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Renzi, el dinamitero

Desafío, chantaje, farol. No está claro que es lo que pretende concretar el líder de Italia Viva (IV) con el objetivo de desgastar el Gobierno de Giuseppe Conte del que es socio minoritario. El ex 'premier' Matteo Renzi está siguiendo estrategias poco claras, encaminadas exclusivamente a la consolidación de su figura política, aun encontrándose más débil que nunca. 

El primer ministro italiano, Matteo Renzi, se dirige al Parlamento el pasado mes de agosto de 2019. /REUTERS
El primer ministro italiano, Matteo Renzi, se dirige al Parlamento el pasado mes de agosto de 2019. /REUTERS

Como el perro del hortelano: ni come, ni deja comer. Ahora, que está más débil que nunca, quiere demostrar además que, políticamente, todavía está muy vivo. Y que puede dar mucho juego. Eso sí, a costa de ponerlo todo patas arriba y llevar a Italia a una nueva crisis política. Por un lado, un Ejecutivo con una coalición débil; por el otro, una oposición erosionada por la nueva rivalidad entre los soberanistas Salvini y Meloni, aun siendo aliados. Parece ser el marco perfecto per fare il bello e il cattivo tempo, como dicen los italianos, "para decidir sobre el buen o el mal tiempo".

Es el nuevo episodio del personalista Matteo Renzi, el ex jefe del Gobierno italiano, que está haciendo todo lo posible para desafiar al actual Ejecutivo de Giuseppe Conte, del que es socio de minoría. ¿Por qué? Para consolidarse él mismo como líder político. Da igual que precisamente él decidiera propiciar este verano una nueva coalición de Gobierno para impedir elecciones anticipadas y que Salvini –que sigue hoy liderando los sondeos con el 30%– se convirtiera en el nuevo primer ministro. Lo titulaba hace unos días el diario La Repubblica: es la "irresistible tentación de Renzi por desguazar" incluso al premier Conte, quien según una recientes encuesta es el líder que más aprecian los transalpinos.

Para más burla, en plena crisis de Gobierno generada por él mismo, Renzi se marcha de viaje a Pakistán, donde está aprovechando para hacer actividades deportivas y visitar autoridades del país, tal como informaba ayer el Corriere della Sera, coincidiendo con el ex presidente del Gobierno español José María Aznar. Sea lo que fuere, la sensación es que Renzi tiene como único objetivo centrar la atención sobre sí mismo. Así pues, siguiendo la misma estrategia del leguista Matteo Salvini, pero con sólo el 4% en los sondeos para su Italia Viva (IV). Bien es cierto que hay una rivalidad natural entre Renzi y Salvini debido a sendos carismas, pero en términos númericos, simplemente, no hay partida.

Por esta razón actual jefe del Gobierno, Giuseppe Conte, se ha puesto manos a la obra. A estas horas, el premier transalpino ya está buscando una nueva alternativa para su Ejecutivo, intentando prescindir del apoyo de Italia Viva (IV), el partido creado ad hoc por y para Matteo Renzi hace unos meses para reforzar su papel, de forma individual, dentro de la política del país con forma de bota. El jefe del Gobierno, así pues, cuenta ya, por si acaso, con el posible adiós del líder de IV en el caso de que su estrategia no fuera efectivamente un farol.

Conte así pues, estaría buscando un grupo de parlamentarios "responsables" renzianos, berlusconianos y centristas; dispuestos a mantener el Ejecutivo hasta el final de la legislatura. Según Conte, habría una mayoría incluso sin Italia Viva (IV). Entre otras cosas, porque una de las grandes sospechas es que Renzi apunta tanto al centro que estaría dispuesto, de alguna manera, a abrazar o incluso fusionarse con Forza Italia, el partido del ex premier y magnate de la comunicación, Silvio Berlusconi. Diputados del PD, ex seguidores de Renzi cuando éste era líder de los socialistas, aseguran que "ni siquiera los de Italia Viva están entendiendo su estrategia".

