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"¿Por qué no hiciste nada?": la pregunta que condena a las víctimas de abuso

La dramaturga Bàrbara Mestanza, víctima de abuso sexual, aborda en 'Sucia' su particular viaje al centro del trauma. Un intento por legitimar el relato de la víctima frente a los prejuicios y los discursos heredados.

Bàrbara Mestanza
La dramaturga y actriz Bàrbara Mestanza durante una representación de 'Sucia'. Teatro de La Abadía

¿Por qué no hiciste nada? Hay preguntas que se convierten en disparo, que se formulan como proyectiles y que, una vez realizada la descarga, encuentran que su objetivo ya está herido. La actriz y dramaturga Bàrbara Mestanza estuvo ahí. Recibió el disparo pero estaba lastimada de antemano. El daño estaba hecho, ahora solo quedaba escarbar un poco, revictimizar a la víctima. 

Bàrbara fue abusada sexualmente hace seis años en la calle Toledo de Madrid. Una experiencia que le dejó inerme por un tiempo, sin respuestas, pero con esa maldita pregunta de fondo. No hice nada por guarra, por drogata, no hice nada por puta, no hice nada porque yo ya estaba sucia de antes. Un poquito más de mierda no era nada especial, se desquita la joven en Sucia

Sucia es la respuesta a esa pregunta. Una obra que se podrá ver en el Teatro de La Abadía hasta el 30 de mayo y que, como explica Mestanza a Público, busca la mejor de las redenciones, la que se alía con el arte para ponerle nombre a lo inefable: "Tenía que hacer algo bello de aquello, tenia que convertir mi herida en una perla como hacen las ostras". 

Así nace Sucia, con vocación de reconquista. Una lucha librada por una mujer que no se resigna a perder su territorio más preciado, el único realmente propio; su cuerpo. "Me partieron en dos, debía recolonizar mi país, que es mi cuerpo, mi piel, mis límites... Necesitaba generar algo, sanar la herida. Cuando digo crear algo bello no me refiero a blanquear lo que me ha pasado, ni siquiera a perdonar al agresor. No significa olvidar, tan sólo perdonarme a mí misma". 

Urge revisar el modo en que nos aproximamos al acoso, desmantelar de una vez por todas la asepsia de los números. Sucia se revuelve también contra el relato que queda tras la brutalidad machista, el modo en que los medios y la sociedad perpetúan lo innombrable a base de frías cifras y lugares comunes. Nada como la piel de una víctima para evidenciar hasta qué punto la herida existe, es real. 

"La clave está en no tratar de embellecer algo que es horrible, en ser honesta conmigo misma contando las cosas tal y como las sentí y las siento, por muy feas que sean, porque lo bonito también está es mostrar lo que nos duele de un modo real, sin volverlo rosa, ahí radica también la belleza", explica la joven dramaturga. 

Nacho Aldeguer y Bàrbara Mestanza en 'Sucia'. Teatro de La Abadía

De la mano del actor Nacho Aldeguer, que coprotagoniza la obra junto a la propia Mestanza, Sucia propone un cambio de roles con fines terapéuticos, un intento por poner al hombre en el lugar de la víctima para así fomentar la otra mirada, una mirada empática capaz de reconocer en el otro el poder (y el dolor) que puede llegar a ejercer.

"Apenas podía dormir, no dejaba de darle vueltas a lo que me había sucedido, pensé en la posibilidad de lograr la empatía total por parte de ese hombre que había abusado de mí, conseguir que entendiera lo que había hecho, como si buscara que la masculinidad sintiera en sus propias carnes lo que todas nosotras sentimos desde que nacemos", explica Bàrbara.

Y ahí, en ese intento por sacudir los privilegios del que abusa, y en el compromiso por legitimar el relato de la víctima, ahí es donde radica la belleza de Sucia, una belleza que no busca compasión, que se da de bruces con el trauma para rescatar un relato honesto, un relato que visibilice lo que le pasa a un cuerpo real que ha sido agredido. 

Sucia es, en ese sentido, un pasito más para esa revolución que está por venir y que, según apunta la autora, requiere que muchos hombres asuman, de una vez por todas, su responsabilidad en tanto dolor. "Creo que el mundo de la cultura, que tanto le gusta decirse izquierdoso, pero que apesta a derecha, a burguesía, a privilegio y a macho alfa que deja el pene encima de la mesa en cada trato que haces con cada teatro, se empiece a mojar, se signifique y asuma que se ha abusado y se ha tratado mal a muchas mujeres". 

Un instante en 'Sucia'. Teatro de La Abadía