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"Hay jueces y juezas que siguen creyendo que un maltratador es un buen padre"

El magistrado del juzgado madrileño de lo Penal nº2 de Alcalá de Henares, absuelve a un maltratador de saltarse una orden de alejamiento porque “no considera que tuviera intención de causar mal alguno” a la mujer. 

El Juzgado de lo Penal nº2 de Alcalá de Henares durante el proceso.

Cada día más sola, desamparada y con absoluta desconfiada hacía la Justicia española. Así se siente Laura Martínez (nombre ficticio) después de que el Juzgado de lo Penal nº2 de Alcalá de Henares haya absuelto a su maltratador (condenado en firme por delito de maltrato habitual, delito de lesiones y con una orden de alejamiento en vigor) tras acudir al colegio donde estudia la hija de ambos a la misma hora que su víctima. “Esto es insufrible. Las madres víctimas no solo tenemos que entregar lo que más queremos que son nuestros hijos a quienes más tememos, nuestros maltratadores, porque hay jueces y juezas que siguen creyendo que un maltratador es un buen padre y les conceden regímenes de visitas tan amplios como custodias compartidas, sino que hay magistrados que ven normal que si un maltratador se salta la orden de alejamiento no es con la intención de causar mal alguno a la víctima, como si estuvieran dentro de la cabeza de tan repugnantes seres. ¿De qué sirve entonces la orden de alejamiento?", comenta a Público.

Este nuevo varapalo judicial no es lo único que le duele a esta superviviente. “Aún es peor que un magistrado me diga que si tengo miedo de encontrarme con mi agresor, lo que tengo que hacer es acudir al psicólogo para que me ayuden. ¿Así es como protege la Justicia a quien más lo necesita? ¿Del lado de quién está? ¡Del de la víctima desde luego que no!”, relata indignada.

Por si esto fuera poco, el magistrado del juzgado de lo Penal nº2 de Alcalá de Henares, según destaca Laura, tampoco parece entender el objetivo de las órdenes de protección a las víctimas de violencia de género. Tal y como se puede comprobar en el vídeo del juicio (al que ha accedido Público) este llega a decir: “Si la orden de alejamiento es de 100 metros y las puertas del colegio por las que salen las menores están más cerca, lo que digo, ya de antemano lo digo, todavía no tengo valoración suficiente de prueba, lo que habría que hacer es rebajar los metros de la orden”.

Incluso el juez llega a establecer en los hechos probados de la sentencia “la llamativa barbaridad de que sobre mí también pesaba una orden de alejamiento (hecho desmentido en la posterior sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid) llegando a decir, que tenía que haber sido más cuidadosa al tener que ir al colegio a recoger a mi hija. Sin palabras”, añade la afectada.

Insensibilidad máxima

Estas frases dichas por el magistrado (y constatadas por este medio tras visionar el vídeo del juicio y tener acceso a la sentencia), llevan resonando en la cabeza de Laura desde el pasado 6 de marzo cuando se llevó a cabo el juicio por un presunto delito de quebrantamiento de una orden de alejamiento. Las expresiones del juez no han hecho sino aumentar el estrés postraumático y cronificado que sufre desde hace cinco años por las secuelas de su maltrato reconocido por forenses y tribunales. “El maltratador ha sido penado con casi tres años de prisión, pero sorprendentemente se le ha perdonado la entrada en prisión”, recalca Martínez.

Preguntada por la razón de tal situación Martínez contesta resignada que “la justicia considera que como tiene trabajadores a su cargo y una hipoteca, no tiene que entrar en la cárcel. Precisamente el mismo trabajo y la misma hipoteca que tenía cuando me maltrataba y me agredió sin que ello fuese impedimento alguno. Así de laxa y comprensiva es nuestra Justicia con los maltratadores, a la que en absoluto le importa mi seguridad ni de la de mi hija”, añade.

Y es que al maltratador se le concedió el beneficio extraordinario “de la suspensión de su entrada en prisión a cambio de realizar un simple cursillo sobre violencia de género. Además, disfruta de un régimen de visitas con nuestra hija de 6 años, tan amplio como una custodia compartida, a pesar de que se encuentra inmerso en un procedimiento por presuntamente amenazar de muerte a la pequeña”, relata Martínez.

Los hechos del supuesto quebrantamiento de la orden de alejamiento ocurrieron en septiembre de 2017 cuando Laura fue a recoger a su hija mayor al colegio como hacia cada día de la semana y se encontró de bruces con su maltratador (que ya había sido condenado 4 meses antes). “Al verle allí frente a mí, sufrí un ataque de pánico y perdí el control de mi coche. Tuve que ser atendida por la policía y llevada a un centro hospitalario en ambulancia”, recuerda. El maltratador, a pesar de la orden de alejamiento de Laura y con la excusa de recoger a la hija que tienen en común, acudía todos los martes, jueves y viernes alternos, al mismo colegio que la madre y a la misma hora que ella debía acudir a recoger a su hija mayor, relata a Público.

Vistos los hechos, el magistrado dictaminó que absolvía al acusado porque consideraba que no se podía demostrar que fuese “un acto intencional encontrarse con su víctima”. Todo ello, a pesar de que el propio maltratador convicto declaró en el acto del juicio “que llevaba dos años acudiendo al mismo colegio que su víctima y a la misma hora que ella, acompañado de su padre, el abuelo paterno de la niña”, que era el que realmente debía ir a recoger a la menor mientras la orden de alejamiento estuviese en vigor según el auto que dictaminó las medias de protección. “Esta sentencia resulta insólita, por cuanto además ha sido ratificada por la propia Audiencia Provincial de Madrid el pasado 3 de julio, aludiendo a la falta de intención que tenía el maltratador convicto de encontrarse conmigo. Falta de intención difícil de justificar teniendo en cuenta que el agresor llevaba dos años acudiendo al mismo lugar y a la misma hora que yo y que tal y como establece el propio magistrado de primera instancia en la sentencia, era más que previsible que dicho encuentro se produjera. Es decir, que ni fue un encuentro casual ni había falta de voluntad por su parte pues él mismo sabía que lo más probable era encontrarse conmigo”, añade la afectada.

