Público
Público

EEUU-China La guerra comercial entre EEUU y China dispara las ventas del campo español

La pugna arancelaria entre Trump y Pekín y la subida del dólar animan la exportación de cereales y forrajes al gigante asiático en un año de desplome de las reservas globales.

Publicidad
Media: 4
Votos: 6

La exportación de alfalfa deshidratada desde España a China superó las 14.000 toneladas en solo ocho meses.

La guerra comercial entre EEUU y China también produce ‘beneficios colaterales’, entre los que destacan los que está encontrando el sector agrario español, cuyas exportaciones al gigante asiático de algunos productos como cereales y forrajes se están disparando.
“Las exportaciones de cereales a China se han duplicado en el primer semestre de este año”, explican desde la Cámara de Comercio de España, cuyos datos recogen aumentos notables en otros sectores como el del forraje, cuyo volumen superó en un 73% al de 2017 solo en los ocho primeros meses de 2018 y se acercó a las 115.000 toneladas, y la fruta, en la que el incremento ronda el 25% para superar las 25.000.

El Gobierno de Donald Trump ha desatado una política económica proteccionista que le ha llevado a lo largo de este año a abrir frentes arancelarios con la UE, México y Cánada por un lado, y con China por otro.
Esas tensiones arancelarias cuyo objetivo es frenar la importación de género hacia EEUU desde las áreas señaladas, han llevado a varios países a variar sus estrategias de comercio exterior y han provocado una respuesta contundente de China, que ha impuesto fuertes trabas a la exportación hacia su territorio de 659 productos estadounidenses entre los que destacan varios agrarios.

Esa última medida está comenzando a tener efectos beneficiosos en el campo español, en el que han comenzado a aumentar las exportaciones de algunos productos como los cereales y el forraje, principalmente deshidratado. Su destino es alimentar a la creciente cabaña ganadera del gigante asiático, donde el aumento de las rentas ha estimulado la demanda de artículos cárnicos.

Comida para el ganado

Los datos de la Cámara de Comercio indican cómo solo entre enero y agosto la industria forrajera española cerró 368 operaciones de exportación hacia China con un volumen de 144.893 toneladas valoradas en algo más de 23 millones de euros.
En los dos años anteriores no pasó de 66.000 y la facturación no superó los 14,3 millones, lo que indica que los chinos han regresado con fuerza a un mercado que habían comenzado a abandonar a finales de 2015, tan solo un año después de abrir ese cauce cuando sus compras sumaron 143.403 toneladas por 37,2 millones de euros. Si se mantiene el ritmo, se superarán las 170.000 y los 34 millones.


La apertura de mercado chino llega poco después de que las forrajeras españolas comenzaran a exportar alfalfa deshidratada para alimentar al ganado a los países del Golfo Pérsico  y a algunos del sudeste asiático.
Los flujos de cereal son menores, ya que de hecho España es un país deficitario en ellos por la demanda de su descomunal cabaña ganadera, entre la que destaca la porcina cuya producción de residuos y emisiones de gases de efecto invernadero  ya está provocando graves problemas ambientales en varias zonas del país.
De hecho, multinacionales de capital chino como Cofco llevan tiempo operando en España, desde donde realizan compras de cereales como la cebada que son exportados para alimentar allí al ganado, explican fuentes de Cooperativas Agro-Alimentarias.

Paralelamente, llama la atención cómo China lleva varios años aumentando la importación de pienso para ganado, ya elaborado, desde España. De hecho, el volumen se duplicó desde las 3.527 toneladas de 2015 a las 6.551 de 2017, antes de caer a 2.867 en los primeros ocho meses de este año.

Caen las reservas globales de cereal

“Ha habido un giro y se está empezando a notar”, señalan fuentes de COAG (Coordinadora de Organizaciones Agrarias y Ganaderas), que, no obstante, apuntan que a las tensiones arancelarias entre China y EEUU se le suman varios factores más que están resultando beneficiosos para el campo español.

Entre ellos destacan la subida del dólar, que encarece los negocios de importación con EEUU, así como el hecho de que este año la cosecha de cereal haya sido floja a nivel global. De hecho, las reservas mundiales han bajado por primera vez en cuatro años, lo que obliga a las principales economías a buscar suministros alternativos a los de los últimos ejercicios.

En cualquier caso, las mismas fuentes advierten de cómo los fondos de inversión, los fondos soberanos y las multinacionales chinas han comenzado a dejar atrás la estrategia de acaparamiento de tierras que han estado desarrollando por África, Latinoamérica y países como España para comenzar a centrarse en la adquisición de ‘know-how’, es decir, de tecnología, para replicar en su país de origen los procesos productivos.

Enmarcan en esa línea, por ejemplo, el intento del grupo chino Kam Fung para hacerse con Incarlopsa, el principal suministrador de carne de Mercadona, firma por la que llegaron a ofrecer mil millones de euros.

Más fruta, menos carne y vino

Los datos de la Cámara de Comercio reflejan también un espectacular aumento de las exportaciones de fruta española a China en los últimos años, un flujo relacionado también con el cambio de los hábitos de consumo en el gigante asiático y que se ha sextuplicado con creces en tan solo tres años: el registro de 4.277 toneladas de 2015 había pasado a 25.016 solo en los primeros ocho meses de 2018


Por el contrario, esas mismas estadísticas revelan un ‘pinchazo’ de las exportaciones de carne, principalmente como consecuencia de la caída de la demanda de porcino tras haber comenzado las multinacionales chinas a producirlo en algunos países africanos.

No obstante, las 223.962 toneladas colocadas entre enero y agosto, valoradas en 301 millones de euros, auguran que el volumen seguirá superando las 300.000 al acabar el año, aunque todo apunta a que será el segundo ejercicio de caída.
Ocurre algo similar con el vino, sector en el que las 12.701 remesas enviadas por las bodegas españolas a China entre enero y agosto suponen poco más de la mitad de las 23.023 cerradas en 2017, mientras el valor, tras dos años con crecimientos de la facturación superiores al 20%, caía de 233 a 140 millones.