Público
Público

Asalto al Capitolio Un cuartel militar llamado Washington DC

A cuatro días de la proclamación de Joe Biden como nuevo presidente de EEUU, la capital del país tiene más militares desplazados que Irak y Afganistán.

La 14 con la I, calle de Washington, vallada para evitar disturbios.
La 14 con la I, calle de Washington DC, vallada para evitar disturbios. MANUEL RUIZ RICO

manuel ruiz rico

"¿Haciendo fotos para tenerlas de recuerdo?", grita Malcolm a la salida de una tienda en la calle I a la altura del cruce con la 14, a escasos metros de la Casa Blanca y muy cerca de la sede del Washington Post, en pleno centro neurálgico de la capital. Malcolm, negro y nativo de Distrito de Columbia, sale con un carro de reparto de una tienda, uno de los pocos negocios que han abierto en esa zona de la ciudad que está absolutamente tomada desde el miércoles por el ejército y otros cuerpos de seguridad federales y locales. Hay desplegados hasta 20.000 efectivos, es decir, un agente de seguridad por cada 35 habitantes. Hasta el Día de la Inauguración, el próximo miércoles, cuando Joe Biden tomará el cargo de presidente, habrá cuatro veces más militares en la capital que entre Irak y Afganistán juntos.

Habrá cuatro veces más militares en la capital que entre Irak y Afganistán juntos

El asalto al Congreso del pasado 6 de enero llevó a la alcaldesa de la ciudad, la demócrata Muriel Bowser, ha reclamar ayuda militar federal y a declarar el estado de emergencia hasta el jueves 21, el día después de la toma de posesión, para poder bloquear y blindar desde el pasado miércoles la práctica totalidad del centro administrativo de Washington. Preocupa la seguridad no sólo del miércoles, sino que desde este mismo fin de semana hay convocadas "marchas armadas" por parte de grupos extremistas en la capital y ante los congresos de los 50 estados del país.

"Vivo en Washington de toda la vida", añade Malcolm, "y jamás había visto nada así. Nunca. Y he visto un montón de Días de la Inauguración. Nunca había vallas, uno podía ir hasta el Congreso, la Casa Blanca o el National Mall sin problemas, se podía pasar sin ningún impedimento, estaba todo lleno de gente. Pero este año es diferente. Yo hoy terminaré de trabajar y no pienso venir la semana que viene por aquí, mira lo que pasó con el Congreso. Ni de coña, es muy peligroso".

Malcolm se lleva el carro de reparto, ya vacío, hacia un camión. Delante del mismo, los ocho carriles que tiene la calle I a esa altura están cortados por diez enormes barreras de hormigón. Y aún queda un kilómetro hasta la Casa Blanca y casi tres hasta el Congreso, cuyo perímetro está tan férreamente vallado y militarizado como una base militar.

El área de unos siete u ocho kilómetros que se extiende desde el entorno del Congreso hasta el Monumento a Lincoln, que incluye un extenso perímetro de la Casa Blanca y todo el National Mall (el Parque Nacional, icono nacional y famoso por películas como Forrest Gump o la última secuencia de El planeta de los simios de Tim Burton), era al terminar la semana previa a la toma de posesión de Biden una zona blindada y, por lo tanto, fantasmal. Vacía de tráfico y de transeúntes, todo estaba repleto de barreras de hormigón y un laberinto de elevadas vallas, custodiados por policías o militares armados, a menudo apostados sobre carromatos militares. De tanto en tanto pasan operarios colocando más vallas o barreras, cortando maderas o llevando camiones de un sitio a otro.

Los accesos al Capitolio, totalmente cerrados tras el asalto. MANUEL RUIZ RICO

Al entorno inmediato de la Casa Blanca ni siquiera se podía pasar ayer viernes. La residencia oficial del presidente sólo podía verse desde lejos y a través de las vallas, como quien contempla una prisión desde el exterior. Aunque la prisión era ayer esa zona de Washington: hoteles y tiendas cerrados, edificios tapiados para protegerse ante posibles disturbios, cadenas de comida o pastelerías cerrados a cal y canto, igual que bares y restaurantes, hasta el emblemático Old Ebbit, en la calle I, en un lateral de la Casa Blanca. Un cartel en la puerta del establecimiento decía: "El Old Ebbit Grill estará cerrado desde el 13 hasta el 22 de enero. ¡Esperamos verlos de nuevo cuando reabramos!".

