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Funeral de Montserrat Caballé Sánchez y Torra vuelven a encontrarse en el adiós a Montserrat Caballé, pero no se hablan

Coinciden en el funeral de la soprano por primera vez después de que el 'president' lo amenazara con retirarle su apoyo en el Congreso si no presenta una propuesta para Catalunya en noviembre. Hubo cruce de saludos, pero no de palabras.

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Quim Torra y Pedro Sánchez, en el funeral de la soprano Montserrat Caballé. / ANDREU DALMAU (EFE)

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el de la Generalitat, Quim Torra, han vuelto a cruzarse durante el funeral en Barcelona de la soprano Montserrat Caballé, fallecida el pasado sábado. El encuentro, que tuvo lugar en auditorio del Tanatorio de Les Corts, se ha producido tras el reciente ultimátum del jefe del ejecutivo catalán.

El espacio se ha quedado pequeño para acoger a los familiares, amigos, ciudadanos y autoridades que han querido homenajear a la gran diva de la ópera, a la que han despedido con una ceremonia religiosa de carácter sencillo y humilde.

Entre los presentes, la reina Sofía, a quien Sánchez esperó en la entrada y luego acompañó hasta la sala donde se ha oficiado el funeral. Mientras, Torra departía con el presidente de la Fundación del Liceu, Salvador Alemany. El presidente socialista, tras saludar a Torra, a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y a otros asistentes, se ha sentado en la primera fila.

Sánchez se ha situado a la izquierda de Torra, en una primera fila en la que, además de la reina emérita, se encontraban el ministro de Cultura, José Guirao, el presidente del PP, Pablo Casado, la delegada del Gobierno, Teresa Cunillera, Ada Colau y la consellera de Cultura de la Generalitat, Laura Borràs.

La ceremonia fúnebre ha sido la primera ocasión en la que han coincidido ambos mandatarios después de que el president le lanzara un ultimátum para que en noviembre presente una propuesta para Catalunya, con el aviso de que, si no lo hace, el independentismo le retirará el apoyo en el Congreso de los Diputados. En ningún momento se les vio entablar una conversación.

Si bien este ultimátum puede generar cacofonía en la sintonía que pretendían alcanzar los dos gobiernos y contratiempos para los presupuestos de Sánchez, la universal voz de la cantante barcelonesa, que ha vuelto a sonar por los altavoces durante su comedido funeral, ha congregrado bajo un mismo techo a todos los presentes por encima de las diferencias ideológicas.

Tras ellos y la reina, en una segunda fila había otros representantes políticos, como la líder de Ciudadanos en Catalunya, Inés Arrimadas, el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, el portavoz adjunto de JxCat, Eduard Pujol, el líder del PPC, Xavier García Albiol, y los también populares Dolors Montserrat y Jorge y Alberto Fernández Díaz, entre otros.

Pese a haber brillado con su voz prodigiosa e inmortal en los principales escenarios del mundo, Montserrat Caballé se ha querido marchar como una más, aunque, a diferencia de la mayoría de mortales, su funeral ha contado con la presencia de las máximas autoridades del país, además de representantes políticos y personalidades del mundo de la cultura.

La ceremonia ha comenzado poco después de mediodía con el Ave María, que tantas veces había cantado la soprano barcelonesa, que ha dado pie a una misa con comunión, oficiada por tres sacerdotes, uno de ellos el popular padre Apeles.

Mientras los feligreses comulgaban ha sonado otra de las arias preferidas de Caballé, O mio babbino caro. Su voz ha sonado nuevamente en un pasaje de la ópera Rinaldo, de George Friedrich Haendel, y ha vuelto a oírse al cabo de una hora, al final de la ceremonia, interpretando La Vergine degli Angeli, aria de la ópera La fuerza del destino, de Verdi.

Gran ovación de despedida

Entonces, el medio millar de personas, entre ellos muchos liceístas, han aplaudido durante varios minutos, mientras sus incondicionales lanzaban los "bravo, bravo" que tantas veces la soprano había escuchado en los grandes coliseos operísticos del mundo.

En la emotiva ceremonia sólo han intervenido su sobrina Montserrat y su otorrino Pedro Clarós, quien ha contado una anécdota: "Una vez Caballé me dijo que no sabía si iría al cielo, y yo le dije que seguro que sí, con todas las Ave Marías que has cantado".

En la primera fila estaba su familia, encabezada por su marido, Bernabé Martí, su hermano Carlos Caballé, su hija Montserrat Martí Caballé y su sobrina y representante Montserrat Caballé. A su derecha, las citadas autoridades, entre ellas Sánchez y Torra.

El mundo de la ópera le da su último adiós

En la sala grande del tanatorio, que se ha visto desbordada por la afluencia de personas, se encontraban numerosas personalidades del mundo de la cultura, como los tenores Josep Carreras, Jaume Aragall y Josep Bros.

Junto a ellos, el barítono Joan Pons, el conde de Godó y el padre Ángel, así como una delegación del Gran Teatro del Liceu, encabezada por Salvador Alemany y por la directora artística, Christina Scheppelmann.

También figuraban los periodistas Luis del Olmo y Mercedes Milà, el director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, y el cantante italiano Al Bano.

Carreras ha definido a Caballé como una artista "irrepetible, la soprano del siglo XX, quizás con Maria Callas" y ha confesado que fue "una amiga y una mujer entrañable, como una hermana mayor para mí". Al Bano, que había cantado en numerosas ocasiones con la soprano, ha señalado que es "un gran pérdida humana y artística".

El presidente de la Fundación del Liceu ha anunciado para noviembre "un homenaje mundial a la gran cantante", en el que participarán "voces mundiales amigas que puedan, por fechas," acudir al homenaje, y la colaboración de los teatros operísticos en los que actuó la diva.

Pésame de los reyes

Felipe VI y la reina Letizia se han sumado al pésame por el fallecimiento de Caballé, que en palabras del monarca constituye "una gran pérdida para la lírica y para todos". Aunque no acudió al funeral, manifestó sus condolencias durante la reunión anual del patronato del Cervantes, órgano al que perteneció la célebre soprano barcelonesa.

Acabada la ceremonia, el coche fúnebre, en el que se distinguían coronas de flores de la familia, del FC Barcelona o de amigos (como el cantante Vangelis), se ha marchado en dirección al cementerio de Sant Andreu, donde la gran diva de la ópera será enterrada en el panteón de sus padres.