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Legión de Honor La batalla de un jubilado contra el Gobierno francés por la Legión de Honor a Franco

Juan Ocaña lucha por arrebatar al dictador la "medalla del deshonor" para honrar la memoria de sus padres, cuya vida quedó cincelada por el hachazo de la Guerra Civil y la dictadura.

Francisco Franco junto al general Philippe Pétain en Montpellier en febrero de 1941. EFE

LLuis Miguel Pascual (EFE)

Aquel día de 2016 en el que, leyendo un libro sobre la Guerra Civil, Juan Ocaña descubrió que Franco tenía la Legión de Honor francesa, permanece en la mente de este hijo de republicanos españoles exiliados al otro lado de los Pirineos.

"Me estremecí, algo se me revolvió por dentro, ¿cómo era posible?", cuenta. Aquel día, Jean Ocana se propuso hacer todo lo posible para arrebatar al dictador la "medalla del deshonor". Con ello quiere honrar la memoria de sus padres, cuya vida quedó cincelada por el hachazo de la Guerra Civil y la dictadura, pero también transmitir unos valores y una memoria a sus hijos y nietos, nacidos y criados lejos del conflicto.

Lo que no sospechaba entonces este gestor de empresas, excónsul honorario de España en el sur de Francia, jubilado y militante de todas las causas del exilio, es que su combate se iba a convertir en una lucha contra Goliat.

"Creía que bastaba con pedirlo"

Ocana, que obtuvo la nacionalidad francesa en 1956, pensaba que su iniciativa sería un juego de niños en una patria donde respiró la libertad que no había sentido en España, país que abandonó con siete años: "Creía que bastaba con pedirlo, de lo injusto que me parecía".

Envió un correo a la Cancillería de la Legión de Honor, la magna institución fundada en las orillas del Sena por Napoleón en 1804 para encumbrar a todos aquellos que, franceses o extranjeros, hubieran engrandecido a Francia.

Franco fue condecorado dos veces como oficial de la Legión de Honor y con el grado de Comendador, el tercer escalón más elevado

En la respuesta entendió que no iba a ser tan fácil, y su incomprensión creció tanto como su infatigable energía para seguir peleando.

"No me lo podía creer. Me dijeron que no se le podía quitar la Legión de Honor porque ya estaba muerto. En ese momento pensé en mi padre. Él combatió con las tropas francesas tras huir de España, estuvo en el campo de Mauthausen y tenía medallas militares. Todas menos la Legión de Honor. Creo que si la hubiera tenido y hubiera sabido que también la tenía Franco hubiera ido a París a devolverla en persona", afirma, a punto de cumplir 80 años.

Ocaña comenzó a investigar y descubrió que Franco fue condecorado dos veces. Primero como oficial de la Legión de Honor en 1928, por su labor como instructor en la Academia Militar de Zaragoza. Dos años más tarde ascendió al grado de Comendador, el tercer escalón más elevado.

Francia condecoraba al militar

"Se la dio su amigo Pétain", asegura Ocaña, en referencia al mariscal francés que colaboró con los alemanes durante la Ocupación nazi de Francia en la Segunda Guerra Mundial. Francia condecoraba al militar por sus méritos en la campaña del Rif, donde Ocaña recuerda que murieron miles de civiles.

"¿Dónde está el honor?", se pregunta Ocaña con los ojos llorosos, en una conversación en la que se mezcla su combate contra la Legión de Honor del Caudillo y los recuerdos de su vida, marcada por el Franquismo.

Ocaña: "España no ha cerrado las heridas. Por eso hay gente como yo que no puede entender que Franco tenga la medalla"

Lo uno no se entiende sin lo otro. "España no ha cerrado las heridas. Por eso hay gente como yo que no puede entender que Franco tenga la medalla y, sin embargo, no hay italianos que peleen por que se la quiten a Mussolini, que también la tiene. Allí ya han pasado página. En España no", asegura.

El argumento de la Cancillería no convenció a Ocaña. La institución alega que para retirar la Legión de Honor es necesario que la persona esté en vida, para que pueda defenderse. "Desde su creación en el siglo XIX, todo procedimiento disciplinario exige que el condecorado sea informado para permitirle que se defienda", afirma una portavoz de la institución.

"Es falso", replica la abogada de Ocaña, Sophia Toloudi, que considera que ese principio es así para los franceses, pero no para los extranjeros.

La caja de Pandora

Armados de sus argumentos jurídicos, Ocaña y sus letrados llevaron el caso ante la justicia. Frente a ellos, algunos de los mejores abogados de París contratados por la institución. En febrero de 2018 el Tribunal Administrativo de París quitó la razón a los demandantes.

Durante la vista, el abogado del Estado dio la clave: si se retiraba la Legión de Honor a Franco se abría la caja de Pandora a infinidad de demandas similares.

Porque la medalla cuelga también de la solapa de varios sátrapas africanos, del rumano Nicolae Ceaucescu o, más recientemente, del sirio Bachar al Asad, que renunció a ella en abril del año pasado, cuando Francia le acusaba de estar bombardeando a su pueblo y habían comenzado los trámites para retirársela.