Siguiendo esa calle hacia abajo, casi en el National Mall, Félix y Ana Villegas regresaban con las manos vacías de su visita turística por esa zona histórica de la ciudad, a menudo poblada por autobuses de turistas nacionales. "Llegamos el jueves para pasar el fin de semana, hasta el domingo, en Washington. Condujimos desde Huston, Texas, donde vivimos. Teníamos visitas organizadas pero nuestra agencia de viajes no nos avisó de que esto podía pasar. Está todo cancelado. Sabíamos que habría seguridad pero no esperábamos esto. No es ya que las visitas guiadas se cancelen a última hora, es que ni siquiera se puede pasear por esta parte de la ciudad para ver nada", dice Felipe. "Ayer cogimos un taxi para volver a nuestro hotel, y ni siquiera pudo dejarnos en la puerta. Lo hizo a dos cuadras porque el hotel queda en el interior de una zona con el tráfico ya cortado por la policía", añade.

Todo el rectángulo central de césped del National Mall estaba cercado, hasta el punto de que los mendigos que lo suelen habitar vagaban desubicados de aquí para allá sorteando vallas con sus pertenencias en un carrito o se apostaban ahora en los espacios libres de las aceras de la Avenida de la Constitución, una enorme vía de ocho carriles que acaba en el Congreso y sobre cuyo asfalto se podría uno echar una siesta sin riesgo alguno a ser atropellado. Poco antes de las diez de la mañana, delante del edificio del Servicio Federal de Impuestos dormitaba un mendigo en un banco al sol, náufrago urbano de un dispositivo de seguridad tan severo como inclemente con quien no sólo no tiene un hogar sino tampoco sitio alguno al que ir si resulta que cierran la parte de la ciudad que habita.

Sandy, argentina, lleva 24 años en Estados Unidos y 16 trabajando en el mismo sitio: el bar Jack's Deli, en la calle Indiana casi en el cruce con la 7, a unos 20 minutos caminando del Congreso y en una zona repleta de edificios oficiales, federales y locales. Es de los poquísimos bares que están abiertos, aunque está vacío, igual que el bar vecino, que también ha decidido abrir hoy. "Nosotros", –dice– hoy es el último día que abrimos. Los fines de semana cerramos y toda la semana que viene cerraremos también para evitar problemas. El asalto al Congreso fue muy grave y tenemos miedo". Sandy cuenta que vive en Maryland, estado vecino de Washington. Suele ir a trabajar en metro "pero hoy estaban cerradas las paradas de toda esta zona. El metro me dejó en Chinatown y tuve que venir caminando, casi un kilómetro ciudad arriba".

"La semana que viene no sabemos qué pasará pero no queremos estar aquí, igual no podremos ni venir a trabajar", dice, mientras contempla la terraza vacía de un bar aledaño, que ha abierto. De haber alguien en la terraza, rodeada de elevadas vallas, daría más la impresión de ser un preso comiendo en un descanso carcelario que el trabajador de un organismo federal poniendo al día su estómago a mitad de la jornada.

A las espaldas del Congreso, a 15 minutos del recinto asaltado hace dos semanas, se encuentra el restaurante de comida española Joselito. David Sierra, su jefe de cocina, dice que el ayuntamiento de la capital no ha dado ninguna consigna obligatoria sobre si cerrar o no. "Las recomendaciones han sido que usemos el sentido común, así que cerraremos el 20 de enero por precaución y estamos valorando cerrar también el domingo", día en que hay convocadas marchas armadas en todo el país.

"Meteremos todo el mobiliario del patio dentro del restaurante para que no haya cosas en la calle que sean susceptibles de que sean lanzada contra los cristales. Aparte de eso y de cruzar los dedos poco más podemos hacer", dice Sierra, que recuerda que el sector de la restauración lleva un año muy delicado por la pandemia, cuya tercera ola en Estados Unidos llevó a la alcaldesa de la capital a ordenar el cierre de los interiores hasta el 22 de enero.

El sector a medio gas se une a la decisión de las cadenas de hoteles y hasta de la compañía AirB&B de cancelar sus reservas para estos días en la ciudad. Las autoridades locales no sólo han reclamado a la población que no acudan a Washington, sino que han pedido a los habitantes de la ciudad que eviten acudir al centro de la misma y que sigan virtualmente la toma de posesión de Joe Biden.

"Es muy posible que la capital sea el sitio más seguro del país en los próximos días"

A pesar de todo, "tras la violencia vivida con el asalto al Congreso y debido al enorme despliegue policial sobre Washington, es muy posible que la capital sea el sitio más seguro del país en los próximos días", dice Christopher, oriundo de Colorado, pero residente en el Distrito de Columbia desde hace 34 años. "Me preocupa más las protestas que puedan producirse este fin de semana o durante la semana que viene ante los Congresos de los estados, sobre todo de algunos muy republicanos, que no estarán tan protegidos como lo está ahora Washington. Ahí es donde realmente puede haber problemas".

El mandato del presidente que llegó al poder al grito de Make America Great Again y de ¡Construid el muro! vivirá sus últimos días con el centro de la capital del país convertido en una base militar y con la Casa Blanca y el Congreso rodeado de barreras e imponentes vallas metálicas custodiadas por militares. Éste es también el balance del trumpismo.

Más noticias de Internacional