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ENFOQUE-Expertos alertan de riesgo salud por violencia Pakistán

Reuters

Por Michael Georgy

Rifaat Ramzan yace en lacama de un hospital con la vista perdida, aún traumatizadosemanas después de perder a su mejor amigo, Noman, en unatentado suicida.

"El me acababa de decir cuán bueno era soñar y que nosotrosalcanzaríamos nuestros sueños", dijo Ramzan, quien comenzó adormir con un arma bajo la almohada, temeroso de morir tambiénpor la cruda violencia de Pakistán.

"Un hombre le preguntó a Noman si podía llevarlo en sumotocicleta hasta la estación de policía. Cuando llegaron allíel sujeto se inmoló. Noman y nueve personas más murieron",sostuvo Ramzan.

En el conflicto entre insurgentes talibanes y el Ejércitode Pakistán miles de personas han muerto en ataques en unaextensa serie de lugares, desde puestos policiales y militaresa concurridos mercados. Incluso un partido de volley fue objetode un ataque. Incontables personas más quedaron heridas.

Pero la repercusión sicológica a menudo pasa inadvertida,aunque hospitales mal financiados y faltos de personal estánatendiendo a un número creciente de personas que no puedenlidiar con el derramamiento de sangre.

"Esto nos está alarmando", dijo el sicólogo Najam Younes.

Algunas personas están demasiado deprimidas para serfuncionales. Otros se ven colmados por ataques de ansiedad,paranoia y desórdenes de estrés post traumático. La apariciónconstante de recuerdos son comunes.

No hace falta mucho para desequilibrar mentes.

Incluso los titulares sobre ataques menores que recorrenlos canales alcanzan para que las personas acudan al siquiatraen busca de calmantes que los ayuden a dormir por las noches.

Por fortuna para los pakistaníes, el estigma ligado a lasenfermedades mentales ha disminuido, facilitándoles la búsquedade atención siquiátrica, según especialistas del área.

Pero el problema es que las personas atrapadas en hechos deviolencia -que en su mayoría viven en el epicentro delconflicto en el noroeste- no tienen acceso a instalaciones deatención sicológica. De modo que deben realizar viajes largos ycostosos hasta ciudades como Peshawar para ser tratados.

Los que pueden costearla a menudo no reciben la atenciónque necesitan porque hay muy pocos doctores, quienes confrecuencia están sobrecargados y no pueden proveer terapia,sino sólo medicina.

LOS MAS VULNERABLES

El Hospital Siquiátrico Sarhad de Peshawar, ubicado en elmismo complejo que una prisión donde militantes esperan serjuzgados, es un ejemplo. Es la única instalación adecuada desalud mental.

En el jardín del hospital, pacientes sedados se encuentransentados en hileras sobre el suelo de cemento, mirándosefijamente entre sí en silencio. Algunos parecen perdidos. Otrosse muestran sospechosos. "Larga vida a Pakistán", está escritosobre una pared detrás de ellos junto al dibujo de una flor.

En una lúgubre y pequeña cocina cerca de allí, un cocinerorevuelve estofado en una enorme olla junto a cuencos de acero.

El renombrado especialista Muhammad Tariq a veces atiende a100 pacientes al día. Además es el principal sicólogo forensede la región, de modo que debe pasar tiempo en la corte. Lafalta de fondos en el hospital estatal implica que no tiene unacomputadora para administrar sus archivos.

"Lo que puedo hacer es limitado", explicó.

Tariq dice que a diario llegan entre 10 y 15 pacientes quesufren de problemas mentales producto de la violencia. Muchoshan perdido sus casas y sus sustentos.

De todos modos, esos no son los peores casos.

Manejar personas sacudidas por el derramamiento de sangre yque ya sufrían enfermedades mentales es mucho más desafiante.Son los más vulnerables.

Muhammad Ikhtiar fue suficientemente afortunado de lograrque una entidad islámica de caridad pagara los medicamentospara su hijo esquizofrénico. Los enfrentamientos afligían lafrágil mente de su hijo Muhammad.

"A veces él tiene miedo de los talibanes y el Ejército.Otras está convencido de que es un comandante talibán o uno delEjército", dijo Ikhtiar, un anciano de barba blanca.

Los problemas de Ikhtiar no terminan allí. Los militantes amenudo se esconden en sus campos de maíz, de modo que lasfuerzas del Gobierno lo obligaron a cortar el cultivo, explicó.Ahora debe encontrar formas de ganarse la vida mientras cuidade su hijo.

Los doctores dicen que los pacientes necesitan apoyofamiliar. Pero debido a los enfrentamientos, es demasiadopeligroso dirigirse a sus casas. Muhammad Iqbal, un hombrefornido que usaba un chato sombrero de lana llamado chitrali,sufre de desorden bipolar. Su estado de ánimo a menudo pasa dela depresión a la euforia.

Los médicos esperan que los estabilizadores de ánimo lohagan caer en la cuenta que es demasiado riesgoso regresar consus cuatro hijos a Waziristán del Norte, que está infestada demilitantes de Al Qaeda y talibanes.

"Ahora mismo no tiene idea de lo que está sucediendo. Creeque regresará a una aldea pacífica con un bello bosque", señalóTariq en el hospital.

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