Eso que se sepa, porque los archivos de la Legión de Honor son secretos y durante años ha sido usada como herramienta diplomática por los diferentes presidentes, por lo que pueden ser muchos los casos de condecorados que no resistan al juicio de la historia.

La sentencia no desanimó a Ocaña, convencido, al igual que su abogada, de que sus argumentos jurídicos tenían más recorrido, por lo que apelaron en octubre de 2018.

El decreto de Macron

"No debían de tenerlas todas consigo en la Cancillería, porque no se quedaron parados", señala Ocaña.

En efecto, un mes más tarde, la Cancillería convencía al presidente, Emmanuel Macron, para que firmara un decreto que enmendaba las normas de una condecoración de más de dos siglos.

El artículo 135-6 pasaba a recoger, de forma expresa, que "ninguna acción de retirada puede ser emprendida o proseguida contra una persona fallecida".

"Cambiaron las reglas en el transcurso del proceso. Es un reconocimiento de que tenían miedo al fallo del Tribunal de Apelación", asegura la letrada que, sin embargo, no da por cerrada la vía judicial.

El artículo 135-6 pasaba a recoger que "ninguna acción de retirada puede ser emprendida o proseguida contra una persona fallecida"

Es consciente de que, incluso en el caso de que su recurso prospere, la Cancillería podrá alegar el cambio de reglamento para no retirar la distinción al dictador español.

"Ese decreto es una puñalada. Jurídicamente ya no tenemos razón", asegura Ocaña, mientras su abogada considera que "es como si quisieran que la historia se acabara en el cementerio".

Ocaña tiene su propia teoría y coloca en su punto de mira al general Benoît Puga, que actualmente dirige la Cancillería de la Legión de Honor, tras haber sido jefe del Estado Mayor particular, el principal asesor militar, de los presidentes Nicolas Sarkozy y François Hollande.

El militar de destacada carrera no ha dudado en el pasado en usar las cinco estrellas que luce su uniforme para apoyar causas ligadas a la iglesia católica tradicionalista que frecuenta en el centro de París, como la oposición al aborto o al matrimonio homosexual.

Puga ha rechazado dar su postura sobre la condecoración de Franco. Tampoco ha querido pronunciarse la Asociación de Amigos de la Legión de Honor, cuyo secretario general, Dominic Henneresse, se muestra molesto al ser preguntado por el caso.

"¿Por qué tanto silencio?", se pregunta Ocaña, concebido en 1940, cuando su padre, José, escondido en las cercanías de Albacete tras la guerra, logró burlar la mirada indiscreta de los "chivatos" franquistas para visitar a su madre, Ramona, que para entonces ya criaba sola a sus dos hermanas y al pequeño Pepito, de 3 años.

"Un rojo menos"

Ocaña se emociona cuando recuerda estas historias que han jalonado la vida de su familia. El odio que llevó a un médico falangista a acabar con la vida de su hermano, cuando la madre acudió a un hospital porque estaba enfermo y le devolvieron un bebé agonizante, con claros signos de estrangulamiento.

"Un rojo menos", escuchó decir Ramona a aquel doctor al que, años antes, su padre había requisado el consultorio en Albacete para albergar el cuartel general de las Brigadas Internacionales dirigidas por André Malraux, de quien era intendente.

"Ella nunca nos contó aquello. Nos dijo que lo habían envenenado, porque pensaba que sería menos traumático para nosotros. Fue mi hermana, que le había acompañado al hospital, quien me lo contó cuando mi madre ya había muerto", afirma.

De la tristeza que embargó a su familia saca las fuerzas Ocaña para seguir su combate: "¿Bajar los brazos? Daré todas las vueltas mientras tenga salud".

El objetivo pasa ahora por que las autoridades francesas levanten el blindaje impuesto por Macron a los condecorados fallecidos.

El objetivo pasa ahora por que las autoridades francesas levanten el blindaje impuesto por Macron a los condecorados fallecidos

Para ello, apelan a la buena voluntad de personalidades que ostentan la Legión de Honor y que quieran convencer a Macron de la necesidad de limpiar su imagen.

De hecho, el reglamento de la institución recoge que los condecorados con el grado de Gran Comendador, el anterior al de Gran Maestro que ostenta el presidente, pueden pedir cambios en sus normas.

Pero son pocas las figuras que tienen esa medalla, que cuelga de la solapa de figuras de la Resistencia contra la invasión nazi, muchos de ellos en el ocaso de su vida.

"Ya casi no quedan Grandes Comendadores. No me queda mucha esperanza, pero todos los caminos son buenos", señala infatigable.

La otra vía pasa por el presidente, todopoderoso en materia de Legión de Honor. Pero Ocaña sabe que los tiempos han cambiado, que Macron, el presidente más joven de la historia de Francia, no ha vivido aquellos años, que no tiene deudas con el pasado convulso, con la delgada frontera entre la justicia y el honor que separa siempre una guerra.

Por eso cada instante cuenta en su lucha por la dignidad, una palabra que Ocaña pronuncia con la voz grave, casi entrecortada, y la cabeza alta, como, recuerda, la pronunciaban sus padres. 

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