia sostiene que hay una nueva línea de investigación, pero la Policía lo niega oficialmente. No obstante, y a pesar de sus intentos por ocultar información, todos, incluido el Cuco que tendría que haber dicho la verdad al declarar como testigo, se han quedado ya sin coartadas. Las declaraciones de los policías y principales testigos han puesto en evidencia hasta a quienes desde un principio han mantenido su inocencia: el hermano de Carcaño, Javier Delgado, y su novia, María García.

La silla de ruedas

Tras sus múltiples versiones, Carcaño, el asesino confeso, ha declarado en el juicio que mató a Marta de un golpe con un cenicero sin intención de hacerlo. Negó que él y el Cuco la hubieran violado y dijo que lo había sostenido anteriormente para vengarse del entonces menor, que había implicado en los hechos a su hermano. Ha afirmado que del cuerpo de la joven se deshicieron el Cuco y Samuel Benítez y que él no sabe nada. Un policía, sin embargo, aseguró en el juicio que Carcaño le indicó el sitio exacto del puente desde donde la tiraron al Guadalquivir. Le habló de unas marcas de un viejo badén y la Policía comprobó que esas marcas existían. Un vecino del piso de León XIII, donde sucedieron los hechos, ha declarado haberlo visto de madrugada con una silla de ruedas, con una ropa distinta a la que llevaba por la tarde. Hay otro testigo que asegura haber visto también de madrugada a dos chicos con una silla de ruedas y algo 'como una alfombra liada'. Carcaño dijo, por el contrario, que de madrugada él ya estaba en la casa con su entonces novia, la menor con la que vivía en Camas (Sevilla). Sin embargo, la chica ha afirmado que él salió de madrugada hacia León XIII a 'limpiar pruebas'. Y los hechos probados de la sentencia que condenó al Cuco también sitúan en la madrugada el momento en el que se deshicieron del cuerpo.

El autobús de Montequinto

No hay pruebas científicas que lo inculpen ni el análisis de las llamadas lo sitúa en el lugar de los hechos 'Tú eras más listo que yo, apagaste el móvil', le dijo Carcaño en el careo. Pero la mayoría de los testigos que vieron a Samuel Benítez incorporarse a la búsqueda de Marta esa misma noche coinciden en un detalle: iba muy ligero de ropa para el frío que hacía. Él justificó en el juicio que era caluroso, sin darse cuenta de que llevaba una bufanda al cuello.

A partir de ahí, el relato de Benítez, que primero admitió que había ayudado a Carcaño a deshacerse del cuerpo, se ha ido desmoronando. Los policías han negado las coacciones a las que supuestamente fue sometido para inculparse: siempre hubo un abogado y se le leyeron sus derechos. Los agentes también negaron que hubiera dibujado un plano para situar dónde estaba el cuerpo, a pesar de que él ha detallado durante el juicio incluso el boli con el que supuestamente lo hizo: un Bic azul.

Benítez ha insistido en que pasó la noche con sus amigos en Montequinto, en Dos Hermanas (Sevilla). De ahí se fue hasta Sevilla en autobús, después a su casa y luego se incorporó a la búsqueda de Marta. Pero sus amigos, que no eran tan amigos –los conoció un día antes–, han declarado que entre las siete y media y las diez y media de la noche le perdieron de vista. De esas tres horas, dos estuvo con la que él consideraba su novia, según declaró esta chica, que negó que fuera su pareja. Hay una hora suelta y coincide con la hora en la que ningún testigo vio al Cuco. La hora coincide también con el momento en que Carcaño situó el crimen.

Implicado en la muerte

Los amigos de Francisco Javier Delgado lo definen como reservado. 'Se me viene un marrón muy gordo encima', le dijo a uno de ellos. La familia de Marta le califica de frío y calculador. Delgado siempre ha mantenido su inocencia y que se sintió engañado por su hermano. Pero el bar en el que trabajaba no registró ventas entre la 1.30 y las 3.00 de la madrugada, cuando supuestamente se deshicieron del cadáver. La caja tampoco se cerró aquella noche. La madre de una amiga de Marta también detectó una contradicción esa noche. Cuando llamó a Delgado para preguntarle por su hermano, le dijo que hacía mucho tiempo que no lo veía y que no conocía a Marta. Un rato después, cuando esta mujer fue a su casa, 'que olía a lejía', cambió de versión.

Pero el testimonio más sorprendente ha sido el de la menor de Camas, que aseguró que Carcaño le confesó que la mataron entre los dos. La duda no es sólo si ella miente, sino si Carcaño le hubiera mentido también a ella. Hasta entonces, sólo el Cuco había incriminado a Delgado. Luego se retractó.

No escuchó nada dentro

Los testimonios que hacen referencia a la silla de ruedas contradicen la versión de María García, novia de Delgado. Según declaró, ella estuvo estudiando desde la medianoche hasta las dos en el piso, luego se acostó, y ni vio ni escuchó nada. Ni los golpes de los amigos de Marta en las persianas. La madre de la amiga de Marta también dijo que Carcaño salió de una habitación en la que solían dormir Delgado y García. Lo que hace pensar que ella no estaba allí.