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COP25 Desinformación y 'fake news': cómo luchar contra el negacionismo climático

Reducir las emisiones, buscar alternativas limpias, bajar los ritmos de consumo... La hoja de ruta contra la crisis climática incluye multitud de transformaciones estructurales. Entre los retos, impedir que las 'fake news' oculten la verdad de la emergencia climática a la población.

Un manifestante lee un periódico falso con el titular: "No se preocupe, todo va bien. Ignorancia es felicidad". REUTERS/Henry Nicholls

alejandro tena

Las mentiras inundan el mundo. Son como esos vertidos químicos que se filtran por los acuíferos dañando los ecosistemas durante un tiempo prolongado sin que nadie pueda percatarse de ello. Siempre han estado ahí y siempre han sido una herramienta ideológica potente. Las teorías conspiratorias, los ataques individuales para deslegitimar causas colectivas y el uso de datos aislados son algunos de los ingredientes necesarios para formar una información falsa. Unos ingredientes que, pese al consenso de la ciencia, se siguen utilizando para negar las evidencias de la crisis climática en pro del inmovilismo.

“Hay una especie de arrogancia intelectual entre quienes comparten informaciones falsas sobre el cambio climático que hace que les hace enorgullecerse por pensar diferente al resto”, argumenta Richard Black, director de Energy & Climate Intelligence Unit en un acto de la Cumbre del Clima (COP25) contra las fakenews relacionadas con el medio ambiente. La realidad de estas conductas tienen mucho que ver con la política, ya que el negacionismo puede permear a gran parte de la sociedad y hacer que aumente el rechazo hacia medidas imprescindibles como la transición energética.

El problema, según Black, viene cuando los negacionistas reconocen la falsedad de su discurso alegando que el vertido de falsedades está sustentado por el derecho a la libertad de expresión. Para Berna González Harbour, subdirectora de El País a cargo de la sección de Sociedad, la complejidad aumenta cuando son los dirigentes políticos quienes utilizan un argumento plagado de mentiras. “Mariano Rajoy era muy escéptico con el cambio climático. Recuerdo que en 2007 vino a decir que su primo, profesor de Física en Sevilla, le había dicho que, si no podíamos predecir el tiempo que iba a hacer de un día para otro, cómo íbamos a predecir el cambio climático”, recuerda la periodista para preguntarse “cuál es la desgracia: que el presidente tenga el primo equivocado o que tengamos al presidente equivocado”.

"El dinero puede cambiar las publicaciones que se hacen en los medios. Las empresas pagan investigaciones para su propio beneficio"

“La desinformación es un producto de las empresas americanas”, argumenta Paul D. Thacker, periodista freelance de medios como The Washington Post o The New York Times. En cierta medida, son las mismas prácticas que en el siglo XX utilizaron las empresas del tabaco para “ocultar los efectos negativos que tenía en la salud”, opina, para señalar al poder corporativo como uno de los elementos más interesados en la difusión de falacias climáticas. “El dinero puede cambiar las publicaciones que se hacen en los medios. Las empresas pagan investigaciones para su propio beneficio”, agrega, mencionando a empresas como Shell o Bp, que han financiado investigaciones de carácter científico para negar la vinculación entre la crisis ecológica y el extractivismo de recursos fósiles.

El capitalismo financiero, en cierta medida, está organizado en torno al petróleo y otros recursos fósiles como el gas. Esto hace que los postulados negacionistas se puedan vincular directamente a los principios ideológicos y políticos del liberalismo. “La gente que tiene una adherencia extrema al mercado libre es muy probable que digan que el cambio climático no existe. Es algo muy emocional porque esa ideología es parte de su identidad. Para ellos no se deben recortar las emisiones, esa palabra solo se puede utilizar para recortar impuestos”, explica Stephan Lewandowsky, investigador en psicología cognitiva de la Universidad de Bristol que estudia sobre la aceptación de las informaciones falsas.

Si bien es cierto que el uso fake news sobre el cambio climático por parte de empresas y sectores políticos se liga determinados intereses económicos, la realidad es que hay grandes capas de la población que a menudo compran el mensaje. Se trata de personas con una construcción ideológica determinada que rechaza el discurso de la ciencia al ver atacada su cosmovisión, tal y como explica Lewandowsky, que señala a las investigaciones psicológicas que muestran que “si usas argumentos para combatir su negacionismo, se vuelven más resistentes y se niegan a escuchar”.

"Los directores de medios se han dado cuenta de que los lectores ya no compran los argumentos negacionistas"

Sin embargo, estos discursos son cada vez más reducidos en las diferentes esferas de la sociedad. Tanto es así que, en España, “el 93% de la población cree que la crisis climática es un hecho y que ha sido el ser humano quien la ha provocado”, agrega González Harbour. “Los directores de medios se han dado cuenta de que los lectores ya no compran los argumentos negacionistas y por ello tienen cada vez menos cabida”, opina Black, que señala el éxito de Reino Unido, donde la campaña electoral, por primera vez en la historia, se está articulando en torno a las propuestas ecologistas.

“Si miramos al pasado veremos que pudimos luchar contra el negacionismo del tabaco, pese que era una minoría la que hablaba de que era malo para la salud. Ahora somos muchos más los que estamos contra las fake news climáticas y por eso soy optimista”, zanja, Lewandowsky.