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Catalunya La tensión política se dispara en Catalunya y aleja la celebración de elecciones

El futuro del espacio político de Puigdemont después de la ruptura con el PDeCAT, la inestabilidad del Govern por los enfrentamientos entre ERC y JxCAT o la fecha de las futuras autonómicas son algunas de las principales incógnitas que se suman a la inestabilidad que genera la gestión de la pandemia.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en su escaño, durante un pleno extraordinario en el Parlament de Cataluña para debatir sobre "la situación política creada por la crisis de la monarquía española" tras la marcha del rey emérito de España. E.P./
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en su escaño, durante un pleno extraordinario en el Parlament de Cataluña para debatir sobre "la situación política creada por la crisis de la monarquía española" tras la marcha del rey emérito de España. E.P./Marc Brugat

FERRAN ESPADA

El termómetro político vuelve a estar en máximos en Catalunya con los enfrentamientos entre los socios del Govern, JxCat y ERC, y la desintegración del espacio postconvergente como principales factores de inestabilidad.

El alejamiento de las elecciones, el proceso de inhabilitación del president de la Generalitat, Quim Torra, los presos y exiliados, una Diada que el coronavirus dejará bajo mínimos, las turbulencias internas en Ciudadanos o el impacto de la covid son solo algunos aspectos que generan un mar de incógnitas a las cuales hace falta dar respuesta. Estas son algunas de las principales:

¿Cuándo habrá elecciones en Catalunya?

La fecha de las elecciones en Catalunya está decidida pero de momento es el secreto mejor guardado por el president de la Generalitat, Quim Torra. Así lo reconoció este lunes en una entrevista de inicio del curso político en TV3. Torra aseguró tener decidida la fecha "para cuándo mejor convenga al país". Con todo, la fecha del 17 de septiembre en que se verá en el Tribunal Supremo la inhabilitación de Torra como president de la Generalitat marcará las decisiones.

Si Torra decide convocar antes de la inhabilitación podría hacerlo después de la vista y las elecciones serían a finales de noviembre. Si se ratifica la inhabilitación como apunta todo el mundo incluido el propio Torra ("no espero nada de esta justicia española", asegura) y no ha habido convocatoria, el proceso desembocaría en unas elecciones 124 días después.

Los primeros 10 días como proceso interino que situaría el vicepresident Pere Aragonès como president en funciones, dos meses para que el Parlament debata la elección de un posible nuevo president o presidenta después de los cuales el mecanismo electoral se activa automáticamente, y finalmente las urnas llegarían después de los 54 preceptivos días. Esto nos situaría en finales de enero o principio de febrero si la inhabilitación se consuma rápidamente.

Aunque desde el entorno de Puigdemont han insinuado que se podría agotar la legislatura eligiendo otro president o presidenta, tanto Torra como el vicepresident Pere Aragonès por parte de ERC ya han descartado esta opción. Y es poco probable que la CUP o los Comuns participaran en una operación de este tipo.

Pero es un secreto a voces que Puigdemont necesita ganar tiempo para estabilizar su nuevo partido de cara a las elecciones por lo que ha forzado a Torra a demorar la convocatoria. El Palau de la Generalitat ya estaba con todo preparado para hacerla efectiva este agosto, según fuentes conocedoras del operativo.

ERC reclama que sea Torra quién finalmente apriete el botón electoral y se evite que el Supremo inicie el proceso. En cualquier caso el independentismo estudia una respuesta conjunta a la inminente inhabilitación del president de la Generalitat.

¿Es viable mantener el Govern actual?

Las tensiones entre los dos socios de Govern, JxCat y ERC, se han mantenido prácticamente desde el inicio de la legislatura. La investidura frustrada de Puigdemont, la suspensión de los diputados encarcelados o la inhabilitación de Torra, han sido solo algunos ejemplos.

