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Witches (las llaman) "A ojos del patriarcado todas somos unas putas a las que hay que atar corto"

Teresa Lozano, actriz y cofundadora de Towanda Rebels, protagoniza el corto 'Witches (las llaman)' dirigido por José Barroso.

La actriz Teresa Lozano | Facebook

Nuria Coronado Sopeña

Salió escaldada del cine cuando hace dos años, tras protagonizar Ligones, el largometraje dirigido por José Texeira, acudió a su estreno y se topó con que la cinta apestaba a machismo. Nada más ver en pantalla el resultado del montaje Teresa Lozano pensó en sus principios como feminista y no en su carrera como actriz y se negó a promocionarla. "Se que echo piedras sobre mi propio tejado, pero ver que uno de los personajes viola a una chica ebria sin consentimiento en una escena o que la película está plagada de machismo, y perpetúa, desde el minuto uno, esa imagen de los hombres cazadores, que sólo quieren carnaza y las mujeres locas, inseguras y que les va la marcha, no va conmigo", dijo en su día.

Ahora Witches (las llaman) la ha reconciliado con el mundo de la actuación, y vuelve con toda la fuerza y las ganas del mundo para mostrar su valía y recordarse a sí misma porqué ama tanto interpretar. “Salí del mundo del cine un poco escaldada debido al machismo y a la falta de oportunidades para hacer proyectos en los que no me sintiera cosificada y encasillada en un papel que detesto. Poder darle vida a una historia que quiere recuperar la voz de las mujeres y romper cuentos misóginos ha sido un gustazo. Hacerlo me ha recordado por qué siempre quise ser actriz, porque a veces rodando el camino se nos olvida. Yo quería ser actriz porque quería contar historias, mover conciencias. Y con este corto siento que hago honor a mi vocación”, explica a Público.

La mirada necesaria

Y es que para la actriz y también componente de Towanda Rebels la interpretación feminista es la mejor terapía que puede haber para combatir el virus tan bien enquistado de la educación patriarcal. “Tanto el teatro como el cine forman parte de nuestra cultura y, por lo tanto, el hecho de que se escriba y dirija desde una perspectiva feminista por supuesto que es terapéutico para la sociedad. Necesitamos mucha más obra feminista en todos los campos del arte y de la cultura, porque a través suyo podemos cambiar nuestra manera de ver las cosas y transformar a la sociedad”, comenta.

“Las mujeres tenemos una historia común que es la de la invisibilización y la de la violencia", denuncia Lozano

Y en esa labor de cambiar el mundo Lozano considera básico escucharnos como mujeres para visibilizarnos. “Las mujeres tenemos una historia común que es la de la invisibilización y la de la violencia. Y sí, el feminismo te enseña que lo que te ha ocurrido no es algo fruto del azar o de la mala suerte, sino consecuencia de haber nacido mujer en un – todavía- mundo de hombres con una arraigada cultura patriarcal. El problema ha sido siempre que los encargados de escribir y contar la historia (y las historias) han sido hombres por lo que no es una locura afirmar que nos han robado, al menos, el 50% de la historia”, recalca.

Y Witches, las llaman apela a ese dejarse ver, sentirse y notar a través del monólogo de una bruja como protagonista. “Nada mejor que el relato de la bruja (que no princesa) para hacerlo. Con su voz podemos conocer su versión de los hechos, que nada tienen que ver con el cuento tradicional. Y esto podría extrapolarse a cualquier relato tradicional porque todos han sido escritos, interpretados y reinterpretados sin contar con nosotras y con el fin de naturalizar, romantizar y perpetuar nuestra opresión”, añade.

Un monólogo plagado de dureza, dolor y rabia que la actriz asegura no es más que la el reflejo de la historia de la mitad de la población. “Si las mujeres hubieran tenido la oportunidad de hablar, de contar vivencias, de escribirlas… conoceríamos el otro 50% de la historia. Y esta mitad seguro sería terriblemente dura, incómoda, llena de atrocidades e injusticias. De hecho, así comienza el movimiento feminista: rompiendo el silencio, gritando en las plazas, estrellando plumas contra el papel para que las siguientes podamos conocer de dónde venimos, nuestra genealogía usurpada. Sin embargo, en pleno siglo XXI para las mujeres hablar, contar… sigue siendo un acto revolucionario. Y sí, hablamos con dureza de las cosas que nos hacen daño, de las creencias que hacen posible que nos violen, nos maten, nos casen, nos mutilen, nos compren, nos vendan. La rabia es nuestro motor, no hay nada de malo en estar rabiosas ante las injusticias. Han sido las rabiosas las que han hecho posible todos y cada uno de nuestros avances”, aclara.

