Entrevista a Moira Millán, pensadora y activista mapuche"Milei se propone el exterminio de los pueblos indígenas"
La escritora conversa con 'Público' sobre las diferentes maneras en las que, a su juicio, el capitalismo agrede la vida.

Madrid--Actualizado a
La crisis climática pone la vida en peligro. Esta aseveración puede parecer una redundancia, pero cabe entender la idea de "vida" en su magnitud. No se trata por tanto de una cuestión que afecta –solo– al entorno físico –el clima o el medio ambiente–, sino a nuestras maneras de organizar las sociedades, las condiciones de posibilidad de nuestro pensamiento, los significados de las cosas y todo lo que ello implica en todos los sentidos. Para nombrar esta coyuntura hay quien habla de crisis ecosocial, antropoceno, capitaloceno –y múltiples variantes, desde cthuluceno hasta faloceno–.
A colación de la nomenclatura, Moira Millán (1970, El Maitén) ha acuñado el término terricidio, con el que pretende aglomerar todas las agresiones contra la vida. Ella es una pensadora y activista mapuche, defensora de los derechos de las poblaciones indígenas. Estos días se encuentra en el Estado español para presentar su último ensayo, Terricidio: Sabiduría ancestral para un mundo alterNATIVO. Con el conocimiento que recupera y conserva de los pueblos originarios, busca crear un marco teórico que integra todas las formas de violencia: genocidios, feminicidios, epistemicidios, ecocidios... En última instancia, el exterminio de la vida, que es el exterminio del todo.
Se trata de una "perspectiva integradora entre lo que serían toda la vida y todas las formas de vida. Y cómo se vincula la preservación tanto de los ecosistemas frágiles como los ecosistemas perceptibles", expresa Millán en conversación con Público. Con esta clasificación se refiere a "un ecosistema cultural que surge y se desarrolla en plenitud con el territorio y las fuerzas protectoras que salvaguardan los ecosistemas biológicos". "Cuando hablamos de defender la vida no hay un reduccionismo de nuestra mirada que solo tenga que ver con la vida humana o con la vida de la naturaleza tangible, sino con todos los ecosistemas".
Estas son unas pinceladas del pensamiento mapuche, que significa "gente de la tierra". El Maitén, de donde Millán es natural, se encuentra en la provincia argentina de Chubut. Esta zona ha sido presa de grandes incendios forestales durante los primeros meses de 2026. Junto a las provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén y Santa Cruz, miles de hectáreas de la Patagonia fueron arrasadas. Esto no supone solo una agresión para los bosques, sino para todos los seres que viven en ellos, incluidas las personas.
¿Cómo ha cambiado la coyuntura de las personas indígenas desde la llegada de Javier Milei al Gobierno en Argentina?
El Gobierno de Milei ha intensificado la represión. Los gobiernos que le precedieron también reprimían, nos mataban y nos despojaban del territorio. Pero esta práctica se ha intensificado, le ha asignado mayor presupuesto, prácticamente le ha declarado la guerra a los pueblos indígenas. Tenemos en este momento una situación de mucha incertidumbre y de mucha tensión. Han desmontado leyes que protegían la naturaleza, los pueblos indígenas, los territorios, las aguas... Y con el desmantelamiento de todo este marco jurídico se posibilita la impunidad. Que avancen contra nosotros.
¿Hay una persecución, ya no solo del activismo o de la militancia, sino de la propia identidad mapuche?
Sí, de nuestra existencia. El gobierno de Milei se propone llevar a cabo una forma de exterminio de los pueblos indígenas, en particular del pueblo mapuche tehuelche, que somos los que le estamos dando una resistencia activa contra el extractivismo. También estamos en un punto geopolíticamente estratégico, disputados por las transnacionales y por los intereses geomilitares de grandes imperios como es el caso de Estados Unidos. Es importante recordar que el territorio mapuche va del Pacífico al Atlántico. Conecta los dos océanos y es una zona muy rica en agua dulce. Hemos logrado resguardarla durante miles de años por nuestra cosmovisión.
Los territorios mapuches están en puntos geopolíticamente estratégicos
Los últimos 'shocks' geopolíticos, desde el secuestro de Trump a Maduro hasta los bombardeos de Israel y EEUU sobre Irán nos han sumido en una crisis energética. La escalada bélica se revela como una guerra por los recursos.
