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El IPC acumula un aumento del 15% desde los confinamientos y se come dos sueldos mensuales en tres años

El efecto base tras las potentes subidas del IPC en los dos últimos años se suma a un menor ritmo de encarecimiento de los bienes y servicios desde el pasado verano para frenar el aumento aritmético de unos precios que siguen al alza mientras la congelación salarial afecta a la mitad de los trabajadores

14/04/2023. El alza de los precios acumula quince puntos en tres años sin incluir el encarecimiento del dinero y de la vivienda.
El alza de los precios acumula quince puntos en tres años sin incluir el encarecimiento del dinero y de la vivienda. PxHere (CCO)

La inflación comienza a moderar su aumento, con una tasa interanual del 3,3% en marzo. Esto supone que la velocidad a la que están subiendo los precios se ha reducido en dos terceras partes en un año tras el 9,8% de marzo de 2022, cuando alcanzó su mayor cota en 37 años (desde octubre de 1985), y casi en un tercio en un mes desde el 6% de febrero. 

Esa tendencia incluye un "aplanamiento de la curva" que refleja que los precios solo han aumentado un 0,7% desde el mes de junio del año pasado, coincidiendo con la aplicación de medidas como la rebaja del IVA de la electricidad al 5%. En ese mismo tiempo ya estaban en vigor otras como la ayuda de 20 céntimos por litro de combustible, que tiraron a la baja de las facturas de confort "térmico y de movilidad de los hogares".

"El IPC solo ha aumentado un 0,7% en los últimos 10 meses, que es lo más relevante", explica el economista Eduardo Garzón, quien señala que "los precios de los alimentos han subido, pero eso se ha compensado con la moderación de los precios de la energía. Desde julio de 2022, la inflación apenas ha aumentado, salvo en febrero y marzo de este año".

No obstante, esa relajación del incremento de los precios también tiene una componente aritmética conocida como efecto base o efecto escalón, por el que el ritmo de subida de los precios en etapas inflacionistas resulta menor conforme pasa el tiempo al calcularse sobre niveles más elevados.

Las consecuencias del efecto escalón

La tasa interanual de marzo viene a confirmar las previsiones de Funcas, que hace unas semanas pronosticaba "una bajada significativa, debido a un fuerte efecto escalón en los productos energéticos". En abril, se prevé "otro efecto escalón en el sentido opuesto", en el que "volverá a elevar la tasa general".

"La actuación de diversos efectos escalón a lo largo del año en diferentes sentidos –favorable en los meses centrales del año y desfavorable en los meses finales–, como consecuencia de la elevada volatilidad de la energía durante 2022, supondrá que la tasa interanual prevista para diciembre sea superior a la media anual, un 5,2%", señala el centro de análisis de la fundación de las antiguas cajas de ahorro.

En 2021 y 2022 los precios subieron un 12,6%

Si se cumplen esas previsiones, la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores que no hayan visto revisados al alza sus salarios en los tres últimos años se disparará al 18,45% en un trienio. Hay que tener en cuenta que en 2021 y 2022 los precios subieron un 12,6%.

De hecho, si se toman como referencia los tres años transcurridos desde el inicio de los confinamientos en marzo de 2020, esa pérdida de poder adquisitivo se sitúa ya en el 15%. Aunque con la particularidad de que los precios apenas variaron ese año (el interanual cerró al -0,5%) para iniciar la etapa alcista en la primavera de 2021.

Una pérdida mínima del 5,3% de poder adquisitivo

Sin embargo, la revisión de los salarios no ha seguido una senda similar a la de los precios, ya que no se incluyen dos factores cuyas subidas están provocando quebraderos de cabeza en varios millones de hogares como son la vivienda y los créditos.

Según los datos del Ministerio de Trabajo y de la EPA, la revisión salarial incluida en los convenios fue del 1,74% en 2020 pero solo para 10,7 de los 16,1 millones de asalariados. Al año siguiente se situó en el 1,72 para 7,67 de 16,62. Y en 2022 se elevó al 2,78%, aunque únicamente para 9,04 de 17,25, lo que significa que prácticamente la mitad de los trabajadores por cuenta ajena se quedó al margen de esos aumentos en cada uno de los años. 