A pesar de las reticencias de Torra a convocar elecciones (con un ojo mirando a las encuestas hasta ahora desfavorables para JxCat) ERC ya hace meses que reclama la necesidad de los comicios. El propio Torra proclamó finalmente "agotada" la legislatura antes de la llegada del coronavirus en medio de fuertes reproches a los socios de Esquerra y de acusaciones de "deslealtad".

La necesidad de aprobar los presupuestos pospuso el tema y la pandemia acabó enterrando la maniobra electoral.

Ahora las relaciones se han vuelto a enrarecer después de una nueva trifulca en el Parlament con duros ataques al president de la institución Roger Torrent que JxCat tiene en el punto de mira. Esta vez a raíz de la no publicación de una moción contra la monarquía aprobada en la cámara catalana.

JxCat y ERC apuestan por medir fuerzas en las urnas para clarificar la relación aunque las fuentes de las dos formaciones procuran evitar rechazar que no haga falta reeditar un Govern de los dos actuales socios y a la vez adversarios independentistas.

El resto de partidos demandan elecciones, a excepción de Ciudadanos (paradójicamente) a pesar de ser el primer grupo del Parlament. Las encuestas desastrosas para los de Inés Arrimadas algo tienen que ver con ello.

¿Qué ha generado la grave crisis entre Puigdemont y el PDeCAT hasta llegar a la escisión?

El pulso interno en el PDeCAT entre los partidarios de seguir al expresident de la Generalitat, Carles Puigdemont, en su nuevo proyecto político, y los afines a la dirección del partido que preside David Bonvehí que quieren mantener la identidad propia, ha desembocado en una verdadera escisión.

No sin algunas dudas, Puigdemont ha acabado sucumbiendo a la idea que su nueva apuesta de Junts per Catalunya no se podía basar en la reedición de una coalición en que los herederos directos de CDC, el PDeCAT, tuvieran presencia organizada.

Lo avanzó en una entrevista en Público en febrero una de las ahora vicepresidentas del nuevo Junts y mano derecha de Puigdemont, Elsa Artadi: "El espacio político de Puigdemont será un partido político y quién quiera incorporarse tendrá que hacerlo a título personal".

Y así ha sido a partir del inicio de constitución del nuevo partido en un proceso iniciado el mes de julio y que concluirá el tres de octubre. Un hecho que tensaba el diálogo entre las dos partes y forzaba al PDeCAT a decidir entre la disolución para incorporarse a Junts o la ruptura como finalmente se ha producido.

El detonante final ha sido la maniobra de Puigdemont para apropiarse de la potente marca electoral Junts per Catalunya que ha sido contestada con una demanda por parte del PDeCAT ya que en su día fue quien registró la que hasta ahora ha sido la coalición.

El influyente exconseller del exilio independentista, Lluís Puig, lo manifestaba con rotundidad antes de romper el carné del partido: "Es lo último que me esperaba, ¿qué jueces quieren que decida sobre la cuestión? ¿Los que nos han metido en la cárcel y enviado al exilio?".

¿Por qué Puigdemont no ha querido al PDeCAT?

Carles Puigdemont es un militante histórico de CDC y por tanto del PDeCAT desde las épocas de las juventudes del partido (JNC). Y sin embargo ha optado por la liquidación de la formación. La explicación tiene muchas derivadas pero la mayoría convergen en el interés electoral.

Básicamente en dos aspectos: por un lado la necesidad de trasladar la imagen de partido nuevo y transversal con un intento de captar miembros provenientes de la izquierda (exPSC como la exconsellera Marina Geli, exERC como el alcalde de Montblanc y exdiputado, Josep Andreu, exICV como el exalcalde de Cerdanyola, Toni Morral), o incluso próximos a la CUP. Una operación cuantitativamente poco relevante pero con la que ha querido dar el barniz progresista al nuevo Junts.

Uno de los principales impulsores de la operación es Jordi Sánchez, encarcelado en Lledoners, desde donde la ha pilotado como dirigente de la Crida. Sánchez, expresident de la Assemblea Nacional Catalana y actualmente secretario general y número dos del nuevo partido no proviene de Convergència y ha sido uno de los principales contrarios al acuerdo con el PDeCAT.

