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La guerra de drones entre Moscú y Kiev preludia una incierta campaña bélica

Los ataques a Moscú y Kiev con decenas de drones intensifican el duelo con artilugios teledirigidos entre Rusia y Ucrania, pero no aclaran el rumbo de la guerra, atascada en Bakhmut y a la espera de una contraofensiva que no acaba de llegar.

Residentes de Kiev examinan los daños tras un ataque con drones rusos a la capital ucraniana, a 30 de mayo de 2023.
Residentes de Kiev examinan los daños tras un ataque con drones rusos a la capital ucraniana, a 30 de mayo de 2023. Alina Smutko / Reuters

La primavera ucraniana, en la que se había prometido una contraofensiva a gran escala, está llegando a su fin y ahora, a las puertas del verano, los altos mandos de Kiev repiten el mismo mensaje de los últimos meses: todo está preparado y el ataque podría producirse en cualquier momento, "mañana, pasado mañana o dentro de una semana", pero sin que se acabe de concretar.

Así lo dice Oleksiy Danílov, secretario del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania, en una entrevista con la BBC. "Tenemos una tarea de gran responsabilidad ante nuestro país. Y entendemos que no tenemos derecho a equivocarnos", afirma Danílov.

Los bombardeos sobre ciudades fronterizas rusas y la inusitada incursión de una nueva escuadrilla de drones sobre Moscú apuntarían a que algo se está cociendo en el Estado Mayor ucraniano. Pero la realidad es que los nuevos tanques Leopard donados por Europa aguardan en sus hangares y que la batalla más cruenta se limita a unos cuantos kilómetros cuadrados para conseguir el control de una ciudad, Bakhmut, reducida a escombros.

De momento los rusos reclaman la victoria en esta localidad, pero los ucranianos siguen resistiendo en pequeños reductos y desde Kiev se insiste en que la batalla de Bakhmut podría dar un vuelco en cualquier momento.

Para la contraofensiva se necesitan cazas, no drones

Mientras, en el resto de Ucrania no hay movimientos generalizados de tropas y la falta de armamentos imprescindibles para una gran ofensiva sobre una línea de frente de 1.200 kilómetros despierta muchas dudas sobre el alcance y amplitud de este contragolpe con el que Kiev pretende recuperar los territorios ocupados por Rusia desde febrero de 2022.

La contraofensiva ucraniana tendría más posibilidades si el gobierno de Kiev hubiera recibido ya los aviones de combate F-16 que viene reclamando desde hace meses a sus aliados de Europa y Norteamérica, indispensables para sostener un eventual avance sobre las líneas rusas.

Demasiada responsabilidad para desbaratar de un solo golpe a un ejército, el ruso, que, pese a sus numerosos errores, ha tenido mucho tiempo para blindarse en los territorios ocupados del Donbás, Zaporiyia, Jersón y la propia península de Crimea, anexionada en 2014.

Ahora se afirma que los anhelados F-16 sí llegarán a Ucrania. "De momento no los hemos dado, pero los daremos", ha confirmado el alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Seguridad, Josep Borrell. Entretanto, si se produce la esperada contraofensiva, los carros de combate donados por Occidente y las tropas ucranianas deberán avanzar bajo la única cobertura de misiles, artillería y… drones.

La guerra de los drones es barata y asusta, pero poco más

La guerra sigue y en los prolegómenos de ese contraataque, Ucrania está recurriendo a las mismas armas que durante meses han utilizado sus enemigos rusos para causar el terror en las ciudades ucranianas con sus silenciosas incursiones: los drones de última generación. Estos aparatos teledirigidos son muchísimo más baratos que los F-16 y, aunque no son tan efectivos, sí están definiendo esta guerra. Al menos su propaganda.

Este martes, una treintena de drones, según unas informaciones, y menos de una decena, según otras, alcanzaron Moscú y, aunque fueron abatidos, causaron una gran conmoción. También reiteraron, por segunda vez, que la capital rusa es vulnerable. La primera ocasión fue el pasado 2 de mayo, cuando dos de estos aparatos fueron derribados sobre el Palacio del Kremlin.

Tanto entonces como ahora, Kiev ha negado toda responsabilidad. Es normal, pues los países aliados de Ucrania siguen exigiendo, aunque con una voz cada vez más difusa, que el ejército ucraniano no ataque objetivos en territorio ruso.

Esta vez los drones atacantes perdieron el control o fueron derribados por los sistemas antiaéreos Pantsir-S que protegen Moscú, ha explicado el Ministerio de Defensa ruso.

