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La derecha saca otra vez la lengua en Valencia

PP y Ciudadanos intensifican la instrumentalización de la lengua en los discursos electorales en el País Valenciano. Como ya ha ocurrido a lo largo de la legislatura, los profesores y la educación pública se sitúan en el centro de la diana, acusados de “adoctrinamiento”.

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La portavoz y presidenta del PPCV, Isabel Bonig, durante su intervención en la sesion de control en Les Corts Valencianes. EFE/Manuel Bruque.

"El castellano está en peligro en la Comunitat Valenciana". Son palabras de Isabel Bonig, presidenta del Partido Popular valenciano, quien asegura que en este territorio existe chantaje lingüístico y falta de libertad de elección para los padres a la hora de elegir la lengua de la educación de sus hijos. "Sacaremos las garras de Marzà de las cabecitas de los niños valencianos", proclamó, por su parte, el candidato de Ciudadanos a presidir la Generalitat Valenciana, Toni Cantó, en referencia al actual conseller de Educación. Casado y Rivera se suman enérgicamente estos días a convertir la lengua y la educación en instrumento electoral. Lo primero que harán si consiguen formar gobierno, dicen, es blindar el castellano y actuar para que no se “adoctrine” en las escuelas.

La derecha saca la lengua en el País Valenciano y, una vez más, se pone en tela de juicio al cuerpo docente del sistema público. El discurso se intensifica justo la misma semana que se han arrojado los últimos datos del barómetro de la Fundació pel Llibre i la Lectura (FULL): el 94,8% de los encuestados lee en castellano de forma habitual; tan solo el 3% lo hace en valenciano. Porcentajes que, tal como ha expresado el sindicato mayoritario en la educación valenciana, el STEPV-Intersindical Valenciana, demuestran que las declaraciones de Bonig y Cantó están muy alejadas de la realidad sociolingüística y educativa valenciana. Es el valenciano, claramente, la lengua en peligro en ser minorizada y atacada continuamente por intereses políticos.

Vicent Mauri, portavoz del sindicato, considera lamentable que personas que aspiran a presidir la Generalitat mientan a la opinión pública. Recuerda, además, que en el País Valenciano no existe el requisito lingüístico en el acceso para la función pública. “No se puede quitar algo que no está”, razona el sindicalista. La ley que debería recoger este requisito no ha llegado a tramitarse en Les Corts esta legislatura y ni tan siquiera se ha aceptado recogerlo en la ley de acompañamiento de los presupuestos.

Mauri subraya que los ataques a la educación chocan con los informes pedagógicos que avalan la enseñanza oral y escrita de las dos lenguas oficiales. Sin ir más lejos, el informe del Institut Valencià d'Avaluació i Qualitat Educativa (IVAQE) realizado cuando todavía gobernaba el PP probaba que el alumnado que cursaba estudios en las líneas en valenciano tenía un dominio superior del valenciano y del castellano que los que lo hacían en las líneas en castellano. Un informe que no interesaba que estuviera en circulación. En cualquier caso, el sindicato asegura que los servicios jurídicos están recogiendo todas estas declaraciones vertidas estos últimos días para estudiar posibles actuaciones jurídicas.

Por su parte, Maria Nebot, que trabaja como técnica en Escola Valenciana-Federació d’Associacions per la Llengua, entiende que la lengua tiene que estar fuera de la pugna política. Aunque el contexto político no es el mismo, la remisión a la batalla identitaria de los años setenta es ineludible. La duda es si la explotación de este relato de confrontación perjudica a las izquierdas (el elemento atacado) o además provoca divisiones dentro de la misma derecha. “No sé hasta qué punto puede salirles rentable electoralmente, pero lo que es evidente es que esta instrumentalización de la lengua solo intenta tapar su falta de propuestas políticas y de proyecto de país. También, en algún caso, tapar su más que cuestionable gestión de los recursos públicos”, sostiene.

Nebot apunta que estos relatos apelan más a los sentimientos que a la razón. Y que este sentimiento es el más bajo y peligroso del ser humano: el odio. De hecho, la batalla identitaria que le interesa imponer a la derecha se revela como un marco donde las izquierdas pueden encontrarse más incómodas. A pesar de que estos días los dirigentes de PSPV o Compromís han salido en defensa del profesorado, en este espectro se intuye un cierto tacticismo ante una cuestión que siempre se ha revelado estigmatizadora. "Se tiene que ser contundente contra ciertos discursos, desvelar las contradicciones o intenciones, porque no hacerlo o matizarlos puede por acabar justificándolos. Se tiene que buscar el equilibrio entre ser contundente y marcar una agenda propia. En materia lingüística soy partidaria del trabajo desde la integración y la cohesión social. De la acción contra la confrontación dialéctica”, argumenta la técnica.

