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El precio de la luz Las familias pagan por la misma electricidad el doble que hace doce años

La Encuesta de Presupuestos Familiares constata cómo la factura de la luz de los hogares españoles ha pasado de 7.400 a 14.800 millones de euros desde 2006 mientras el consumo, tras dispararse la demanda con la burbuja y desplomarse con la crisis, sigue estancado en torno a los 53.000 millones de kilowatios/hora al año.

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Contadores de la luz. (Co Van Den Ham | PEXELS)

Los hogares españoles pagan por la electricidad que consumen prácticamente el doble que hace doce años: la factura se ha duplicado mientras el consumo, tras dispararse con la burbuja y desplomarse con la crisis, se mantiene en unos niveles similares, según revela la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE (Instituto Nacional de Estadística).

Según ese trabajo estadístico, que se basa en la información que genera el seguimiento de 24.000 familias, los hogares españoles consumieron el año pasado 53.873 millones de kilowatios hora, tan solo un 1,67% por encima de los 52.986 de 2006.

Esa cifra llega tras un crecimiento del 38,5% en los cuatro años siguientes, hasta 2010, y, ya en plena crisis, un desplome ligeramente superior en el siguiente cuatrienio, hasta 2014. La caída se mantuvo ligeramente en el primer ejercicio de los llamados ‘brotes verdes’ para iniciar a partir de entonces un encarecimiento de cuatro puntos en el último trienio.

Esas variaciones de la demanda tienen más que ver con los hábitos de consumo que con otra cosa, ya que esas oscilaciones cercanas al 40% no se dieron, ni al alza ni a la baja, en el volumen de hogares. De hecho, el número de unidades de convivencia llegó a aumentar ligeramente (0,7%) entre 2013 y 2015, según indica la Encuesta Continua de Hogares, mientras la demanda caía más de un 12%.

La evolución de la factura, sin embargo, ha sido más bien ajena a esa evolución del consumo. E, incluso, contradictoria, ya que, siempre con impuestos y otros gravámenes incluidos en el precio final, continuó subiendo incluso en los años de mayor desplome de la demanda.

De hecho, en los dos últimos ha vuelto a incrementarse de una manera claramente superior a la que iban registrando los contadores: un 13,1% más de dinero para un 2,2% más de energía, casi seis veces más.

El resultado de ese desajuste es que los 7.402 millones de euros que tuvieron que pagar por la luz los hogares españoles en 2006 ya estaban cerca de duplicarse en 2012, cuando la factura global alcanzó los 14.409. La reducción del consumo sujetó el gasto conjunto en los cuatro años siguientes, en los que hubo tres de descenso, antes de desbocarse de nuevo en los dos últimos para llegar a los 14.787 en 2018.

¿A qué se debe esa progresión cuando las medias de gasto por hogar y por persona muestran un comportamiento prácticamente calcado al promedio de los hogares? La respuesta, que parece obvia, la aporta otro de los apartados del estudio: el que se centra en el seguimiento del denominado "coste unitario", que refleja las variaciones del precio del kilowatio.hora y que muestra una constante tendencia al alza a lo largo de toda la serie.

El precio final del kilowatio/hora de consumo doméstico subió en nueve de los últimos doce años, se congeló en otros dos (2008 y 2010) y tan solo bajó, un céntimo, en 2016. El resultado de esa tendencia es que los 14 céntimos de 2016 se habían convertido en 27 el año pasado.

Esa afirmación, no obstante, requiere una matización: lo que ha subido no es lo que el consumidor paga por cada kilowatio.hora que consume, sino lo que desembolsa por esa unidad de energía más los gravámenes que se le aplican en el recibo, entre los que se incluye un 21% de IVA que implica que, en el plano tributario, la electricidad no es un bien de primera necesidad.

La factura de la luz de una familia con un consumo estándar se divide, grosso modo, en cinco partes: dos de ellas se refieren a la energía gastada, otras dos a la potencia contratada (su cuantía supera a menudo a la anterior) y la quinta a los impuestos y el alquiler de los equipos. En los dos primeros casos se incluyen, respectivamente, los costes de producción, que el disparatado sistema español de subasta marginal de España incrementa sin piedad, y conceptos como los peajes de acceso.

La factura del gas sube un 70%

La evolución de los precios ha sido menos acusada en el caso del gas, que es, a la espera de ver qué cuota de mercado va captando el autoconsumo eléctrico con la eliminación del impuesto al sol, la otra principal fuente de energía de los hogares españoles.

No obstante, la factura del gas ciudad, el que llega a las casas canalizado por tuberías, ha aumentado más de un 70% al pasar de los 2.575 millones de euros de 2006 a los 4.441 del año pasado mientras la demanda crecía un 61%, de 3.662 a 5.896 millones de metros cúbicos en ese mismo periodo. En ambos casos, con dientes de sierra en las gráficas.

Paralelamente, tanto el consumo como la factura del gas licuado (butano, principalmente, y en menor medida propano) se reducían. El primero, de una manera constante por el abandono de esta fuente de energía en la última década, en la que la demanda ha caído de 1,25 a 0,8 millones de toneladas anuales (-36%); la segunda, de una manera más sostenida, ya que el descenso de 1.286 a 962 millones de euros supone solo un 25,2%.

En este caso, como ocurría con la electricidad, la caída de la demanda ha coincidido con etapas de encarecimiento del producto, como la de 2009 a 2014, en la que el precio subió un 45%, y la que se viene registrando en los dos últimos años, en los que supera el 11%.