El poder de la rabia

Por eso mismo Lozano reclama la furia femenina. “Una sociedad que no siente rabia ante lo que nos están haciendo es una sociedad autodestructiva, muerta, sin futuro. En este sentido, no puedo dejar de pensar en nuestras hermanas mexicanas, que están siendo criticadas por mostrar su ira y su rabia en las calles ante la escalada de violencia que están viviendo. Pero lo que más de 300 años de historia de lucha feminista han demostrado es que con el por favor no llegamos ni a la vuelta de la esquina, y estamos cansadas de esperar para que dejen de matarnos. Es hora de avivar los dragones interiores de todas las mujeres del mundo”, subraya.

“Una sociedad que no siente rabia ante lo que nos están haciendo es una sociedad autodestructiva, muerta, sin futuro"

Así Teresa y su bruja o la bruja Teresa combaten con esta interpretación por ella misma pero también por el resto de las mujeres. Las que están y las que no. “La bruja es simplemente una mujer libre, dueña de su destino, que no rinde cuentas a nadie. Es el arquetipo de la mujer sabia, salvaje, en contacto con la naturaleza y consigo misma. Es un tipo de mujer que existió en sociedades pre patriarcales en las que la mujer era profundamente valorada y respetada. Pero esta mujer fue secuestrada y convertida en princesa, en jarrón, en propiedad de los hombres. Le arrebataron su dragón, su fuerza interior, y la convirtieron en una princesa. El relato es, para mí, una metáfora de la socialización femenina: a las mujeres se nos arrebata nuestra esencia y después se nos socializa para que cumplamos nuestro papel, que es el de complacer a los varones. Y, más perverso aún: si la socialización es perfecta, creeremos que somos así por naturaleza o que nosotras lo elegimos y además nos haremos cómplices del sistema”, explica.

Sin embargo la coautora del libro #HolaGuerrera también tiene claro que para poder avivar los dragones antes hay que saberse presa de un mundo que nos condena a las mujeres a una ciudadanía de segunda categoría. “Reconocer que no somos libres es un camino duro. A ninguna mujer le resulta fácil darse cuenta de los muros que todavía la mantienen presa, saberse víctima de un sistema injusto. Y la trampa precisamente ha sido hacernos pensar que ya estaba todo conseguido, que habíamos conquistado la igualdad real. Podríamos pensar que las mujeres alienadas son más felices porque viven en una burbuja, pero no es cierto. Creo que es el feminismo lo que nos libera de la culpa y tomar conciencia de quiénes somos realmente y lo que queremos”, remarca.

Cartel del corto 'Witches (las llaman)'.

Yonki del amor romántico

Esa misma liberación ha llevado a la actriz al hartazgo, a poner punto final en su vida al cuento de los caballeros salvadores. “Yo siempre digo que desde pequeña fui una yonqui del amor romántico. Con cuatro años ya estaba perdidamente enamorada del caballero entre caballeros, ¡el rey Arturo de Camelot! De hecho, estaba obsesionada con que ese señor tan importante viniera a salvarme, aunque no tenía ni idea de qué. Pero era lo que veía y engullía a todas horas, la misma historia repetida cientos de veces en libros, tebeos, películas, canciones… Mucho tiempo después me di cuenta de los cuentos de princesas y caballeros nos joden la cabeza. Y utilizo esa expresión porque a veces pienso que por mucho que intentemos sacarnos todos esos mitos de encima, están instalados a fuego en nuestro disco duro y cuesta años y mucho esfuerzo resetear el sistema. Creo que todas estamos, sin eufemismos, hasta el coño de caballeros que quieren matar a nuestro dragón interior y convertirnos en sus esclavas sonrientes”, subraya.

