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Moreno afronta su hora de la verdad sin hacerle feos a Vox

El presidente reflexiona sobre el adelanto de los comicios en Andalucía a junio mientras juega la carta de la moderación a pesar de que fue el primero que pactó con la ultraderecha.

Juanma Moreno, en un Consejo de Gobierno.
Juanma Moreno, en un Consejo de Gobierno. Europa Press

Juanma Moreno lleva meses deshojando la margarita electoral. Esta semana santa, devoto como es el presidente de la Junta, se ha encomendado a la divinidad para tomar la decisión "correcta". Aunque sigue abierta la posibilidad de votar a la vuelta del verano, la que ve mejor el presidente, la opción de junio emerge hoy como la más probable. Desde luego, el ambiente en Andalucía es completamente preelectoral.

"Hoy, que salgo en la procesión fusionada de San Juan con mi trono Cristo de la Exaltación, voy a tener ocho horas para meditar, tranquilo, sin el teléfono", dijo este miércoles el presidente. La excusa para adelantar las elecciones unos meses está en el presupuesto, "en el debate abierto en el área económica por los consejeros de Economía y de Hacienda de que es mejor para Andalucía que tengamos gobierno en septiembre para tener presupuesto en diciembre", dijo Moreno.

El presidente afronta la hora de la verdad, su gran reválida, tras haber llegado de manera inesperada a la presidencia de la Junta en diciembre de 2018.

Moreno fue el primero que pactó con Vox, con quien ha cerrado esta legislatura tres presupuestos, todos salvo el de este año.

En estos tres años y medio, sus políticas han ido de la mano de la ultraderecha –en todos los ámbitos, educativo, sanitario, fiscal, urbanístico, y, aunque de cara a la galería, de vez en cuando protagonizan discusiones parlamentarias, ambos partidos se necesitan.

A pesar de que Moreno no le hace feos a Vox, que va a continuar siendo su previsible compañero de viaje, según los sondeos, el PP andaluz juega las cartas de la moderación.

Así lo proclamó Elías Bendodo, consejero de la presidencia y número tres del PP nacional al vincular a partido con Emmanuel Macron –"este PP se parece al partido de Macron"–, justo cuando –al contrario que el presidente francés, que se bate el cobre con la ultraderecha– en Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, con el aval de todo el PP, incluido el de Moreno, homologaba definitivamente a la ultraderecha como socio, al incorporarlo al Gobierno de Castilla y León.

La fortaleza de Vox, que en las elecciones generales del otoño de 2019 fue tercera fuerza, ya superó en Andalucía el 20% de los apoyos y se quedó a solo 8.000 votos del PP, ha llevado a Moreno a tratar de rascar votos en el centro y en el granero del PSOE. Esta Semana Santa, por ejemplo, ha acudido al Cerro del Águila, un barrio sevillano de tradicional voto socialista y de izquierdas. Este es el gran tema de estos comicios: la batalla de PP y Vox y el intento del PP de erigirse en adalid de la moderación, obviando sus pactos con la ultraderecha.

"Moreno Bonilla da por bueno el pacto con la extrema derecha y afirma que da estabilidad a la sociedad. Moreno Bonilla se equivoca profundamente cuando habla de estabilidad ligada a la extrema derecha, eso el PSOE lo va a evitar en Andalucía con un triunfo electoral", considera Juan Espadas, secretario general del PSOE andaluz.

La estrategia y las políticas

Toda la estrategia del PP ha estado estos años destinada a proteger a Moreno y a crearle un perfil presidencial, moderado, por momentos incluso con discursos con tintes socialdemócratas.

La realidad de sus políticas, sin embargo, es otra muy diferente.

Por el camino, en estos tres años, se ha creado un teléfono de violencia intrafamiliar, se ha producido una estigmatización de los colectivos feministas, además, por primera vez en Andalucía se dan ayudas a colectivos antiaborto que atentan contra la libertad de la mujer.

Por escrito, el PP andaluz se comprometió también a sustituir la Ley de Memoria por otra de Concordia, que no se llegó a hacer por la negativa de Ciudadanos. Además, en todos los ámbitos competenciales relevantes la legislación ha ido encaminada a un adelgazamiento de los servicios públicos y a una financiación de actividades privadas con el dinero de los impuestos.

Así ha sucedido en el terreno educativo, en el que Moreno tuvo que afrontar una huelga cuando cambió las normas; en el terreno sanitario con millonarios conciertos con la sanidad privada; o en el fiscal –con rebajas impositivas que benefician más a quien más tiene y más ingresa–.

También en el terreno urbanístico, con una ley que Unidas Podemos ha llevado al Tribunal Constitucional, y en el medioambiental, haciendo caso omiso de la Unión Europea con los regadíos en las cercanías de Doñana, la mirada de Moreno es claramente de derechas.

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