"¡Ojo! Yo no quiero ir a elecciones", asegura Matteo Renzi, "entre otras cosas porque los tiempos técnicos nos impiden ir a elecciones antes de otoño". Y añade: "De modo que si cae el Gobierno Conte bis tendrá que haber igualmente un nuevo Ejecutivo y no unas elecciones". Aunque en las últimas horas podría ocurrir cualquier cosa, Renzi ayer quiso tranquilizar la situación: "No, nadie quiere poner una moción de censura a Conte. Sólo hemos dicho que no compartimos la batalla acerca de la prescripción". La cuestión es que los italianos están acostumbrados a los mensajes de calma de Renzi, que siempre anuncian algo peor. En el país, es conocido por la ya célebre frase ¡Stai sereno! que Renzi pronunció en televisión, símbolo de la puñalada trapera al entonces premier Enrico Letta. Que le valió al florentino la entrada al Palazzo Chigi.

Alta tensión para el premier Conte en los últimos días. Tal como han explicado últimamente los medios de comunicación italianos, el jefe del Ejecutivo llevaba ya un tiempo temiendo su relevo debido a las presiones de Matteo Renzi al resto de partidos de la coalición de Gobierno. El chantaje político está a la orden del día, resumido en la idea de que si una determinada reforma no es del gusto de Italia Viva (IV), los renzianos estarían "obligados" a sopesar su apoyo al Ejecutivo. Todo ello, en un clima donde no reina precisamente la solidez entre los socios de la mayoría parlamentaria. Las últimas divergencias de Renzi sobre la reforma de la prescripción en la Justicia italiana, por ejemplo, están siendo un auténtico "ultimátum" según una reciente portada de La Repubblica. "Pelea infinita entre el Gobierno y IV", tituló hace unos días el Corriere della Sera.

Los eventos empezaron a empeorar cuando Renzi obligó a sus parlamentarios a votar con la oposición, lo cual desató una innegable crisis institucional para Conte quien, ante la posibilidad de ruptura de Renzi; tuvo que consultar el jefe del Estado, el Presidente de la Repubblica, Sergio Mattarella. Italia es una república parlamentaria, y la tradición política del país marca que si hay una mayoría sólida de Gobierno, no tendría que haber elecciones anticipadas. ¿Y si esta vez no la hubiera? Al parecer, no podría haber elecciones hasta el próximo otoño, dado que en marzo tendrá lugar el referéndum sobre la reducción de parlamentarios, de 945 a 600.

El actual Ejecutivo italiano de Giuseppe Conte, que se sucedió a sí mismo a principios de septiembre, tiene un color radicalmente distinto al anterior, en el que el líder soberanista de la Liga, Matteo Salvini, era el vicepresidente de Interior. La actual coalición de Gobierno –nacida precisamente para impedir o, al menos, retrasar la vuelta al poder del jefe leguista como primer ministro– está formada, sin embargo, por el anti establishment Movimiento 5 Estrellas (M5E) fundado por Beppe Grillo, como partido de mayoría, junto al socialista Partido Democrático (PD) liderado por Nicola Zingaretti. Los grillinos siguen sin jefe tras la dimisión de su primer líder político, Luigi Di Maio; y el izquierdista PD no consigue levantar pasiones con su actual secretario general, sino no fuera por la acción protesta del Movimiento de las Sardinas. La tercera y problemática pata del trípode gubernamental la protagoniza Italia Viva (IV), el partido fundado el pasado septiembre por el ex premier Matteo Renzi como resultado de una escisión del PD para así poder asegurarse voz y voto en la supervivencia del Conte bis.

El Gobierno de Italia, por el momento sigue, pero a trompicones. Matteo Renzi todavía no ha retirado ningún apoyo formal de Italia Viva (IV) a Giuseppe Conte en las Cámaras, de modo que, de algún modo, el Ejecutivo permanece en pie. El problema es que no se sabe cómo Conte va a poder seguir manteniéndose de esta manera en el Palazzo Chigi. Y qué papel querrá tener el ex premier Renzi en las próximas horas, en un clima en el que ni hace, ni deshace. Aunque en los últimos meses los expertos en política italiana afirmaban que "este Gobierno era tan débil, que por necesidad era muy fuerte"; parece cada vez más difícil que el actual premier Conte pueda disfrutar de su cargo hasta el final de la legislatura, en 2023. Una coalición llena de disputas, rifirrafes y personalismos, en una mezcla entre debilidad y obstinación. Mientras tanto, Salvini convence a 1 de cada 3 italianos.