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La banda sonora de los disturbios

La sentencia del 'procés' supuso el detonante de un malestar que se trasladó a la calle y que ahora se convierte también en canción. En 'Público' repasamos algunas de las canciones inspiradas en plena insurrección. El sonido de la revuelta.

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Un fuego en las inmediaciones de la plaza de Urquinaona, en Barcelona. / ENRIC FONTCUBERTA (EFE)

Entre el ruido de los cascotes y el crepitar del fuego siempre hubo y habrá música. Es el sonido previo a lo imprevisible, capaz de llenar el vacío que deja el odio y, de paso, llamar a la acción. El derecho al pataleo es carne de canción, siempre lo fue, la vinculación entre música y política, desde el quejido fatalista de los primeros bluesmen a las bacanales acid, pasando por el alegato anti-Thatcher de Billy Bragg o el nihilismo punk, ha sido una constante reformulación de lo que significa el compromiso con un determinado contexto social y político.

Las algaradas de la pasada semana en Barcelona no podían ser menos. La sentencia supuso el detonante de un malestar que se trasladó a la calle y de ahí a un imaginario colectivo que no tardó en convertirse en canción. Es el caso, por ejemplo, de Llàgrimes de sang [Lágrimas de sangre], a cargo del grupo de trap sabadellense Flashy Ice Cream & Chill C. Un tema que aborda las cargas policiales –És el rap de la terra contra la força bruta, farem que cremi el terra si l’infern s’apropa–, la eterna traición de la clase política –Les bales són de goma, exploten crits de culpa. Et volen al seu costat però després t’insulten– y la sed de vengar una injusticia enquistada desde el pasado 1-OAixò per cada cop que han tocat les nostres iaies–.

La cacería en el aeropuerto de Barcelona El Prat, epicentro de las protestas tras conocerse la sentencia, se saldó con más de 130 heridos, la pérdida de un ojo por parte de uno de los manifestantes y unas imágenes que muestran con toda crudeza la represión policial. Tú dame un arma, / mil euros al mes / y una pantalla de plasma, / y yo te protegeré. / Yo protegeré / tu coche, / tus niños, / tu mujer. / Yo seré tu perro fiel, con estos versos –prestados del tema Londres, a cargo del grupo Fiera–, el dúo sevillano Los Voluble, formado por Pedro y Benito Jiménez, evocaban mordaces lo sucedido en la terminal.

Imagen y texto condensan con precisión lo que vivieron muchos de los concentrados en el aeropuerto tras la llamada de la plataforma Tsunami Democràtic. "Un remix de urgencia contra la inmunidad policial", como lo bautizaron sus autores, que capta –al tiempo– el colapso de unos y la fuerza de la que se es capaz cuando se actúa de forma organizada y unida.

De la distancia irónica de Los Voluble al lirismo de Ayalga; proyecto tras el que se esconde el músico Xabel Ferreiro provisto tan sólo de una guitarra española, cuya canción El frío, contenida en su EP La lluvia, refleja el momento justo de una carga policial allá por el 2016: El gentío se agolpaba, reinaba el desconcierto, atronaban las sirenas, el ruido ensordecía, se ahogaban las palabras, canta Xabel con voz afectada.

Unos versos que podrían subtitular las imágenes que nos llegan de Santiago de Chile, donde se suceden las protestas por la subida del precio del billete del metro, contabilizándose 15 muertos desde que comenzaran los altercados con las fuerzas gubernamentales. Bajo el título de Cacerolazo, la rapera chilena-francesa Ana Tijoux ha querido apoyar las movilizaciones con una canción en la que llama a la rebelión y exige la renuncia del presidente Sebastián Piñera. “Voy a hacer un apañe con lo que mejor sé hacer: música”, declaraba la compositora. Dicho y hecho; Cuchara de palo, frente a tus balazos, y al toque de queda, cacerolazo, reza la canción. 

La inspiración es caprichosa. Los hay que se encomiendan a las musas olfateando lirios en un bello jardín victoriano, y los que necesitan de una cierta dosis de adrenalina y caos para musicar lo que acontece. El flirteo entre barricada y tonada viene de lejos; de la ramoniana White Riot que firmaron The Clash en el 77, a la emblemática The Revolution Will Not Be Televiseda cargo del Dylan afro Gil Scott-Heron. En esa histórica playlist de la revuelta, encontramos algunas de obligada mención, como el Fight The Power de Public Enemy, el We shall overcome, que popularizarían Pete Seeger o Joan Baez o el Damaged Goods de Gang of Four. Las hay para todos los gustos. Siempre que la paz social hace aguas, el lento hundimiento se produce con un puñado de canciones de fondo, una banda sonora hecha de agitación y desorden.