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Juicio independencia Sorteo de urnas del 1-O y mossos custodiándolas: el juicio al procés cumple dos meses

La novena semana de la causa se cierra con la declaración de una quincena de testigos, todos ellos agentes de policía que prestan similares testimonios, y que en algunos casos acusan a los Mossos d’Esquadra de haber amparado el referéndum soberanista del 1 de Octubre. Entre las anécdotas de la semana no falta una nueva bronca de Manuel Marchena.

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El presidente del tribunal que juzga el procés, Manuel Marchena (2d), durante la sesión de hoy en el Tribunal Supremo./EFE

Si el miércoles la escena era una persecución a policías más que apropiada para el guion de un thriller, el jueves los episodios más llamativos relatados en el juicio a la cúpula del procés tenían que ver con las famosas urnas de plástico utilizadas durante el referéndum soberanista del 1 de Octubre de 2017.

Una quincena de agentes de policía han comparecido este jueves como testigos ante la Sala de Lo Penal del Tribunal Supremo, en una nueva sesión monopolizada por su relato de los hechos teóricamente vividos en primera persona -en ocasiones les fueron trasladados por otros compañeros-, mientras actuaban en el operativo para impedir la consulta del 1-O.

Un inspector de la Policía Nacional aseguró haber seguido a una patrulla de la policía catalana el mismo 1 de octubre

En la 30 jornada de la causa, además, los protagonistas de los “seguimientos” no eran los Mossos d’Esquadra, como ocurrió un día antes: se invirtieron los papeles y un inspector de la Policía Nacional aseguró haber seguido a una patrulla de la policía catalana el mismo 1 de octubre. Según el relato del agente, uno de los binomios -parejas- de mossos a los que vigiló decidió algunas urnas del Instituto Pablo Ruiz Picasso (Barcelona) durante la tarde, cuando ya habían concluido las votaciones y los policías catalanes disfrutaban de “un ambiente de cordialidad”.

Este mosso entregó las urnas a una patrulla del mismo cuerpo, que las retiró en su vehículo. Un par de horas después, pasadas las 21.30, varias personas sin identificar salieron del instituto para entregar otra remesa de urnas a la policía catalana. Y aquí empezó el “seguimiento” que permitió constatar al testigo cómo los mossos sacaban las urnas de su vehículo oficial para depositarlas en la comisaría de Carrer d'Aiguablava, también en Barcelona.

"Los mossos sacaban las urnas de su vehículo oficial para depositarlas en la comisaría de Carrer d'Aiguablava", constató el testigo

En otro caso, un “coche camuflado” en el que teóricamente viajaban más mossos – y que era propiedad de la Consellería de Presidencià de la Generalitat-, abandonó el Instituto Valldemossa con “documentación”, para después detenerse en un parque de Bomberos. De él salieron otros agentes con urnas, y la comitiva puso rumbo a la misma comisaría, siempre según su relato.

A su vez, en el centro Calderón de la Barca se dieron de bruces con “la jefa Lore”, como aludían a ella los concentrados. “Lore” salió del centro pasadas las 20.00, cuando ya habían concluido las votaciones, y transportó una urna hasta un edificio cercano, a apenas 60 metros de distancia.

Poco después, otro grupo indeterminado de personas pondrían rumbo al mismo inmueble. Allí tendría lugar una de las escenas más llamativas relatadas por el testigo: los “sorteos para ver quién se quedaba las urnas”. Esto, sin olvidar el recuento de papeletas supuestamente supervisado por los Mossos -en el Instituto Gineuta-, o cómo otro agente recogió una urna en el Instituto Carrasco i Formiguera. La llevaba en una mano, mientras agarraba a su pareja con la otra.

Todo ello, siempre según el relato del inspector, que reconocía haber tenido constancia de parte de estos hechos por referencias de sus subordinados, y también que no sabía si había o no papeletas en las urnas a las que se refería.

A punto de cumplirse los dos meses de juicio al procés, y cuando la cifra de testigos que ya han comparecido ante el tribunal se acerca a los 180, los testimonios de policías y guardias civiles casi se repiten. Recuerdan insultos y relatan agresiones de distinto tipo, mientras los letrados de las defensas mantienen un perfil más bajo de lo habitual.