Delaciones y secesionismo

Sin embargo, nada de esto es nuevo. El asedio al profesorado se ha revelado como una herramienta constante de la derecha en su cruzada hostil contra la diversidad. Entre las filas del PP, cabe recordar que el que fue presidente de la Diputación de València, Alfonso Rus, llamó “gilipollas” a los profesores e instó a “rematarlos” en un míting en Xàtiva en 2009.

La actual legislatura que ya llega a su fin también pasará a la posteridad por la activación de una plataforma que el PP valenciano dispuso en su página web invitando a que ciudadanos anónimos denunciaran a aquellos centros o profesores ante la obsesión de “adoctrinamiento catalanista”. Una iniciativa que levantó mucha polémica. Recientemente, la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) ha promovido una campaña similar en que se invita a niños y padres a delatar en su web a aquellos profesores que estarían difundiendo mensajes ideológicos de izquierdas.

Josep Enric Escribano es profesor de secundaria y presidente de la Associació Cívica per la Llengua El Tempir, que tiene su ámbito de actuación principalmente en Elx, la tercera ciudad más poblada del País Valenciano. “Sí, los profesores somos adoctrinadores. Lo somos en igualdad y en derechos humanos. La escuela cumple su papel. No se trata de uniformizar la heterogeneidad sino de ver la diversidad como un valor a preservar”, razona el profesor.

Escribano enmarca esta situación en el clima de catalanofobia que se vive en todo el Estado. Y a pesar de que las lenguas están reconocidas en diferentes marcos legales y que el Estado español firmó la Carta europea de las lenguas regionales o minoritarias, apunta que el problema es otro. “Ya se pueden blindar a través de leyes, pero el problema que tenemos aquí es la concepción uninacional del Estado, excluyente y nada inclusiva”, recalca.

Por si esto fuera poco, algunos aún van más allá y se atreven a remover la cuestión estrictamente normativa de la lengua. Es el caso de Vox, que en su manifiesto por la identidad valenciana aboga por la oficialidad de las conocidas como Normes del Puig, que promueven una ortografía diferenciada respecto a las Normes de Castelló, que son las oficiales. Vox se alinea de esta manera con las tesis secesionistas que niegan la unidad de la lengua de los territorios de habla catalana. Algo que no es de extrañar. Uno de los personajes que pugnan por controlar el partido en València es Juan García Sentandreu, histórico falangista que durante la llamada transición y posteriormente tuvo un protagonismo activo en el blaverisme, el movimiento reaccionario que frenó en seco las libertades nacionales del País Valenciano. Fue en aquel contexto de impunidad de la extrema derecha que se produjeron los atentados con bomba a intelectuales como Joan Fuster y Manuel Sanchis Guarner.

“La valenciana es una sociedad madura que ha superado situaciones como la que estos partidos pretenden reavivar. Vamos a ser muy contundentes ante cualquier agresión a la lengua y la educación”, concluye Mauri. De momento, la lengua ha encontrado su espacio en medio de esta disputada campaña. Isabel Bonig no pierde oportunidad para meter cucharada. Invitada hace unos días al late night de la televisión pública autonómica, la candidata popular levantó una camiseta que rezaba "Llibertat educativa".

Fue en esa misma ocasión que Bonig quiso presentarse en su tono más desenfadado y la audiencia descubrió su afición por el rock radical vasco. Al día siguiente, Fermín Muguruza, cantante de bandas como Kortatu, muy acertadamente, escribía un tuit en que recordaba las prohibiciones que ha tenido que afrontar en este territorio mientras se veía a la presidenta del PPCV cantar "Sarri sarri" en el programa. Una constante, por cierto, lo de la censura a artistas por parte del PP. Decenas de grupos que cantan en valenciano sufrieron en la etapa de mayorías absolutas populares una férrea hostilidad institucional. “¿Me podéis explicar de qué va toda esta mierda?”, se preguntaba Muguruza en el tuit.

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