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Venezuela EEUU y Colombia se desmarcan del atentado contra Nicolás Maduro 

"Puedo decir inequívocamente que no hay participación del Gobierno de Estados Unidos en esto en absoluto", ha dicho John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de presidente de EE.UU., Donald Trump.

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en el momento del ataque, en una imagen captada por una cámara de televisión. EFE

Estados Unidos y Colombia se han desmarcado del atentado perpetrado este sábado contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, tras ser acusados de estar detrás de unos hechos que causaron siete heridos en medio de la crisis económica que vive el país.

"Puedo decir inequívocamente que no hay participación del Gobierno de Estados Unidos en esto en absoluto", aseguró John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de presidente de EE.UU., Donald Trump.

Por su parte, Bogotá, a través del secretario de la Presidencia, Alfonso Prada, afirmó que "los señalamientos de Maduro al presidente (Juan Manuel) Santos son los de siempre. Hay que decirle que está equivocado, que no busque fuera de Venezuela las razones para la inestabilidad de la democracia y de la economía venezolana".

También la oposición venezolana se desmarcó del ataque y señaló que la solución a la crisis debe ser "democrática". El Gobierno de Venezuela informó este domingo de que han sido detenidas seis personas como presuntos implicados en el ataque.

Condenas y reacciones

Entre las condenas al atentado contra Maduro, quien salió ileso de una acción con "artefactos voladores de tipo dron que contenían una carga explosiva" según el Ejecutivo de Caracas, se encuentra la de Cuba.

Tanto el actual presidente de la isla, Miguel Díaz-Canel, como su antecesor, Raúl Castro, deploraron los acontecimientos y manifestaron su "plena solidaridad e irrestricto apoyo" al Gobierno de Maduro, uno de los principales aliados económicos y políticos de Cuba en la región.

Por su parte, el mandatario de Bolivia, Evo Morales, calificó la acción contra su homólogo venezolano de "delito de lesa humanidad".

"Condeno enérgicamente el atentado contra el presidente Nicolás Maduro" y "total solidaridad al Gobierno de Venezuela" fueron los mensajes del dirigente salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén.

El jefe de Estado de Nicaragua, Daniel Ortega, quien se enfrenta a un estallido social desde abril pasado, resaltó que los "cobardes terroristas, criminales, desesperados y vencidos en todas partes se ensañan, pero ni pudieron, ni podrán ¡No pasarán!".

Mientras, Ecuador manifestó su condena al uso de la violencia "para alcanzar fines políticos, provenga de donde provenga".

Uruguay también mostró su "solidaridad con las víctimas y con sus familias", en un mensaje en el que reiteró su rechazo a todo acto ilegal de violencia con fines políticos, "independientemente de sus autores o destinatarios".

Desde Europa, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia recalcó que es "categóricamente inaceptable el empleo de métodos terroristas como instrumentos de lucha política".

Turquía, país con el que Venezuela mantiene muy buenos lazos gubernamentales y diplomáticos, afirmó que condena "enérgicamente este abominable ataque" y que estará "al lado del pueblo hermano y amigo de Venezuela y de su presidente Maduro, su familia y todos los miembros de su Gobierno".

El Gobierno español también repudió el ataque contra Maduro y expresó que la crisis sociopolítica y económica que vive el país debe resolverse de forma "pacífica, democrática y negociada entre venezolanos, en el marco del Estado de derecho".

En Oriente Medio, Siria -asolada por una guerra civil desde hace más de siete años y muy cercana al Ejecutivo de Caracas- alertó de que este ataque busca "alterar la seguridad y la estabilidad".

Irán, al tiempo, opinó que el atentado contra Maduro "sirve a los intereses de los enemigos del Gobierno y el pueblo venezolano".

Estos hechos se producen en medio de la severa crisis económica que padece Venezuela, el país con las mayores reservas de petróleo del planeta, y que se traduce en escasez de todo tipo de productos, una hiperinflación y una pésima prestación de servicios públicos.