"Esto es solo el principio", dicen los ucranianos

"Esto es solo el principio", ha resaltado el mando de las fuerzas armadas ucranianas en su canal de Telegram, donde también incluyó un mapa con los objetivos del ataque. Al tiempo que daban todos estos detalles y subrayaban la amenaza de que se repetirán las incursiones, seguían negando la autoría del ataque.

Hasta ahora, y exceptuando los derribados sobre el Kremlin, los drones ucranianos habían tenido como objetivos infraestructuras militares o civiles en las regiones rusas de Belgorod, Briansk, Krasnodar y Rostov, fronterizas o cercanas a Ucrania.

Un diputado ruso, Maxim Ivanov, ofreció un resumen sucinto del significado de esta incursión con drones en Moscú: ha sido el ataque más grave sufrido por la capital rusa desde la Segunda Guerra Mundial. Ahora, agregó, ningún ciudadano ruso podrá evitar "la nueva realidad" de un conflicto con inciertas consecuencias.

La oleada de drones sobre Moscú sigue a los ataques también con estos artefactos y con misiles por parte del ejército ruso contra Kiev y otras grandes ciudades ucranianas. El ejército ruso ha lanzado una veintena de oleadas de misiles y drones en el último mes. El objetivo es doble: desmoralizar a la población y dejar exhaustos de munición a los sistemas antiaéreos ucranianos.

Las peticiones de más sistemas de misiles Patriot estadounidenses apuntan a una preocupante caída de la munición en las baterías antiaéreas ucranianas de origen soviético. Sin garantizar la protección aérea de sus ciudades y puestos de mando, difícilmente el ejército de Kiev podrá asegurar un mínimo éxito en la contraofensiva.

Zelenski pide más baterías antiaéreas a EEUU y también a Corea del Sur

"Solo cuando los Patriots en manos ucranianas garanticen una interceptación del cien por cien de los misiles rusos, se habrá derrotado al terror", afirmó el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en su alocución a la nación en la noche del lunes.

Por eso, Ucrania sigue buscando suministros alternativos de misiles antiaéreos. En una entrevista publicada este martes por el diario surcoreano Chosun Ilbo, el presidente ucraniano agradeció la entrega por parte de Seúl de equipos de desminado y de ayuda humanitaria. Sin embargo, reconoció que su país espera que Corea del Sur pueda proveerle con equipamiento militar, incluidos sistemas antiaéreos y de alerta inmediata.

Pero Seúl de momento tiene reparos a la hora de suministrar cierta clase de armamento a Ucrania. Tales entregas podrían derivar en un empeoramiento de las relaciones con Rusia, ya dañadas por la alineación surcoreana con la política estadounidense hostil a Rusia y China en la región del Asia Pacífico.

Rusia atacará las rutas de suministro de armas occidentales

Ante el interminable trasiego de armas occidentales a Ucrania, el Kremlin ha reiterado sus advertencias, especialmente en lo que se refiere a la posibilidad de que en breve puedan llegar aviones F-16 donados por países europeos o los propios Estados Unidos.

En unas declaraciones televisadas este martes, el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, incidió en el tema: Occidente está aumentando el suministro de armas a Ucrania y el objetivo es respaldar la "ofensiva a gran escala" que prepara el régimen de Kiev contra los territorios ocupados. Si Rusia detecta las rutas de envío de estas armas, "las atacará", sentenció Shoigú.

En estas condiciones, y con la incertidumbre en torno a la contraofensiva ucraniana, no es de extrañar el escepticismo de Borrell sobre el fin de la guerra. "Mucho me temo que, de aquí al verano, la guerra vaya a continuar. Putin ha concentrado más de 300.000 hombres, el doble de los que tenía cuando lanzó la invasión. La presencia militar rusa es enorme en la línea del frente", explicó Borrell.

Rusia exhibe los medios para alargar sine die la guerra

El alto representante de Política Exterior de la UE expresaba en voz alta la cuestión que recorre los pasillos de Bruselas. Ya no se trata de que Ucrania disponga o no de la fuerza para recuperar de un solo golpe el territorio que le ha arrebatado Rusia. El peligro cada día más evidente es que Rusia está preparada para mantener esa ocupación el tiempo que sea preciso con los medios militares y económicos necesarios.

El Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) ha publicado un inquietante informe: el gasto militar ruso aumentó un 9,2 por ciento en 2022, esto es, el equivalente al 4,1 por ciento de su Producto Interior Bruto, con un coste superior a los 80.000 millones de euros. Los datos que operan en manos de la inteligencia británica elevan incluso esta cifra.

En tales circunstancias la siguiente pregunta es más inquietante: ¿Pueden Europa y Estados Unidos aguantar un gasto similar al ruso para seguir ayudando a Ucrania? Las perspectivas no son halagüeñas, con ofensiva de verano o sin ella.

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