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La victoria de las derechas en Portugal sitúa al Gobierno de coalición como el faro de la izquierda en las europeas

Tras las elecciones portuguesas, sólo España y Eslovenia mantienen gobiernos con presencia de la izquierda. Las formaciones progresistas españolas aspiran a reeditar un momento como el del 23J, cuando se paró a las derechas, pero el contexto es complicado.

Pedro Sánchez preside la primera reunión de Consejo de Ministros de la XV legislatura, a 22 de noviembre de 2023, en Madrid.
Pedro Sánchez preside la primera reunión de Consejo de Ministros de la XV legislatura, a 22 de noviembre de 2023, en Madrid. Eduardo Parra / Europa Press

La ola reaccionaria que asola Europa cada vez deja menos refugios y bastiones para la izquierda en el continente. La última ofensiva se ha dado en Portugal, donde las elecciones han despejado el camino a un gobierno conservador en coalición con la ultraderecha, una fórmula cada vez más común en el actual escenario geopolítico.

El paisaje envía un contundente mensaje: sólo España y Eslovenia mantienen ejecutivos con presencia de la izquierda, dos países que se han convertido en plazas de defensa de un progresismo cercado. A tres meses de que se celebren las elecciones al Parlamento Europeo, el Gobierno de coalición entre el PSOE y Sumar se ha convertido en una excepción sobre la que se centran todos los focos de la izquierda.

No sólo por ser, junto al esloveno, la única administración estatal dirigida por fuerzas progresistas, sino, y especialmente, por lo sucedido en las últimas elecciones generales. El contexto del 23J y sus expectativas eran muy parecidas a las que se habían dado en otros países: las encuestas apuntaban a una victoria de las derechas y a un cambio de gobierno después de una legislatura progresista (en concreto, la del primer gobierno de coalición de la democracia).

La experiencia de otros países hacía presagiar que España iba a ser otro escenario europeo de triunfo sin paliativos del avance reaccionario. Sin embargo, contra casi todos los pronósticos, los resultados permitieron dar opción a conformar un gobierno progresista de PSOE y Sumar, más débil que el anterior y con mayor dependencia parlamentaria, pero garantizando otra legislatura basada en un modelo radicalmente contrario al que impera en el resto de países europeos.

Ese esfuerzo del votante progresista de España el pasado verano es al que ahora se aferran las organizaciones de la izquierda europea. Sin embargo, el contexto que rodea a las elecciones europeas no es nada halagüeño en este sentido. 

La fuga de la socialdemocracia que no capitaliza la izquierda

El caso de Portugal repite el patrón de retroceso de estas fuerzas que se ha dado en otros países: los partidos de la socialdemocracia (antaño dominantes en los gobiernos) sufren una sangría de votos que la izquierda alternativa o transformadora no logra capitalizar, lo que, unido al buen momento electoral de las derechas y, especialmente, de la ultraderecha, deja el camino despejado a los gobiernos conservadores.

En España, el 23J fue una excepción, pero en los comicios autonómicos ya se ha visto este patrón (el último ejemplo es el de Galicia). Ahora la batalla se centra en las instituciones europeas (en el Parlamento) en un momento en que deben pilotar la segunda fase de una transición política y económica que se inició a raíz de la pandemia del coronavirus, y con la primera guerra en el continente en varias décadas.

Respecto a las previsiones electorales de las izquierdas españolas, el panorama tampoco parece muy optimista. El PSOE se enfrenta a esa crisis de la socialdemocracia que ha hundido a otras organizaciones socialistas en otros países, con un Pedro Sánchez que es el único líder en pie de este espacio tras la caída en desgracia del portugués Antonio Costa

Las europeas se celebrarán tras el estallido del denominado caso Koldo, una trama de corrupción en la compra de material sanitario durante la pandemia que el PP piensa exprimir al máximo. En la izquierda alternativa, a día de hoy, el principal proyecto del espacio, Sumar, no acaba de despegar como organización y, de momento, su principal capital político reside en los cinco ministerios que ocupan en el Gobierno de coalición.

Además, la izquierda concurre a estos comicios dividida, con Sumar y Podemos compitiendo por un mismo electorado en un contexto de choque frontal provocado por las batallas y rupturas de los últimos meses (con el añadido de las candidaturas de las izquierdas regionalistas e independentistas, que también compiten en este espacio en las elecciones europeas).

Portugal, un mensaje ¿Para quién?

"Hay que cuidar la excepción que tenemos en España y su capacidad de movilizar al pueblo y parar la política de derechas", defendía este lunes Ismael González, secretario de Organización de Izquierda Unida. Para Podemos, el resultado de Portugal es, ante todo, "un aviso claro al actual Gobierno de España".

"Para frenar el avance de la derecha y la ultraderecha hace falta mucho más que la mera gestión de lo que ya hay. Hay que revertir las políticas de la austeridad, combatir de frente la corrupción, y garantizar transformaciones profundas", aseguraba este lunes Pablo Fernández, secretario de Organización de la formación morada.

Sumar remitía el mensaje a la fuerza mayoritaria del Ejecutivo, el PSOE, en el marco de las negociaciones presupuestarias: "Después de lo que pasó ayer en Portugal, esta legislatura no puede ser de estabilización ni de gestión, tiene que ser una legislatura de transformación", defendía Ernest Urtasun, portavoz de este espacio y ministro de Cultura.

"Tenemos una amenaza a nivel global. La Internacional reaccionaria es una amenaza global. Todas las fuerzas progresistas debemos tenerlo muy claro. El 23J se habló en España de forma muy clara, nos dijeron que nos pusiéramos de acuerdo para parar a la ultraderecha", explicaba Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, secretario del Área Institucional y Grandes Ciudades del PSOE desde la sede socialista de Ferraz, informa Miguel Muñoz.

España es el faro de la izquierda en la espesa niebla reaccionaria que cubre al continente europeo, pero todavía está por ver si las fuerzas progresistas son capaces de movilizar de nuevo al electorado que paró, contra todo pronóstico, la embestida de las derechas el pasado 23 de julio. 

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