Por qué los bots están ayudando a la reventa de entradas en los conciertos
Las noches haciendo fila en la calle para conseguir entradas son cosa del pasado, lo que no significa que acceder a un concierto sea sencillo actualmente.

Zaragoza-
La tecnología debería hacernos la vida más fácil. Al menos ese se supone que es su finalidad definitiva. Sin embargo, no deja de ser una herramienta, por lo que se puede utilizar también con fines perniciosos. De hecho, en más ocasiones de las deseables es utilizada como un atajo en busca de un fin si no ilegal, sí al menos cuestionable. Esto sucede en aspectos muy importantes de nuestro día a día. Por tanto, no iba a ser menos en un asunto sobre el papel accesorio como la venta de entradas para conciertos.
Puede sonar a un problema del primer mundo porque quizá lo sea, pero lo cierto es que se trata de un asunto que afecta a muchos consumidores. Tu artista favorito anuncia un concierto que llevabas esperando mucho tiempo, consigues organizarte para ir pero, a la hora de sacar entradas… ¡boom! Todas agotadas. Incluso segundos después de que, teóricamente, salieran a la venta.
¿Pero cómo sucede esto? Si bien es cierto que ya no hay que pasar noches en vela guardando fila en la calle para asegurarse un par de entradas para ver a tu artista favorito, también es verdad que la sensación es que ahora es más difícil ir a un concierto que nunca. Sucede especialmente con los macroconciertos de estadio, paradójicamente los que más aforo de todos poseen. Por norma general, el fan más apasionado no se dará por rendido y, tras una primera tentativa infructuosa es muy probable que acuda al mercado de la reventa. Es ahí donde reside el quid de la cuestión.
El uso de bots para la compra de entradas
El uso de bots para la compra masiva de entradas no es nada nuevo. De hecho, el primer escándalo al respecto sucedió a inicios del cambio de siglo, en el llamado caso Wiseguy. Aquel era el nombre de la empresa fundada por Ken Lowson, quien se convirtió en su momento en el revendedor de entradas más famoso del mundo. Lo hizo gracias a la codificación de un bot que era capaz de saltar la barrera captcha de Ticketmaster. Aquello le permitía agotar las entradas de los conciertos más importantes a una velocidad endiablada, ante la que un ser humano con su ratón de ordenador y una conexión corriente a Internet nada tenía que hacer.
Se calcula que, desde 1999, Wiseguy logró acumular unos beneficios de más de 25 millones de dólares solo revendiendo entradas de conciertos. En 2005 la banda U2 llegó incluso a disculparse en público ante sus seguidores, impotentes ante la operación llevada por Lowson y compañía. Finalmente, en 2010 el FBI le cerró el chiringuito, pero el daño ya estaba hecho. Aunque fue un caso penal ninguno de los detenidos llegó a pisar la cárcel. Sí tuvieron que hacer frente a multas millonarias.
La tecnología va siempre por delante
El de Wiseguy fue el primer caso de perfil alto en abordar la cuestión de la compra de entradas por medio de bots, pero no el único en suceder. Por ejemplo, en 2017 Ticketmaster denunció a la empresa Prestige Entertainment por haber comprado 30.000 entradas para Hamilton mediante el uso de bots.
Entonces algo había cambiado, ya que en 2016 se creó la primera legislación en Estados Unidos contra el uso de bots para la compra de entradas. Desde entonces leyes similares se han ido aprobando en otros mercados como el Reino Unido o la Unión Europea.
Por ejemplo, en España, donde la reventa está prohibida en la calle pero no así en Internet, la ley de Competencia Desleal recoge lo siguiente: “Debe prohibirse a los comerciantes que revendan a los consumidores entradas de espectáculos culturales y deportivos que hayan adquirido empleando programas como bots que les permitan comprar un número de entradas que exceda los límites técnicos impuestos por el vendedor primario de las entradas o sortear cualquier otro medio técnico empleado por el vendedor primario para garantizar la accesibilidad de las entradas a todos los individuos”. Claro que, como suele ocurrir, la picaresca siempre va por delante.
Qué hacen las empresas de venta de entradas
Las empresas de ventas de entradas también han ido mejorando sus sistemas de seguridad, aunque casi siempre de manera ineficiente. De hecho, la sombra de la sospecha se ha instalado sobre la mayor de ellas. Según se ha publicado en la prensa estadounidense, la Comisión Federal de Comercio de los EE.UU. (FTC por sus siglas en inglés) está investigando a Live Nation, matriz de Ticketmaster, ante la sospecha de que el gigante del espectáculo no está realizando todo lo posible para evitar la compra con bots en su sistema.
El FTC trata de indagar si Ticketmaster, portal que también permite la reventa, tiene intereses económicos en que las entradas no lleguen a la gente a su precio de venta al público, algo que cambiaría por completo el juego. Por su parte, el portal asegura que bloquea unos 200 millones de bots al día, además de que se encuentra abierto a implantar nuevas medidas que eviten la especulación con sus entradas.
Posibles soluciones
Otras operadoras han optado por complicar el acceso a las entradas, para que solo así los verdaderos fans puedan acceder a ellas. Sin embargo, esto ha convertido lo que debería ser un proceso sencillo en una especie de escape room que requiere tiempo y dedicación. Por ejemplo, para conseguir entradas para uno de los cuatro conciertos que Radiohead ofreció en Madrid en noviembre de 2025 había que registrarse primero en la web del grupo. Posteriormente se debía esperar un email en el que se comunicaba al aplicante si era apto para la compra de tíckets o no. En caso positivo, un segundo correo, días más tarde, enviaba un código que permitía, ya por fin, acceder a las entradas. Un paso en falso en cualquiera de esas fases y adiós a Thom Yorke y compañía.
Otras posibles medidas menos rocambolescas pasarían por hacer las entradas nominales, como por ejemplo lo son un billete de avión o algunas entradas para partidos de fútbol, adjudicarlas siempre por sorteo o la recogida física del papel. Pero claro, hecha la ley, hecha la trampa y ninguna de estas opciones son inpuenteables en la práctica.
En España, la ley de Consumo Sostenible -en fase de tramitación parlamentaria- incorpora una clausula que impide que la reventa de entradas para espectáculos artísticos aumente el precio más allá de la subida del IPC desde que se adquirió el pase hasta el momento en el que se vendió. La idea es atacar directamente a los incentivos económicos que implica la reventa para acabar con ella. Según datos del Ministerio de Consumo la reventa de entradas generó 1.817 millones de euros en Europa en 2024. Un negocio cuantioso, que muestra la magnitud de un problema que, a priori, no parecía tan grave.


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