La interrupción del convoy judicial y el nuevo enfado de Marchena

El último testigo de la jornada, un subinspector de la Policía Nacional, relataba también cómo un coche interrumpió la marcha de un convoy de tres vehículos policiales que viajaban de Girona a Figueres, apenas un día después del referéndum. El conductor de este vehículo condujo “en zig-zag”, con “frenazos bruscos”, hasta lograr su objetivo de hacerles detenerse.

El magistrado más veterano del tribunal, Luciano Varela, no se jubilará en la fecha que le correspondería

Más allá de este y otros episodios más o menos nuevos, las tres jornadas de juicio de esta semana han transcurrido sin grandes novedades, con un nuevo rapapolvo del presidente de la Sala, Manuel Marchena, a las defensas, y con la constatación de que el magistrado más veterano del tribunal, Luciano Varela, no se jubilará en la fecha que le correspondería, sino que podrá seguir en su puesto hasta que acabe el juicio y dicten sentencia -en virtud de un acuerdo de la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial, adoptado este jueves-.

El encuentro de otro policía con uno de los supuestos observadores internacionales -que niegan haber ostentado esta condición, y que además lucía una acreditación de “visitante internacional”-; la interrupción de la sesión del miércoles para que el médico asistiera al funcionario Paco, o incluso los traspiés de un testigo que se desdijo ante preguntas del letrado Jordi Pina, para acabar reconociendo que no vio “lanzamiento de objetos” contra otros agentes… todo se sumaba a la lista de anécdotas de la que quizás haya sido la semana con menos sobresaltos. Es la novena, y aún queda mucho juicio por delante.

Los bomberos de la cadena humana y los mossos “indolentes”

“Estáticos”, “en actitud contemplativa”, “indolentes” o “en actitud pasiva” eran algunas de expresiones utilizadas por los testigos para referirse a la supuesta inactividad de los Mossos, siempre en línea con lo expresado por otros agentes de Policía Nacional o Guardia Civil durante las últimas semanas en el Salón de Plenos del Alto Tribunal.

En un caso observaban impasibles al otro lado de la calle (el ejemplo del colegio Mare Nostrum), sin siquiera ayudar a los policías a cortar el tráfico; en otro directamente se resistían a identificarse. Ocurrió en el colegio La Caparrela, como relató una testigo de la tarde: “Se giraron, no me saludaron y al principio no quisieron dármelo [el carnet profesional]”. Finalmente lo hicieron, apuntaba.

Los bomberos ya habían sido mencionados anteriormente, pero siempre pasando en sus vehículos frente a algún escrache

Además de esto, los policías nacionales también tuvieron que vérselas con agentes de Bomberos, concretamente en uno de los colegios de Girona. “Formaron una cadena humana”, relataba otro de los testigos de la tarde. Los bomberos ya habían sido mencionados anteriormente, pero siempre se les ubicaba pasando en sus vehículos frente a algún escrache, siendo vitoreados por los concentrados en esas protestas, o haciendo sonar las sirenas, pero de su faceta como participantes en cadenas humanas se había oído bastante poco hasta la fecha.

No obstante, y más allá de las peculiaridades de cada caso, los agentes eran unánimes al denunciar la “hostilidad” que percibieron en los manifestantes. La Fiscalía, que trata de asentar su tesis sobre la supuesta violencia atribuible al procés para vertebrar su acusación por un delito de rebelión, se detenía en los detalles, cuestionando por los insultos recibidos -el más “original” era “perros de Rajoy”, en palabras de uno de los testigos-. Preguntaba de nuevo si los concentrados escupieron a los agentes o no, o cuántas agresiones presenciaron o les fueron trasladadas.

La abogada del Estado, Rosa Seoane, y la acusación popular que ejercen los ultraderechistas de Vox mostraban un perfil mucho más bajo. Los testimonios venían a ser reiterativos, apenas aportaban novedades, aunque el Ministerio Público hasta ahora no haya hecho amago de estar dispuesto a renunciar siquiera a uno de ellos.

Todo, la misma semana en que el fiscal Jaime Moreno se llevó una respuesta decepcionante en su interrogatorio a uno de los testigos, el martes. Le preguntó cómo había sufrido lesiones el 1-O, y el policía en cuestión le respondió que fue obra -accidental- de uno de sus compañeros. El fiscal no formuló una sola pregunta más.

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