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El triunfo del PSOE esconde tres graves problemas para el futuro

Ferraz no debe descuidarse en Andalucía y Castilla-La Mancha, debe remontar en Murcia, Valencia y Madrid, y fortalecerse en Catalunya y País Vasco robando votos al PP, no a sus potenciales aliados

JOSÉ LUIS DE ZÁRRAGA

Al margen del logro fundamental –y principal resultado de las elecciones– de conservar el Gobierno, los resultados electorales del PSOE, considerados globalmente, parecen bastante buenos: afianza sus votos, con una ligera ganancia (155.000 votos más en el electorado residente), pese a que baja la cifra total de votos a partidos (111.000 menos) y gana votos en 37 de las 52 circunscripciones (en 31 de ellas incrementa en más del 1% los votos que logró en 2004). Sin embargo, un análisis más pormenorizado de estos resultados revela debilidades territoriales muy importantes y fracasos graves en la estrategia desarrollada.

Los objetivos que el PSOE debió fijarse para estas elecciones parecen obvios: 1) mantener posiciones en su principal granero de votos, Andalucía; 2) avanzar en los feudos claves de votos conservadores, Madrid y Comunidad Valenciana, donde el voto socialista está estancado –y en fuerte retroceso relativo– desde los 90; 3) consolidarse avanzando en las autonomías con formaciones nacionalistas fuertes y un PP en posición débil, Cataluña y País Vasco, y 4) mantener o mejorar posiciones en las demás comunidades de la periferia, especialmente en las que había accedido al gobierno autonómico en los últimos comicios, Galicia y Baleares.

En lo primero, el resultado parece suficiente, pero deficiente (suficiente por ahora, deficiente para el futuro); en lo segundo, el fracaso ha sido absoluto; y el éxito en lo tercero y cuarto ha decidido las elecciones a su favor.

En Cataluña y, sobre todo, en el País Vasco, el PSOE ganó votos en proporciones elevadas: un 6% y un 26% más que en 2004, respectivamente. En ambas comunidades los votos del PP disminuyeron, pero en magnitudes mucho menores. Una parte de los votos del PSOE vienen de los nuevos electores y de los votantes de IU e ICV. Pero otra parte viene de votantes de partidos nacionalistas, que los pierden masivamente (en Euskadi el PNV pierde el 27% de sus votos y EA, el 38%, y en Cataluña, CiU pierde el 7% y ERC, el 54%). Estos últimos son votos coyunturales, que es dudoso que puedan mantenerse en el fututo.

En Galicia, donde el PSOE ganó casi un 5% de votos respecto a 2004, el resultado se logra de modo muy distinto que en Catalunya y País Vasco: el BNG mantiene sus votos y las ganancias socialistas se producen a costa de pérdidas del PP, que vio disminuir su voto de 2004 en un 5%. Es el modelo ideal de captación de votos para el PSOE, porque lo fortalece sin debilitar a sus aliados, ganando votos en la banda central y sin perderlos por su izquierda.

El caso de Canarias es distinto tanto por su heterogeneidad interna como por las causas que han incidido en los resultados. El resultado allí ha estado muy directamente relacionado con los escándalos de corrupción que acosan a los nacionalistas gobernantes de Coalición Canaria y hay además una heteogeneidad marcada entre las dos circunscripciones. En ambas el resultado del PSOE ha sido bueno, pero mientras en Tenerife, con un 7% más de votos que en 2004, quedaba por detrás del incremento aún mayor de votos del PP (un 13%), en Las Palmas obtenía uno de sus mejores resultados, con un crecimiento en votos del 27,5% respecto a 2004.

Fuera del éxito en las cuatro comunidades con formaciones nacionalistas fuertes, los principales logros eledel PSOE se han producido en el objetivo secundario –pero nada despreciable– de mejorar resultados y consolidar voto en comunidades menores en las que los socialistas gobiernan o participan en el gobierno, pero en las que existe un PP con fuerte implantación. Son los casos de Aragón y de tres comunidades uniprovinciales: Asturias, Cantabria y Baleares. En ellas el PSOE debía explotar, en las generales, su posición gobernante, ganada en las autonómicas.

En Aragón el PSOE incrementó su voto de 2004 en un 10%, pero el PP mantuvo prácticamente intacto el suyo, sufriendo una pérdida de sólo un 0,2%. La ganancia socialista se logra –como en Euskadi y Catalunya– a costa del voto nacionalista: la Chunta pierde el 60% de su voto en la comunidad y, aunque alguna parte de esos votos habrán ido al PAR (que es el único partido nacionalista que gana votos en proporción alta: un 10% más que en 2004), es el PSOE quien se beneficia de ello.

En Asturias, Cantabria y Baleares, en cambio, el PSOE incrementó su voto (entre un 5% y un 12%) con retrocesos correlativos del PP (entre el 3% y el 6%). En Asturias y Cantabria, el progreso del PSOE es sólo a costa del PP. En Baleares, en cambio, las listas nacionalistas han debido aportar la mayor parte de los votos.

En Andalucía el PSOE sufrió pérdidas ligeras (2%) y en Castilla-La Mancha mantuvo sus votos de 2004. Con ello podría decir que alcanza su objetivo, ya que era difícil superar las cifras de las elecciones anteriores. Pero el PP avanza mucho en ambas comunidades, sacando un 14% más de votos que en 2004 en Andalucía y un 9% en Castilla-La Mancha. Las ganancias del PP en Andalucía provienen en su mayor parte de los votos andalucistas, que disminuyen en un 67%, pero también de votantes socialistas.

El resultado es claramente negativo para el PSOE, no sólo por el fortalecimiento de la posición del PP, sino también porque la redistribución del voto en estas dos comunidades ha restado dos escaños al PSOE y ha proporcionado tres al PP.

Algo parecido ha sucedido en la Comunidad Valenciana y en Murcia. En ambas el PSOE fracasa una vez más en el objetivo de recuperar posiciones, aunque apenas pierde votos (sólo un 1% respecto a 2004). Pero el PP los incrementa mucho: un 14% más en la Valencia y un 13% en Murcia. Con ello, el PP no sólo consolida su dominio, sino que además gana tres escaños (aunque el PSOE logra no perder ninguno).

El mayor fracaso del PSOE ha sido Madrid. En esta comunidad ha perdido el 10% de sus votos de 2004, más que en ningún otro sitio, y el PP ha ganado un 10,5%. Eso, y un escaño menos del PSOE, uno más para el PP y otro para UPyD.

En suma, el PSOE, pese a haber ganado las elecciones, tiene tres problemas, ligados entre sí, de cara al futuro: la volatilidad de los votos nacionalistas con los que ha ganado (Catalunya y País Vasco), la incapacidad de recuperar las posiciones que perdió en los 90 (Comunidad Valenciana, Murcia y Madrid) y los retrocesos que ha sufrido ahora en sus yacimientos de voto más sólido (Andalucía y Castilla La Mancha). 

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