"La idea de que ahora somos libres y libremente elegimos cosificarnos y sexualizarnos es un golazo neoliberal que nos ha metido el patriarcado"

Y quien dice esclavas sonrientes, dice putas. “A ojos del patriarcado todas somos unas putas a las que hay que atar corto. La liberación sexual de la mujer es un asunto pendiente en todo el mundo, también en nuestras sociedades formalmente igualitarias en las que hemos pasado de tener que ser santas y puras a tener que sexualizarnos a más no poder para seguir, cómo no, contentando a los hombres. Y para conseguir esto han utilizado un arma propagandística terrible, que es la pornografía. La idea de que ahora somos libres y libremente elegimos cosificarnos y sexualizarnos es un golazo neoliberal que nos ha metido el patriarcado. Pero el feminismo está haciendo su trabajo, y poco a poco cada día somos más mujeres las que nos damos cuenta de la trampa y luchamos para un día no haya ni putas ni sumisas, solo mujeres que disfrutan, por fin, de su sexualidad”, añade.

El culpable de sacar a las brujas

Esta aventura cinematográfica de Teresa Lozano no habría sido posible sin el compromiso y el empeño de José Barroso, su director. El también actor resume la idea de Witches las llaman por la necesidad de ser honesto. “Este corto no es más que uno de tantos cuentos que han pasado de generación en generación y que, al vivir bajo una educación y una cultura patriarcal, jamás te planteas darle la vuelta a la historia. Hasta que de pronto eso ocurre. Entiendes que esta sociedad en la que vivimos está dominada por el patriarcado y comprendes que, si miramos desde otro ángulo la historia tiene otro significado, más auténtico, más justo, más real. Y yo vengo del teatro, de la verdad, así que, si dirijo, si escribo, quiero contar la verdad”, explica a Público.

José Barroso, director de 'Witches'

Por eso Barroso ha hecho en tres minutos y medio el relato que casi nunca se hace. Ha contado la misma historia de siempre, pero cambiando los roles. “Aquí, el dragón y la mujer son una misma persona. Nada de que el monstruo vigile a la princesa, no hay princesas, sino guerreras y la fortaleza y la magia del monstruo vive dentro de ella”.

"Las brujas son la libertad. La primera a la que conocí fue mi madre y ella luchó siempre", asegura Barroso

Y es que, según añade el director andaluz, sin brujas no hay libertad que valga. “Las brujas son la libertad. Ellas son las guerreras más extraordinarias con las que jamás me he encontrado. Las brujas siempre han estado en mi vida. La primera bruja a la que conocí fue mi madre y ella luchó siempre por su libertad. Y venció al caballero. Y recuperó su dragón, un tanto herido, pero con el corazón aun latiendo. Y ayudó a otras aprendizas de bruja a conseguir su propia libertad. Cuando me preguntaba a qué me quería dedicar y yo le decía que quería estudiar Arte Dramático ella siempre respondía: quieres ser libre. Recuerdo a sus amigas brujas que también lucharon por sus propias libertades. Yo creo que el patriarcado usa ese término, entre otros, para deslegitimar, para insultar. Pero para mí siempre ha sido un piropo. Las brujas son inteligentes, son mágicas, pueden volar, pueden hacer cosas fantásticas que el resto de las personas no pueden hacer. Son guerreras natas”, apostilla.

Preguntado por qué ha elegido a Teresa como actriz para el corto responde preciso y seguro que es porque gracias a ella ha podido ver la desigualdad. “Ella me ha ofrecido la verdad, no hay otro interés sino tratar que este mundo se equilibre de una vez. Y en los tiempos que corren, que alguien se preste a abrirte un poquito más los ojos es de agradecer. Teresa y yo nos conocemos desde hace más de diez años, estudiamos juntos interpretación. La he visto actuar desde el corazón, interpretar a la Antígona de Anouilh y dejar al público en silencio. Y he sido testigo de sus conferencias sobre feminismo, agarrar un micro y hablar a sus compañeras y compañeros. Por eso sabía que la idea de su personaje frente a la cámara dramatizando el texto sin apenas acciones podía funcionar, no aburriría ni cansaría. Cuando le mandé el guion a ella también le gustó la idea. Así que la combinación era perfecta”, finaliza.