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¿Meme o ke ase? Entre el humor digital y la denuncia política

Con la imagen, o el vídeo, como protagonistas y una envidiable capacidad de difusión, los memes van tejiendo comunidad a través de un imaginario compartido. El Memefest 2019, organizado por el CCCB, reflexiona sobre su utilización por parte de los discursos de extrema derecha en Internet en contraposición a los relatos alternativos.

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Cartel de la presente edición del 'Memefest'.

“Un meme es una carcajada inesperada que caduca a las pocas horas”. Sirva esta aproximación al meme de la experta tuitera Dolors Boatella para entrar en harina. Si algo caracteriza nuestro folclore digital, y en concreto ese primer zarpazo en redes que llamamos meme, es su capacidad para la mofa y su aire incontrolable. También, cómo no, su habilidad para ir tejiendo comunidad y apelar al otro, sacudirlo en ocasiones, provocar la risotada a través de una identidad compartida.

Dicho menos finamente y tirando de clásicos; todos sabemos a qué nos referimos cuando tenemos a bien proferir aquello de ‘contigo no bicho’ o cuando echamos mano del siempre recurrente ‘la he liao parda’. Por nuestro imaginario se pasea un tipo en gayumbos relatando el cruel desaire de una joven la noche anterior o la atribulada explicación de una socorrista que al parecer no realizó la mezcla apropiada.

Lucía Calvo: "En ese vacío entre el discurso oficial y el relato popular es donde explotan los memes"

“En el contexto actual, en el que estamos tan conectados y tenemos una conversación pública tan intensa, prácticamente todo se ha memetizado; las frases que decimos, de qué nos reímos y cómo lo hacemos, todo eso está relacionado con una comunicación que tiene a la imagen como protagonista”, explica Lucía Calvo, codirectora junto a Clara Duch, Maria Farràs y Edgar Riu del Memefest 2019. Un evento que tendrá lugar este sábado en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona y que busca reflexionar sobre temas de actualidad como el auge y blanqueo de los discursos de extrema derecha en Internet en contraposición a la fuerza revolucionaria de las comunidades con relatos alternativos.

Porque corren tiempos belicosos en los que la opinión pública anda a la gresca casi de forma continuada. Las redes y su capacidad para inseminar en el debate ideas o posturas alternativas se antoja, de un tiempo a esta parte, una herramienta esencial para los actores políticos. “El relato está en disputa constantemente”, apunta Calvo. “La violencia, el feminismo, la independencia de Catalunya… Son relatos en permanente pugna, de tal forma que la gente que no se siente representada por ese relato, y es en ese vacío que se genera entre el discurso oficial y el relato popular donde explotan los memes”.

Así, en ese magma de ocurrencias e irreverencias varias, se va filtrando también un nuevo tipo de meme que incurre en la arena política con las armas del humor. La polarización y el enconamiento son el campo de batalla idóneo para disparar chanzas a tutiplén con el fin de traspasar barreras ideológicas. Nada nuevo bajo el sol; la risa como puerta de entrada a la persuasión.

“Me sorprende la comunicación de Vox, creo que hacen una utilización muy buena de este tipo de herramientas, cuando ves sus vídeos en Youtube, por ejemplo, así como sus memes, parece como que están mal hechos pero en realidad saben muy bien a quién se dirigen”, apunta Calvo. Seguramente recuerden aquel meme en el que Abascal, haciendo las veces de Aragorn [El señor de los Anillos], se enfrentaba provisto de una bandera de España a sus orcos particulares, representados por las feministas, la bandera republicana, los medios de comunicación, la hoz y el martillo y, por supuesto, una de las grandes dianas del partido: el colectivo LGTBI.

El meme de Vox y su correspondiente respuesta.

La utilización por parte de los sectores más conservadores de los memes, estrategias de comunicación y símbolos pop para diseminar su ideología de forma masiva y eficaz ha alcanzado en los últimos años un notable nivel de sofisticación, pese a que en lo puramente estético abracen el feísmo. Sirva de muestra el fotomontaje, un tanto rudimentario, en el que aparece su cara en el cuerpo de Rocky Balboa. Fue su forma de sacar pecho el mismo día en que EEUU informó de que el PIB del país creció a una tasa interanual del 2,1% entre julio y septiembre.

Y ante la avalancha de ranciedad, las comunidades marginadas se rearman también vía memes. Es el caso, por ejemplo, de Memes Feministas, una cuenta que lleva lanzados la friolera de 400 memes desde 2013. Son precisamente estas voces que tratan de combatir el falocentrismo imperante, las que reciben el apelativo de “ofendidito”. Un término que admite variaciones a gusto de consumidor y que, por lo general, encuentra en neopuritanas, moralistas o adalides de lo políticamente correcto, su particular parentela léxica.

Todo un glosario para referir a aquellos y aquellas –por lo general son ellas las aludidas– que se preocupan –e incluso escandalizan– ante las repercusiones que puede tener un determinado asunto cultural o mediático. “Reírse del ofendidito es un placer que a mucha gente le hace sentirse inteligente y por tanto le gusta compartir, te hace formar parte de una especie de subcultura, un grupo de personas que sí han entendido el chiste, la ironía, o lo que sea que esté en disputa”, explicaba la periodista Lucía Lijtmaer en una reciente entrevista con Público.

Una pugna que vale la pena disputar cuando hay tanto en juego: “El meme tiene la capacidad de empoderar y hacer colectivo, esa es una de las principales bazas de esta forma comunicación”, remata Calvo. Con todo, conviene relativizar: “No podemos pedirle al meme más de lo que nos puede dar”.