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José María González 'Kichi': dos mandatos bajo el signo del alcalde anarquista Salvochea

El alcalde de Cádiz cumple con su promesa de estar ocho años y no se presentará a las municipales del año próximo.

El alcalde de Cádiz, José María González, Kichi, hace tres años.
El alcalde de Cádiz, José María González, Kichi, hace tres años. Eduardo Ruiz / Europa Press

La imagen de José María González, Kichi, en el Ayuntamiento de Cádiz a mediados de junio de 2015 mientras ofrece el bastón de mando a la multitud congregada en la plaza es icónica. Supuso el final de la omnipresencia de Teófila Martínez (PP) –alcaldesa durante 20 años–, que fue atropellada por el viento de levante del 15-M.

La levantera de las plazas y el impulso de ilusión y ganas de reforma y también de revolución del primer Podemos llevó a un profesor, sindicalista y comparsista en volandas a un despacho "más grande que su casa". En él, al poco de llegar, Kichi apartó la foto del rey, entonces Juan Carlos I, que tenía su antecesora y colocó una de Fermín Salvochea, un referente anarquista, que fue alcalde de Cádiz en 1873, durante la I República.

"Son varias las veces las que me he recordado ensayando aquella cuarteta de Los Mendas Lerendas, la que decía Si yo fuera alcalde de Cádiz…" [sería como Salvochea], dice Kichi en el vídeo con el que decidió este miércoles anunciar su despedida, que se daba por hecha desde hace meses en todos los mentideros políticos de Andalucía. En 2008, siete años antes de ser elegido alcalde, Kichi cantaba esos versos mientras sujetaba una rudimentaria tubería como si fuera el bastón de regidor.

Kichi ha sido así un alcalde que ha gobernado bajo el signo de Salvochea. Así se lo indicó la comparsa de su amigo Juan Carlos Bienvenida la misma noche en que supo que seria alcalde de Cádiz –"si yo fuera alcalde de Cádiz, sería un alcalde como Salvochea", le cantó en aquel entonces remedando su propia creación– y así, siguiendo el ejemplo del anarquista, ha tratado de irse.

La figura de Salvochea –el anarquista acabó por renunciar a las posesiones familiares y decidió llevar una vida alejada de los lujos materiales– ha permanecido en la memoria de una parte de los gaditanos como la de un hombre bueno: su entierro en 1907 fue multitudinario  y en él "los asistentes porfiaban por llevar la caja y se veían tanto a personas vistiendo frac y chaqué como blusas de trabajo", según recogió la crónica del Diario de Cádiz.

La palabra

En estos años, Kichi, que arrancó su primer mandato yendo, como un activista más, a frenar un desahucio, poco a poco fue domesticándose en las formas: se puso corbata en alguna ocasión, también llegó a usar un coche oficial y le concedió, dos años después de acceder a la alcaldía, la Medalla de Oro de Cádiz a la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad, después de recibir 6.000 firmas para que lo hiciera. 

Aunque "lo vivido, lo aprendido, lo logrado" lo hayan cambiado –"soy consciente de que nunca podré volver a cantar aquella cuarteta de Los Mendas Lerendas, como aquel chaval de la comparsa que fui", dice en el vídeo de despedida–, más allá de las formas y de los modos de hacer política –la espuma de los días, las contradicciones inherentes a ejercer un poder y las obligaciones de un alcalde son ineludibles–, la esencia del Kichi del 15-M y la del Kichi alcalde, en el terreno de la ética personal, sigue siendo la misma: "Para representar a la gente hay que vivir como la gente. No profesionalizarme, no enriquecerme fueron compromisos".

"El valor de la palabra dada [es un valor] casi revolucionario", considera el alcalde. Kichi, cuando llegó, se comprometió a estar ocho años y ha cumplido. El alcalde ha venido también donando a causas sociales entre el 40% y el 47% de su sueldo, para quedarse con una asignación similar a la de un profesor de Secundaria. En agosto de 2021, había donado casi 100.000 euros. 

Críticas y contradicciones

En su vídeo de despedida, Kichi pide perdón por sus errores, pero no los especifica. En este tiempo ha recibido todo tipo de críticas desde numerosos sectores. Los poderes tradicionales le han atacado por tierra, mar y aire, en los juzgados y fuera de ellos. El PSOE, que apoyó su llegada al Ayuntamiento –lo contrario, no hacerlo, hubiera implicado que Teófila Martínez siguiera como alcaldesa–, también se las ha tenido tiesas con él y, por supuesto, la derecha lo declaró objetivo público número uno.

Sus entradas y sus salidas fueron carne de cotilleo y objeto de mordaz crítica. Él tampoco se ha ocultado de sus vecinos y ha tratado de vivir con un mínimo de coherencia y de acuerdo con sus valores, compartiendo tareas y cuidados en su casa y fuera de ella. Por ejemplo, uno se lo podía encontrar con relativa facilidad con sus hijas en alguna plaza de La Viña, el barrio en el que habita.

Teniendo en cuenta los vínculos de Kichi con el carnaval de Cádiz y con Salvochea, ninguna crítica ha resonado tanto como la que le hizo en un pasodoble hace unos meses el prestigioso autor Martínez Ares. En la letra lo tachaba de "tirano" "sin proyectos" y remataba: "Lo siento, no sabes cuánto lo siento, tú no eres, ni queriendo, mi Salvochea".

Kichi respondió: "El Carnaval es contrapoder, es crítica, ha sido así siempre y así debe seguir siéndolo. Un alcalde tiene que cerrar la boca cuando habla un poeta de Cádiz y eso es lo que voy a hacer". 

Uno de los asuntos que le ha generado, además de críticas de propios y extraños, profundas contradicciones en este tiempo –además del de la medalla de la ciudad a la patrona de Cádiz– ha sido la carga de trabajo para los Astilleros, que, entre otras cosas han fabricado barcos de guerra para Arabia Saudí, algo que Kichi, a pesar de todo, ha defendido. "Es muy doloroso cuando los derechos humanos entran en colisión con otros derechos como son que suenen los pitos de las ollas en las casas de los gaditanos".

El alcalde ha argumentado en repetidas ocasiones que el Ayuntamiento no tiene competencias sobre lo que se construye o no y que el Gobierno de España debe buscar un modelo para los astilleros "que no dependa de la industria militar". Kichi ha apoyado siempre el establecimiento de la industria en la comarca, se ha enfrentado por ello con los Gobiernos andaluz y estatal. También ha acudido a apoyar las huelgas que se han ido llevando a cabo. 

Kichi es hoy miembro de Adelante Andalucía, un partido soberanista de nueva creación, cuya portavoz es Teresa Rodríguez, y ha venido gobernando en Cádiz con concejales de otros partidos con los que en otras escalas se han roto los puentes. En estas relaciones, hay dos puntos de inflexión, la ruptura con Pablo Iglesias y la expulsión a las bravas de Teresa Rodríguez, después de que esta dejara la dirección de Podemos Andalucía, y varios diputados hoy en Adelante del grupo parlamentario que compartían con IU y Podemos. Esto ha marcado también en parte las dinámicas locales.

En función de a quien se le pregunte sobre sus hechos y su obra política, se tendrán respuestas diferentes. Hay quien cree que ha fracasado, hay quien cree que Cádiz sigue estancada, hay quien piensa que el balance es muy bueno. Él se queda de su trabajo, según afirma en su vídeo de despedida, con la gestión del dinero público, con el gasto social, con el aumento del parque de vivienda pública, con que a nadie le cortan los suministros básicos y con el combate contra las casas de apuestas y la "epidemia" de pisos turísticos.

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