El segundo punto que ha convencido a Puigdemont ha sido la ruptura con el pasado de CDC del cual el PDeCAT era el enlace. Los procesos judiciales por corrupción en ciernes que implican a la antigua CDC (y por derivación al PDeCAT), como el del 3%, tienen mucho que ver en este sentido.

Dirigentes de Junts se han jactado habitualmente de considerar "un lastre" este pasado, lo cual ha ofendido a más de un convergente histórico.

¿Quién del PDeCAT se ha ido con Puigdemont?

Hasta ahora han causado baja del PDeCAT para afiliarse al nuevo partido de Puigdemont unos 800 militantes. Una cifra significativa pero porcentualmente poco relevante si hacemos caso a las cifras de la dirección del partido que la sitúan en un 7% de los asociados.

Pero entre ellos hay figuras muy relevantes como el propio Puigdemont, cuatro consellers del Govern (Miquel Buch, Jordi Puigneró, Damià Calvet i Meritxell Budó), todos los senadores, la mitad del grupo parlamentario en el Congreso con Laura Borrás i Míriam Nogueras al frente, buena parte del grupo parlamentario en el Parlament y numerosos alcaldes con la alcaldessa de Girona, Marta Madrenas, y la de Vic, Anna Erra, como las más importantes.

Como era de esperar también se han dado de baja todos los presos y exiliados que eran miembros del PDeCAT.

¿Quién se ha quedado en el PDeCAT y cuál es su futuro?

El PDeCAT queda muy debilitado con la ruptura pero mantendrá un buen número de cargos repartidos estratégicamente, y decisivos aritméticamente. El cargo más importante que mantiene la militancia del PDeCAT es la consellera de Empresa, Àngels Chacón.

El partido de Bonvehí solo tendrá cuatro de los 34 diputados del Parlament pero serán claves en una cámara en que el independentismo tiene una mayoría muy justa. Lo mismo pasa con cuatro diputados en el Congreso liderados por Ferran Bel y Sergi Miquel que pueden virar en una estrategia más abierta a la negociación con el Gobierno de PSOE y Podemos. 

Completa la lista un buen número de alcaldías entre ellas las de Reus, Tortosa, Mollerussa o Igualada como más relevantes. Ahora faltará por ver como se fragmenta cada uno de los grupos municipales del espacio postconvergente.

Una vez consumada la ruptura, el portavoz del PDeCAT, Marc Solsona, admite "la dificultad de participar conjuntamente en las elecciones". La dirección del partido deja claro que "la propuesta del PDeCAT estará en la cita electoral de una forma u otra" y falta por ver si se materializa una posible coalición -de futuro incierto a nivel de resultados- con el nuevo partido de la exsenadora y exdirigente del PDeCAT, Marta Pascal, el Partit Nacionalista de Catalunya, donde también residen históricos de CDC como Carles Campuzano o Jordi Xuclà.

¿Qué harán Artur Mas y Quim Torra?

El expresident de la Generalitat, Artur Mas, mantiene desde hace meses un hermético silencio entorno a las trifulcas internas. Según fuentes próximas no seguirá a Puigdemont en la ruptura y de momento mantiene el carné del PDeCAT. Aspecto confirmado por la dirección del partido.

Pero Mas también ha dejado muy claro a quién le ha querido escuchar que no participará electoral y activamente en ningún proyecto que no sea unitario del espacio postconvergente que el lideró en CDC y con la posterior refundación en el PDeCAT como heredero de Jordi Pujol.

Por su parte el actual president de la Generalitat, Quim Torra, se mantiene al margen de las disputas aunque ha participado en los actos constitutivos del nuevo Junts, sin ser militante que se sepa.

Algunas fuentes apuntan, eso sí, que en los últimos meses ha habido un distanciamiento de Puigdemont en la perspectiva estratégica tanto por parte de Mas como de Torra.

¿Y ERC qué estrategia seguirá y cómo afecta a la relación con el Gobierno de Sánchez?

