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La OTAN considera la migración como "amenaza" desde 2010 para reprimirla militarmente

La estrategia de la Alianza implica que los migrantes "son señalados como 'sujetos de riesgo y sujetos en riesgo', de manera que las operaciones militares entran a justificar su despliegue para fines de rescate", señala un informe del Centro Delàs.

Valla de Melilla
Vista de las vallas del paso fronterizo de Nador con Melilla. María Traspaderne / EFE

Un problema social convertido en factor de seguridad. Una respuesta militar a una cuestión generada, precisamente, por las actuaciones militares en ciertos paraísos de la guerra. Una vía que ya está abierta y que ahora, con las imágenes de Melilla de fondo, pretende salir reforzada: la OTAN cree que las crisis migratorias también se pueden atender por la vía de las armas.  

A las puertas de la cumbre que se celebrará esta semana en Madrid, los socios de la Alianza Atlántica tienen la cuestión de la migración entre sus puntos a abordar. Lo harán tras el horror vivido el pasado viernes en Melilla, donde al menos 23 migrantes murieron en el intento de saltar la valla. 

La OTAN tiene su receta para estos problemas. En 2010, la Alianza aprovechó la cumbre celebrada en Lisboa para incorporar a su "Concepto Estratégico" –el documento que marca sus directrices políticas generales– la cuestión de la "inestabilidad o los conflictos más allá de las fronteras de la OTAN, incluyendo la promoción del extremismo, el terrorismo y las actividades ilegales transnacionales, como el tráfico de armas, narcóticos y personas".

"A esta nueva perspectiva de abordar las migraciones como una amenaza a la seguridad, por las repercusiones que puede tener, también se suma la forma en que la migración es considerada ilegal y, por tanto, un crimen", afirma la investigadora Ainhoa Ruiz en un informe que acaba de publicar el Centro Delàs de Estudios por la Paz.

A su juicio, esa apuesta militarista sirvió para "diluir" la posibilidad de "abordar las migraciones desde una perspectiva humanitaria, reforzada por la narrativa securitaria". A ello se suma la "persecución intensiva ejercida sobre las mafias y traficantes de personas que, para las personas migrantes y desplazadas por la fuerza, suponen, en la mayoría de los casos, la única vía de escape de las diversas formas de violencia presentes en sus países".

"Estos factores facilitan la expansión del discurso securitario, que coloca a la persona que migra en el entramado de otras formas de crimen, y que impulsa la utilización de métodos militarizados que afectan considerablemente a los derechos de las personas migrantes", apunta Ruiz.

Esta estrategia de la OTAN implica que las personas migrantes "son señaladas como 'sujetos de riesgo y sujetos en riesgo', de manera que las operaciones militares entran a justificar su despliegue para fines de rescate, cuando esto es una obligación de cualquier embarcación si encuentra a otra en situación de socorro".

Para Ruiz, "la realidad es que estas operaciones se despliegan para la vigilancia y la persecución de diferentes formas de crimen, entre las que se encuentra la migración considerada irregular", convertida en muchas ocasiones en la "única opción para las personas que huyen de la violencia y la persecución".

Operaciones militares

Glenda Garelli, investigadora del Departamento de Asuntos Internacionales de la Universidad DePaul (Chicago, EEUU) y Martina Tazzioli, académica de la Universidad de Swansea (Gales), realizaron un trabajo conjunto en 2017 en el que advertían precisamente que el abordaje de las migraciones desde una narrativa y una práctica militarista "ha conducido a desplegar toda una serie de operaciones militares para abordar las migraciones, especialmente en la zona del Mediterráneo", destaca el informe del Centro Delàs.

A comienzos de 2016 se registró un hito en esa estrategia de la Alianza Atlántica: en febrero de ese año, la OTAN envío buques de guerra al Mar Egeo para hacer frente a la crisis de refugiados que se vivía entonces.

"De esta manera, el despliegue militar de la OTAN vino a apoyar las operaciones que ya se estaban llevando a cabo en el mar Egeo a través de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex), con el fin de reforzar el reconocimiento, control y vigilancia del mar Egeo y aguas internacionales, en las que Frontex y los guardas costeros turcos y griegos carecían de capacidad para actuar", recuerda Ruiz. 

Flujos migratorios

Si bien se trató de la primera operación con mandato específico de apoyo al control y vigilancia migratorio, lo cierto es que la OTAN "ya colaboraba con la Unión Europea a través de su operación Active Endeavour desplegada en el Mediterráneo desde el año 2001 para la vigilancia y el control del terrorismo", destaca la investigadora. Aquella operación dio paso a una iniciativa de seguridad más amplia denominada Sea Guardian, que "incorporó el control de los flujos migratorios entre sus fines".

El informe del centro Delàs subraya otro aspecto relevante de ese escenario. "Es importante destacar que, mientras Frontex sólo puede dejar los barcos de migrantes en costas europeas, en cambio, las operaciones de la OTAN permiten dejar estos barcos en tierra de otro Estado miembro de la Alianza, como es el caso de Turquía", una forma "cuanto menos, evidente, de interceptar y desviar los flujos migratorios fuera de los países de la UE", remarca el documento.

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