Cómo planificar las compras navideñas
Dejarlo todo para la última hora no solo supone un estrés añadido, además hace que adquiramos todos los productos más caros.

Zaragoza-
La planificación es la base del ahorro. Por ello, cuando llega una época de gastos elevados, como lo es la Navidad, es importante ceñirse a una estrategia que nos permita llegar a todo. O al menos que podamos maximizar nuestro dinero disponible, sin incurrir en un sobrecosto que pueda lastrar nuestra economía doméstica en el medio plazo. La temida cuesta de enero y tal.
Lo ideal es entender nuestra economía como un continúo, en lugar de verla como un conjunto de picos de gasto que se suceden uno detrás de otro. De esta manera se rompe con la dinámica de dispendios y constricciones que ahoga a tantas familias. Claro que esto no siempre es posible, ya que debido a problemas como la inflación existente o los bajos sueldos, lo que obligan a muchas personas a vivir al día.
Aún así, eventos como el periodo navideño son estacionales. Es decir, se repiten cada año por lo que podemos preverlos y, por tanto, anticiparnos a ellos. Claro que hay que actuar de manera concienzuda. Aquí van algunos puntos que nos pueden ayudar a navegar el mar de gasto que implica celebrar la Navidad en España.
1. Establece un presupuesto
Lo primero de todo es establecer un presupuesto para gastos relacionados con la Navidad. Es decir, la idea es calcular cuánto dinero podemos dilapidar en todas aquellas compras que suelen ir asociados a las Fiestas: regalos, celebraciones familiares, compromisos sociales, viajes y desplazamientos, actividades varias… Cuanto más detallado sea, mejor. También hay que delimitarlo con la mayor antelación posible, pues muchas de las mejores oportunidades de ahorro se producen alejadas de la campaña navideña. De hecho, evitar las compras de última hora es el principal objetivo de todo este ejercicio.
2. Atribuye prioridades
Una vez que sepamos del dinero que disponemos, es el momento de repartirlo. Si hablamos de compras, el objeto de las mismas puede dividirse principalmente en dos categorías: regalos y comida. Aquí las prioridades son puramente personales y, además, pueden variar con los años. No obstante, tanto la compra de regalos como la de comida exigen una serie de estrategias que son distintas entre sí, aunque con una regla de oro en común: actuar con la máxima antelación posible.
3. Comprar los regalos de Navidad
Suena a cliché, pero el mejor regalo que podemos hacer en Navidad es nuestra presencia. Corpórea, desde luego, pero también mental. Es decir, compartir un tiempo de calidad con los nuestros. Aclarado esto, a todos nos gusta recibir regalos materiales y, seguramente, también ofrecerlos. Es una muestra de afecto que, además, si se hace correctamente, demuestra un alto grado de conocimiento de la otra persona.
Esto es clave, ya que un regalo debe ser algo en lo que el receptor esté interesado o le pueda gustar. Un concepto que puede parecer básico, pero que nos ayuda a delimitar el qué comprar y, en consecuencia, a actuar con celeridad. Por norma general, los precios durante la campaña navideña tienden a subir. Por ello, si compramos los regalos antes de diciembre, es posible que nos salgan mejor de precio. De hecho, actualmente son muchas las personas que aprovechan los descuentos del Black Friday para solucionar las compras navideñas. Aunque con cuidado, pues algunos comercios han sido sancionados por Consumo por incurrir en ofertas falsas durante dicha fecha.
Una vez ha pasado esa fecha, es importante controlar los precios de aquello que queremos comprar como regalo. Una buena práctica es el confeccionar una lista con todas las personas a las que deseas realizar un regalo y varias opciones para cada una de ellas. Así puedes ir repartiendo tu presupuesto para regalos en función de prioridades. Por ejemplo, siempre se va a gastar más dinero en regalos para familiares directos (padres, hijos o parejas) que a compañeros de trabajo o amigos. Por ello, es importante cubrir primero esos gastos y, después, repartir el dinero sobrante entre los regalos de menor rango.
4. Comprar la comida para Navidad
En el caso de la comida, lo primero de todo es establecer un menú que en la mayoría de ocasiones se dividirá entre entrantes, plato principal y postres. Esta compartimentación nos ayudará a poder ir comprando con antelación, incluso si no tenemos cerrados del todo el número de comensales.
Nuevamente, la clave está en anticiparse a la vorágine navideña. En esta ocasión, comprando fuera de temporada los productos imperecederos que vamos a utilizar, tales como: embutidos, conservas, mariscos y congelados, turrones o bebidas como el cava. Todos ellos se pueden adquirir con meses de antelación, evitando las clásicas filas del día 24 y sus altos precios. Además, algunos de ellos son productos caros, por lo que esto nos ayuda a repartir la carga entre varios meses.
Por norma general, siempre que tengamos espacio para congelar la carne o pescado que vayamos a consumir, más oportunidad tenemos de poder adquirirlas a un precio competitivo. No obstante, el contenido plato también puede variar según el número de comensales. No en vano, es más probable poder darse un capricho si somos pocas personas en la mesa.
En cambio, sí hay que alimentar a una familia muy numerosa, entonces es probable que debamos acudir a opciones más económicas: pollo en lugar de pavo; redondo de ternera en vez de solomillo; merluza frente a besugo o lubina; mejillones en sustitución de almejas, navajas o vieiras; sardinas o caballa en lugar de mariscos más caros. Además, podemos hacer postres caseros, como un bizcocho o una compota, en vez de dulces artesanos o de pastelería, lo que puede reducir la factura final.
Con un menú cerrado resulta más sencillo hacer pequeños ajustes que nos permitan ahorrar dinero aquí o allí. Sobre todo si tenemos un presupuesto realizado y un techo de gasto marcado, lo que nos devuelve al punto 1.

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