La perspectiva de género ni está, ni se la espera

Pero los agravios que Laura relata de lo vivido en la sala del Juzgado de lo Penal nº 2 de Alcalá de Henares no acaban aquí. La falta de empatía hacía una víctima de violencia de género y de cómo se siente cuando tiene que declarar en la misma sala junto a su agresor, es otra de las ofensas que la entrevistada destaca de dicho juez. “Durante el acto de la vista del juicio oral, cuando iba a entrar a declarar, tras esperar largas horas a ser llamada y teniendo que entrar medicada por el pánico que me generaba el encuentro con mi agresor, ante la petición de mis letrados de colocar el preceptivo biombo que impedía el contacto visual con él, el magistrado llega a decirle al maltratador condenado en firme y acusado del presunto delito de quebrantamiento, que yo quería el biombo y que aunque él como magistrado no conocía la justificación o no para ponérmelo, el caso es que se me iba a poner”, relata. “Casi parece pedir disculpas al maltratador por la molestia que dicho biombo pudiera ocasionarle. Siendo que la justificación está en que se trata de una medida obligada por la Ley 4/2015 de 27 de abril del Estatuto de la víctima”, subraya indignada.

Además, Laura subraya la prisa y el poco tacto del juez por acabar con la vista. “Mi abogada quería presentar testigos y pruebas importantes para mi, pero él no lo permitió. Tenía prisa por acabar, llegando a decir en mi presencia que llevaba desde las 10 de la mañana con la toga puesta, sin haber descansado más que dos minutos para fumarse dos cigarros”.

A esta víctima también le resulta llamativo el papel de la fiscalía durante el juicio. “Pidió la libre absolución del condenado incluso desde antes de que comenzara la vista. Su esfuerzo por averiguar los hechos se limitó a preguntar en el interrogatorio al maltratador si conociendo la existencia de esa orden de alejamiento tenía voluntad de quebrantarla, a lo que evidentemente él contestó que no. ¿No sería más lógico que alguien que quiere realmente averiguar la verdad de los hechos y que debe velar por los derechos de la víctima hubiese preguntado al maltratador condenado y con orden de alejamiento, cuál era la razón que le llevaba a acudir al colegio en persona a supuestamente recoger a su hija si ya lo hacia el abuelo paterno? No hace falta ser un lince. Solo hace falta querer averiguar la verdad”, añade.

Otra vez reclamar justicia

Así las cosas, Laura Martínez no piensa cesar en su empeño de que por fin se haga justicia. Dado que la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid aun no es firme interpondrá recurso de casación ante el Tribunal Supremo por considerarla contraria a su doctrina. Pero mientras dicha instancia resuelve todo, se pregunta qué va a ocurrirle o quién la protege a ella, cada vez que acuda al colegio a recoger a sus hijas y al resto de víctimas que también puedan estar sufriendo estas dramáticas situaciones.

De hecho, Laura nos cuenta el miedo atroz que le ha generado esta sentencia. “Ahora no hay nada que impida al maltratador acudir el próximo curso escolar al colegio los días que le tocan las visitas de su hija pequeña y encontrarse conmigo cuando tengo que recoger a mi hija mayor del mismo colegio, justificando el encuentro como no intencionado, y eso a pesar de que tiene impuesta la pulsera del maltratador por su peligrosidad. De nada sirve a la víctima, ni la orden de protección ni la imposición del dispositivo telemático, si los jueces absuelven al maltratador basándose únicamente en su palabra y en su supuesta falta de intención imposible de probar”.

Para la afectada los dos mensajes que lanza esta sentencia a todas las víctimas de violencia de género son terriblemente peligrosos. “En primer lugar significa que las órdenes de protección no tienen valor en el caso de las víctimas con hijos pues permiten a los maltratadores acercarse a ellas con la excusa de cumplir con sus obligaciones parentales”. En segundo lugar, “el miedo que pueda tener una víctima a encontrarse con su agresor es solamente problema de ella y tiene que ir a un psicólogo a tratarse. ¡Vamos que no es culpa del maltratador que se acerque a ella!”, añade.

El resultado de todo es un no vivir para Laura. “Cada vez estoy más angustiada psicológicamente y más muerta de miedo. Me siento desamparada por la Justicia que debía protegerme y en su lugar, lo que hace es empoderar más y más al maltratador, permitiendo estas situaciones de riesgo. No me extraña que él sienta que puede actuar con total impunidad gracias a la inacción de esa misma justicia”, dice.

Por eso Laura Martínez se hace una pregunta. “¿Existe en nuestro país esta absoluta falta de protección a las víctimas de violencia de género con hijos o esta falta de protección solo ocurre en mi caso? Cualquiera que sea la respuesta, resulta bastante inquietante en un Estado social y democrático de Derecho, donde cada día mueren mujeres a causa del terrorismo machista. Yo tuve el valor como víctima de violencia de género de denunciar públicamente a una fiscal perteneciente a la fiscalía de Alcalá de Henares, justo donde se ha celebrado el juicio, y a una juez de Violencia de Género, que casualmente y según me han confirmado, es prima de una de las magistradas que ha resuelto esta sentencia en la Audiencia Provincial de Madrid. ¿Entonces, esta sentencia es un error o un castigo de la Justicia por haberme atrevido a señalar las irregularidades del propio sistema judicial?”, finaliza.