Varios millones de trabajadores ya han perdido hasta un 12% de su poder adquisitivo

La situación ha mejorado ligeramente en los primeros meses de este año, en los que la subida media de 2022 se ha elevado hasta el 3,1% a falta de computar la aplicación del total de las cláusulas de revisión salarial que ya estaban incluidas, según explicó Maricruz Vicente, secretaria de Acción Sindical de CCOO.

En cualquier caso, esos datos indican que varios millones de trabajadores ya han perdido hasta un 12% de su poder adquisitivo al quedarse fuera de las tres subidas. O hasta un 15%, que equivale a algo más de dos de las catorce pagas anuales si el cálculo se hace de marzo de 2020 al mismo mes de 2023.

Paralelamente, la pérdida de poder adquisitivo en el trienio alcanza el 5,3% para el escaso número de asalariados que haya podido verse beneficiado por las subidas medias de sueldo de los tres últimos años.

Un escenario global a la baja con la comida al alza

Al margen de ese efecto escalón y de sus consecuencias en la capacidad de compra de los hogares si se observa en el lago plazo, lo cierto es que la tendencia alcista de los precios ha comenzado a moderarse en los últimos meses. Esto, en un escenario a cuyo mantenimiento apuntan varios indicios pese al ligero repunte del 0,9% y del 0,4% en términos mensuales registrado en febrero y marzo.

El economista Eduardo Garzón apunta a tres factores clave, dos de los cuales tiran a la baja mientras el tercero opera en sentido contrario, para explicar el escenario actual.

"Los cuellos de botella de las cadenas de suministro internacionales están desapareciendo, estamos en niveles inferiores a los de antes de la pandemia, y eso permite que haya un flujo de mercancías que no dispare al alza su precio", señala Garzón. A su vez, según recogen varios indicadores globales, "también los precios internacionales del gas y el petróleo, y de los alimentos incluso, están bajando".

No obstante, el precio final de los alimentos, que añade a los costes de producción los de transformación, distribución y venta, siguen tirando al alza de la inflación, que no deja de medirse con un índice resultado de una ponderación de factores.

"Todo está contribuyendo a que baje el IPC salvo los precios de los alimentos" por dos motivos fundamentales. Por un lado, el retraso con el que registran el abaratamiento de factores como la energía, el transporte o los fertilizantes al tratarse de ciclos de producción largos, anuales en buena parte de los casos. Y, por otro, los márgenes empresariales.

Los márgenes, los tipos de interés y la subyacente

"Los márgenes se están disparando, y eso significa que las empresas están aprovechando este escenario de subida de precios para aumentarlos más de la cuenta, más de lo que se debería por el aumento de los costes de producción", señala el economista.

Los datos desagregados del IPC que ofrece el INE sitúan a los alimentos como los productos con un mayor encarecimiento en términos interanuales, con un índice medio del +23,1% sobre los niveles de 2021 que duplica con creces el aumento general del +11,1%. Esto se ve notablemente rebasado por el aumento de rúbricas concretas como los cereales y sus derivados (+32,6%), los huevos (+35,5%), la leche (+43%), las grasas y aceites (+52%), las legumbres (+37,3%) o el azúcar (+55,6%). 

"La caída de la inflación total en marzo obedeció al final de un efecto escalón en los productos energéticos", señala Funcas, cuyo análisis señala que "la leve bajada de la subyacente indica que el ritmo de subida de precios del resto de productos sigue siendo intenso".

Ese nivel elevado de la inflación subyacente se perfila como uno de los principales obstáculos para que el BCE (Banco Central Europeo) modere las subidas de tipos de interés, que están poniendo a prueba la solvencia de empresas y de familias al encarecer su acceso a la financiación. 

"Los tipos de interés no tienen nada que ver con la reducción de la inflación, eso es algo que incluso reconocen los dirigentes del BCE, cuyos informes admiten que el efecto de las subidas tarda meses, varios trimestres, en tener efectos. De hecho, prevén que el impacto, al menos en su mayor parte, llegará en 2024", indica Garzón, para quien ahora mismo no estamos "en una situación alarmante".

Sin embargo, añade, "las autoridades monetarias se están fijando en la inflación subyacente, que sigue aumentando, sobre todo por los alimentos elaborados, en una situación que también se explica por el efecto de retardo y por los beneficios empresariales".

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