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La oposición egipcia se coordina para derrocar a Mubarak

El Baradei encabeza un comité que intenta negociar con el ejército directamente. Clinton pide una "transición pacífica"

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El titánico desafío que los egipcios han lanzado contra el régimen de Hosni Mubarak ha entrado en su fase decisiva. Determinado a llevar su revuelta hasta las últimas consecuencias, el movimiento opositor comenzó a coordinar su acción política bajo el liderazgo de Mohamed El Baradei. Los manifestantes y Mubarak luchan por el mismo objetivo: ganarse el favor del ejército. Más de un centenar de personas ha muerto en la revuelta pero, tras derrocar a la policía con todos los medios a su alcance, la protesta se ha vuelto más pacífica, tanto por el respeto que en Egipto se siente por el ejercito, como por la hasta ahora sosegada intervención de los militares.

Las autoridades egipcias se esforzaron en difundir las imágenes de Mubarak visitando a las tropas durante unas maniobras rutinarias y reuniéndose con la cúpula militar haciendo ver que el presidente controlaba a las fuerzas armadas. Los Hermanos Musulmanes, que habían mantenido un perfil muy bajo durante toda la protesta, dieron un paso al frente y anunciaron la creación de un comité para intentar negociar la transición directamente con el ejército, puenteando así a Mubarak.

Para ganarse el respeto dentro y fuera de Egipto, los islamistas aceptaron que el comité estuviera encabezado por El Baradei. El ex director del Organismo Internacional de la Energía Atómica cumplió con su nuevo papel de líder opositor y se presentó en la tarde en la plaza Tahrir prometiendo la llegada del cambio.

El ‘rais’ se reúne con la cúpula militar para aparentar que todo está controlado

'Mubarak se tiene que ir hoy de Egipto. Lo que hemos empezado ya no tiene vuelta atrás. Esto es el principio del fin', dijo El Baradei, que se encontraba rodeado de miles de personas, violando el toque de queda impuesto desde las cuatro de la tarde hasta las ocho de la mañana.

Pese a la prohibición, miles de egipcios fueron peregrinando a la plaza Tahrir a lo largo de toda la jornada. Para intentar amedrentar a los manifestantes, varios aviones de combate comenzaron a realizar vuelos rasantes sobre la plaza coincidiendo con el toque de queda. No sirvió de nada. El sentimiento de grupo se ve reforzado cada día en unas marchas a las que asisten egipcios desde las clases más altas a las menos favorecidas.

Para mejorar las condiciones en la plaza, se organizaron pequeños grupos para recoger los destrozos generados durante los enfrentamientos con la policía y para repartir comida entre los manifestantes. 'Soy mucho más optimista que hace un par de días. Esto no va a parar hasta que se vaya Mubarak', decía Hanna, una química a la que acompañaba su hija Fátima, una veinteañera sin velo que portaba la bandera nacional.

La plaza Tahrir se ha convertido en el parque temático de la revuelta popular egipcia. Uno puede subirse a un carro blindado y abrazarse a un militar, entrar en uno de los furgones de policía calcinados o fotografiarse con el humeante edificio del partido de Mubarak al fondo.

'Lo que hemos empezado no tiene marcha atrás', subraya El Baradei

'Justicia' y 'el régimen tiene que caer' siguen siendo los grandes éxitos más coreados, pero según avanzan los días se empiezan a escuchar más consignas antiestadounidenses. El hecho de que el material antidisturbios empleado contra los manifestantes, gases lacrimógenos incluidos, estuviese fabricado en EEUU tampoco ha ayudado a la imagen de Washington.

Mubarak está a punto de dejar de ser un aliado estratégico en Oriente Próximo para convertirse en un apestado para EEUU. 'Egipto necesita una transición ordenada y pacífica hacia una democracia real', dijo desde Washington la secretaria de Estado, Hillary Clinton. 'Han tenido que pasar 30 años para que se nombre un vicepresidente en Egipto. De ninguna manera EEUU va a esperar otros 30 años a que Egipto aplique reformas', afirmó Clinton en unas declaraciones impensables hace una semana.

Pese al intento del régimen de descoordinar al movimiento opositor manteniendo bloqueado el acceso a internet, las manifestaciones se desarrollaron en otras ciudades egipcias, como Alejandría, Suez y Port Said. El faro de las revueltas sigue siendo la plaza Tahrir. El hormigueo de personas era constante desde primeras horas de la mañana, dando relevo a muchos de los que habían pasado allí la noche. Muchos pañuelos palestinos y más presencia de mujeres que en las jornadas anteriores.

Más de un centenar de personas han muerto hasta la fecha en la revuelta

Karim acudió a protestar acompañado de su esposa y mostraba su confianza en que los militares no se volvieran contra los manifestantes. 'Ahora tengo una gestoría, pero antes era soldado. Ganaba 15 dólares al mes y no tenía ni para tabaco. Un ex compañero me ha dicho que les han dado órdenes de dispararnos y no las han cumplido', decía el joven de 25 años.

Los militares se mostraban más agresivos con todo aquel que se aproximaba al Museo Egipcio. Los medios estatales culpaban a los manifestantes de un presunto ataque la noche del sábado contra algunas de las preciadas antigüedades de su interior. Muy cerca del museo, en el hotel Shemiramish, la escena recordaba a una película de serie B. Una veintena de trabajadores se paseaba por el hall con palos de madera y desesperados, como si esperara el ataque inminente de un grupo de zombis. En la puerta, varios turistas se amontonaban en un taxi camino del aeropuerto.

'Mi marido fue el primero en denunciar públicamente en el año 2000 lo que todo el mundo murmuraba, que Mubarak quería dejar la presidencia a su hijo', cuenta desde su casa en Maadi, en el sur de El Cairo, Bárbara, esposa de Saaedin Ibrahim, el histórico opositor de cabecera en Egipto. Las denuncias de corrupción le han costado a Ibrahim tres pasos por las cárceles egipcias. El líder disidente se encuentra estos días en EEUU haciendo lobby para el derrocamiento de Mubarak.

Varios países han empezado a organizar la repatriación desde Egipto de sus nacionales e incluso de parte del personal diplomático. Estados Unidos autorizó ayer la “salida voluntaria” de los empleados de su embajada no necesarios en caso de emergencia, mientras que Israel ya ha evacuado a los familiares de su personal diplomático. Turquía y Grecia preparan repatriaciones de 750 ciudadanos turcos residentes y 2.000 griegos, respectivamente. El Reino Unido no planea ninguna evacuación, pero ha recomendado a sus ciudadanos que abandonen Egipto si pueden hacerlo de modo seguro. La mayor parte de los 30.000 turistas británicos están en complejos turísticos como Sharm el Sheikh, considerados “seguros”. España ha aconsejado suspender “todo viaje no esencial”. A quienes ya están en Egipto, Exteriores recomienda respetar el toque de queda, extremar “la precaución” y mantenerse “alejados de las manifestaciones”.