Publicado: 23.05.2015 08:21 |Actualizado: 23.05.2015 10:05

LAS CRÓNICAS DE BABIA

Carmena, la abuela
del milagro

Lo que a Ada Colau, su referente natural, le costó años, a esta jueza le ha llevado poco más de un mes. Ni mítines ha necesitado para convertirse en un icono de la izquierda.

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La candidata a la alcaldía de Madrid por Ahora Madrid, Manuela Carmena, durante el mitin de cierre de campaña para las elecciones municipales celebrado en Madrid.- EFE

La candidata a la alcaldía de Madrid por Ahora Madrid, Manuela Carmena, durante el mitin de cierre de campaña para las elecciones municipales celebrado en Madrid.- EFE

Más allá de las mariposas, desde Kafka las metamorfosis han tenido muy mala prensa, como si cualquier persona que se transforma tenga necesariamente que convertirse en un bicho raro. Lo de Manuela Carmena, la candidata de Ahora Madrid, ha sido, por el contrario, una especie de sublimación acelerada, un proceso por el que una prestigiosa jurista jubilada se convierte de la noche a la mañana en un icono objeto de arrobamiento y casi de veneración. “Esto es un milagro”, proclamaba ella misma anoche ante un multitud embelesada que ya la veía como alcaldesa.

Carmena tiene, en efecto, mucho de venerable y su campaña ha tenido bastante de milagrosa, aunque para ello haya contado con la extraordinaria colaboración de "otra abuela", Esperanza Aguirre, rebautizada a la manera del Mío Cid con un epíteto épico: “la que no puede volver”. Sin Aguirre todo hubiera sido distinto, por la misma razón que todo Hyde ha de tener un Jekyll con el que compararse y viceversa. En cierto modo ésta ha sido una campaña muy loca, completamente bipolar, la clásica lucha entre el bien y el mal con papeles intercambiables en función de las respectivas parroquias.



Cuentan que Carmena lo ha pasado mal y que estuvo en un tris de mandar la política a la mierda porque, a diferencia de Hyde, no llevaba botas de agua para chapotear en un fango con el que se ha querido enlodar a su marido, manchar su trayectoria judicial y hasta vincularla con ETA. Quizás pensaba en todo ello al reproducir esta cita de Emilio Lledó al finalizar su intervención en el parque Martin Luther King: “Ojalá el domingo vuelva la dignidad a Madrid”.

Con una sencillez que cuesta imaginar impostada, esta señora de 71 años ha logrado aglutinar en torno suyo una corriente de entusiasmo bastante inusual entre el electorado más progresista de la ciudad. Su gran mérito ha estado, posiblemente, en haber sido capaz de manifestar lo que le ha dado la gana sin decir ninguna tontería, algo realmente insólito por esos lares. Y en transmitir ética y un optimismo que, si “puede cambiar el mundo”, debería tenerlo bastante más fácil con ese poblachón manchego que es Madrid.

Su gran mérito ha estado, posiblemente, en haber sido capaz de manifestar lo que le ha dado la gana sin decir ninguna tontería

La vertiginosa mutación de la docta abuelita en ese símbolo del cambio a la que rinden homenaje ilustradores y sobre la que improvisan canciones los artistas callejeros (lo del porompompón Manuela da mucho juego) es digna de estudio. Lo que a Ada Colau, su referente natural, le costó años, a Carmena le ha llevado poco más de un mes. Ni siquiera ha necesitado de mítines. “No nos valen campañas electorales de plástico o de cartón en las que parece que se vende un detergente o cualquier otra cosa”, aseguraba. En su lugar, se ha presentado a sí misma sin artificios y con unas gafas enormes, de otra época, convencida de que la sociedad “está harta de discursos y de políticos que hablan desde arriba”. Lo que empezó siendo Ahora Madrid ha acabado en Ahora Manuela.

Carmena promete democracia, o mejor dicho, reparar una democracia “que había convertido lo público en un camino para lucrarse”. E invita a disfrutar el placer de sentirla y se ofrece a reinventarla. “Viví la dictadura y amo una democracia que ha costado mucha sangre y muchas vidas”, explica.

Esta mujer será alcaldesa o no será nada, porque no se puede obligar a un verso suelto a desatender a sus nietos y a sus plantas para diluirse en la prosa arisca de una vulgar concejalía. Considerando su pasado antifranquista, considerando su infatigable lucha en defensa de los derechos humanos, considerando su labor en favor de los marginados, considerando su apoyo a la reinserción de presos y considerando su intransigencia contra la corrupción, tendríamos que absolver a la jueza con todos los pronunciamientos favorables.

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