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Las princesas árabes secuestradas piden libertad a los protectores de Juan Carlos I

Dos princesas encerradas en Dubái, una huida a Londres y varias retenidas en Arabia Saudí emulan los gineceos griegos y los cinturones de castidad que Occidente daba por mitológicos u obsoletos. 

La princesa Latifa, de 35 años, hija del emir de Dubái durante un vídeo grabado.
La princesa Latifa, de 35 años, hija del emir de Dubái durante un vídeo grabado. YOUTUBE

Todo parece un cuento de las Mil y una noches si no fuese porque la tecnología nos ha acercado y verificado el grito de varias mujeres en los Emiratos Árabes Unidos (EAU), donde se refugia Juan Carlos I, o en la vecina Arabia Saudí. El último grito ha llegado desde Dubái por la BBC este martes. El domingo pasado se oía desde Arabia Saudí a través de The Sunday Times. Si a las princesas que quieren ser libres las encierran en jaulas de oro, ¿qué les ocurre a las mujeres anónimas cuya voz no trasciende de cuatro paredes?

La princesa Latifa, de 35 años, es una de los 25 hijos del emir de Dubái, Rashid Al Maktoum, de 71 años y vicepresidente de los siete (EAU), donde se refugia el rey emérito Juan Carlos I. Latifa intentó huir en 2018 de Dubái con el objetivo de llegar a EE.UU. para pedir asilo político. "Ella sólo quiere una vida normal en el anonimato, no quería publicidad ni que se supiese nada de su vida", explica al programa Panorama de la BBC la finlandesa Tina Jauhiainen, instructora y amiga de Latifa, quien la ayudó a escapar con otra persona en un barco. Latifa no tenía acceso a su pasaporte, lo que complicaba la operación, sin embargo, lograron llegar a aguas de la India donde fueron interceptados y detenidos por fuerzas de seguridad indias. El Gobierno indio no se ha pronunciado sobre su participación en lo que el emir de Dubái califica de "operación rescate".

Latifa cuenta en los vídeos emitidos que fue sedada en el secuestro y despertó en Dubái en una villa en la que permanece secuestrada, vigilada por una trentena de guardias que se turnan. En el lavabo, la única estancia con cerrojo, graba mensajes en el móvil que ha logrado mandar al exterior. Ella sabía cómo se las gasta su padre porque contaba con el precedente de su hermana mayor. La princesa Shamsa en el año 2000 huyó de la residencia familiar en el condado de Surrey (sur de Inglaterra), se escondió cerca de Cambridge y allí desapareció hasta que mandó mensajes a amigos desde Dubái. La Policía de Cambridgeshire solicitó a las autoridades de Dubái permiso para interrogar a Shamsa y les fue denegada la autorización. El caso era materia privada, adujeron. De Shamsa, no se sabe nada. Sus amigos ingleses no han sido tan activos como los de Latifa que han organizado la campaña Free Latifa.

La huida de la princesa Haya de Jordania

"No sé qué será de mi futuro, hay barrotes en todas las ventanas y las puertas de la villa con dos guardianas dentro y cinco fuera, un total de treinta se van turnando; estoy desesperada", aduce Latifa en voz baja en los mensajes llegados a la BBC. Secuestrada desde 2018 por su padre, la situación se complicó a partir de abril de 2019 cuando la sexta esposa del emir, la princesa Haya de Jordania (medio hermana del rey Abdalá) huyó de Dubái con más suerte que Latifa al aterrizar en Londres. Ella y sus hijos se esconden del emir al recaudo británico. Ella dispone de un cargo diplomático en la embajada jordana que le otorga inmunidad diplomática. Con la ex de Jordania (algo más liberales como país), el emir de Dubái va con más cuidado que con las hijas.

Haya se atrevió a solicitar el divorcio del emir con lo que se airearon algunos asuntos familiares en los tribunales de Londres. Rashid pedía la tutela y acceso a los dos hijos del matrimonio. Ella aducía, junto a la abogada Fiona Shackleton, defensora de famosos divorcios, que si el emir tiene secuestradas a sus hijas, no merece confianza con los dos hijos menores en común. Los tribunales dictaron a favor de ella, que vive en el lujoso barrio de Kensington, sur de Londres. El orgullo varonil del emir debió quedar herido de muerte por estas dos mujeres que acudieron cabeza en alto a los tribunales británicos.

Latifa cuenta en Panorama que su madrastra, Haya, antes de huir a Londres, la invitó a comer y a conocer a Mary Robinson rompiendo durante tres horas el secuestro en la villa. La ex comisaria de Derechos Humanos de la ONU manifiesta en Panorama que tanto ella como Haya fueron engañadas para comprobar que Latifa era "bipolar" y que necesitaba cuidados médicos, la supuesta razón de un reclusión. Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda, explica en el programa que "fui horriblemente engañada, como también lo fue mi amiga Haya". La irlandesa, en la BBC, se muestra dispuesta a llevar el caso a la ONU, una iniciativa que ahora han retomado los amigos de Latifa y su campaña para liberarla. La princesa Shamsa, en cambio, no tiene amigos que se movilicen por ella. Haya está bien protegida por su medio hermano el rey de Jordania.

Otras princesas que gritan libertad a través de los medios británicos, son las de Arabia Saudí. The Sunday Times publicaba el domingo la voz de Suhoud al-Sharif, de 27 años, hija de la princesa Basmah bint Saud. Ambas iban a viajar en marzo de 2019 de Arabia Saudí a Suiza para un tratamiento médico a cuya cita nunca llegaron. El caso de Basmah, la pequeña del centenar de hijos que tuvo el segundo rey saudí, es conocido porque era una activa reformista a favor de cambios para las mujeres árabes desde su residencia en Londres. Allí vivía, divorciada, con los hijos en internados, y participaba en campañas a favor de derechos para las mujeres en el mundo. Tenía voz hasta que la silenciaron.
En junio de 2012 la princesa Basmah me recibió en su casa del oeste de Londres y, por entonces, era una persona optimista porque decía "en el régimen saudí hay muchos elementos reformistas".

Ella distinguía los liberales de los tradicionales, todos hombres rivalizando por el poder político dentro del secreto entramado familiar dominado por ellos, dueños del harén de mujeres para la reproducción biológica. Como los gineceos de la Antigua Grecia y los cinturones de castidad, que creíamos mitológicos y obsoletos. "Todo el mundo habla de si las dejan conducir o no, pero eso se ha convertido en el símbolo, hay cosas más importantes", explicaba Basmah, amable y pizpireta, coqueta para las fotos que ilustraban el encuentro.

Por entonces (2012), la princesa Basmah, sobrina del rey saudí Abdalá, de 88 años, y del fallecido príncipe Nayer, de 78 años, opinaba que "Nayer era el cerebro y el hombre tranquilo de la seguridad de Arabia Saudí, fue el que expulsó a al-Qaida del país, por eso esta organización está ahora (2012) en Yemen". Y junto a estas opiniones políticas que la princesa vertía públicamente sobre la familia real saudí, enaltecía algunas reformas como que "en los últimos años a algunas mujeres de la familia real las dejan salir en las fotos". Gran adelanto, que ha quedado truncado con su encarcelación y las prácticas aplicadas al periodista disidente Jamal Kassogui.

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