ERC mantiene un tono poco beligerante mientras espera que las disputas internas de los postconvergentes los desgaste. Las encuestas le dan la victoria electoral pero saben de lo difícil que es batir en las urnas el fenómeno Puigdemont. Aún mas con su líder Oriol Junqueras encarcelado a cal y canto después de la retirada del tercer grado. La opción de los republicanos continúa siendo no hacer ruido, hacer gala de partido de gestión y mantener la reivindicación independentista pero con una puerta abierta siempre al diálogo con el Gobierno español. A la espera de los procesos internos, el candidato será Pere Aragonès. Aunque los republicanos insisten en la figura del propio Junqueras su inhabilitación lo hará imposible. Según ha podido saber Público en los próximos días está previsto que ERC concrete su propuesta para continuar con el proceso hacia la independencia. Con el mar de fondo electoral y el bloqueo actual de la mesa de diálogo –una de las principales bazas y apuestas de Esquerra- lo que se ve difícil es que ERC recomponga su maltrecha relación con el Gobierno de Pedro Sánchez y pueda entrar en un posible acuerdo de presupuestos. Aunque contactos, como las meigas, 'haberlos haylos'.

¿Y el resto de partidos?

Más allá del independentismo (la CUP está a la espera de sus habituales procesos asamblearios), el PSC es el partido que tiene mayores aspiraciones. Por lo menos de quedar como primer partido constitucionalista. Y el candidato parece estar claro repitiendo su primer secretario, Miquel Iceta.

Catalunya en Comú Podem también tienen clara la candidata, Jéssica Albiach, que es su líder parlamentaria. Contaran con el apoyo de la carismática alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, pero con pocas perspectivas de sumar muchos más apoyos. Aunque disponen de un grupo parlamentario pequeño han sido decisivos para la aprobación de los presupuestos después del desmarque de la CUP en la mayoría independentista. Y lo harán valer.

El PP aspira a recomponer fuerzas con Alejandro Fernández al frente después de la debacle pasada que estuvo a punto de dejarlos extraparlamentarios.

Y la gran expectación se sitúa entorno de Ciudadanos que puede pasar de primer grupo a cuarto o quinto con la perdida de dos terceras partes de sus 36 diputados actuales. El nerviosismo se ha impuesto en la formación naranja forzando la substitución por orden gubernativa de la candidata Lorena Roldán, escogida en primarias, por un candidato más contundente, Carlos Carrizosa.

La gran incógnita y novedad puede ser la entrada de Vox que situaría la ultraderecha por primera vez en el Parlament.

Finalmente ¿la pandemia cómo puede afectar al clima político?

La pandemia ha tenido en jaque a Catalunya durante todo el verano y aunque la situación tiende a estabilizarse la preocupación es máxima. Con especial atención puesta en el retorno a las escuelas. Eso es así como en todos los territorios pero a nadie se les escapa que en Catalunya tiene un reverso electoral.

Y con unos efectos (veremos si positivos o negativos) sobre las principales carteras que ostenta ERC: Economia desde donde esperan poder hacer frente a los retos económicos que vive el país, Salut desde donde se dirige la lucha epidemiológica contra la covid con resultados diversos según el momento, Afers Socials i Treball que se ha visto en el ojo del huracán con las residencias y tiene que hacer frente a la parte relativa al desempleo que no es competencia estatal, y la guinda de Educació que tendrá que hacer frente a la reapertura de las escuelas, un reto que se entrevé decisivo en el impacto electoral.

Con todo ello se espera un otoño intenso y veremos cuáles son los cambios que comporta en una Catalunya que vive en tensión permanente hace una década desde la sentencia del Estatut y el posterior 'procés' independentista.

Aunque el coronavirus y las discrepancias políticas prevén una de las Diadas más apaciguadas de los últimos años el próximo 11 de septiembre, la tensión política interna y la continuación del conflicto con los presos y el exilio como referente no parecen tender a amainar. Los retos que plantea la pandemia completan un escenario difícil y sumamente complejo para los próximos meses o años.

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