Esto es histórico desde la constitución de los estados coloniales. Siempre se trata de los recursos. El avance colonial siempre fue detrás de lo que ellos llaman recursos y nosotros, los los mapuches, llamamos fuerzas protectoras, fuerzas elementales. Esta cosificación de la vida, que lo mercantiliza todo, no tiene límites para ellos. No hay ningún tipo de ética, criterio ni respeto hacia las formas de vida. Este capitalismo voraz viene a destruirlo todo, a contaminar, a sembrar muerte sin ningún tipo de control.
Este capitalismo voraz viene a destruirlo todo, a contaminar, a sembrar muerte sin ningún tipo de control
Antes pensábamos que los pueblos, a través de los estamentos legales, podían tener un control o incluso auditar las prácticas de las empresas en nuestros territorios. Hoy ha quedado demostrado que no hay ningún tipo de estamento internacional que proteja la vida. Estos acuerdos por los derechos humanos y por los derechos de la naturaleza son simplemente enunciados que no tienen el peso ni la praxis que se precisa. En este momento, no queda solo asumir esta triste realidad, sino ver cuáles son los soportes que configuran este escenario letal y maléfico que debemos desintegrar para poder crear mejores condiciones de vida.
Habla de "capitalismo voraz" y también menciona los estados coloniales. ¿Hay algún tipo de conexión? Algunos teóricos como Jason Moore sitúan el inicio del capitalismo durante las primeras empresas coloniales del siglo XV.
Creo que es mucho más estructural. Es una matriz civilizatoria impuesta en el mundo que se ha llevado por delante otras culturas, filosofías y cosmovisiones, y ha impuesto una monocultura antropocéntrica, individualista y estratificadora que decide qué vida vidas importan y qué vidas no, cuáles son las vidas asesinables y cuáles no. Y esa matriz que ha construido su poder desde hace siglos entra ahora en una crisis de la cual no puede redimirse. Va mostrando la degradación de sus soportes y valores, y pone en evidencia la necesidad de hacer una revolución cultural, filosófica y espiritual, que proponga un nuevo modo de habitar el mundo.
La matriz civilizatoria muestra su degradación y la necesidad de hacer una revolución cultural, filosófica y espiritual
Vemos los síntomas de esta crisis civilizatoria: aparecen la crisis energética, la hídrica, la social... Creer que se puede resolver esto eliminando el capitalismo y creando una alternativa de distribución económica nos mantendría embaucados en la misma trampa. Tenemos que ir más atrás todavía y de manera más profunda. Y en este sentido, creo que está habiendo un despertar, teniendo en cuenta que no hay tiempo. Los pensadores de hace siglos sí lo tenían para analizar y entender el complejo entramado del poder. Hoy no lo hay porque nos estamos jugando la vida del planeta. Y lo que sucede ahora es una articulación con una agenda de consenso inmediato frente a coyunturas concretas.
¿Por ejemplo?
En la Argentina hay en las calles una articulación contra la reforma de la ley de inmigración que ha sido votada en el Congreso. Es una resistencia activa y creo que es un claro ejemplo. También podríamos pensar en el genocidio al pueblo palestino. A pesar de que los poderes o los gobiernos han sido o negacionistas, claramente sionistas, indiferentes o cobardes, los pueblos han salido a la calle a decir: "No queremos ser cómplices de un genocidio, no estamos de acuerdo y queremos que esto pare". Esta emergencia social es la tierra, y la tierra nos está despertando para que salgamos a vociferar y a plantear la defensa de la vida.
Menciona la tierra como piedra angular de ese despertar. Y usted acuña el término 'terricidio'. ¿Podría definirlo brevemente?
El 'terricidio' es una síntesis de todas las formas de agredir la vida que ha construido el sistema
El terricidio es una síntesis de todas las formas de agredir la vida que ha construido el sistema. Estas formas nos dan cuenta de cómo todas las vidas se ensamblan. La agresión a cualquier modo de vida tiene su correlato en nuestros territorios, familias y ciudades. Cuando desaparece un elemento del ecosistema, desaparece con él un elemento del ecosistema cultural. Esto es así con cualquier modo de arrancar la vida, ya sean cuerpos trans, los feminicidios, infanticidios, genocidios... y también epistemicidios. Porque así como se extermina físicamente la vida de las personas, también se exterminan idiomas, espiritualidades, formas de pensar y de habitar el mundo de manera distinta. A eso nosotros le llamamos terricidio.
¿Cómo impacta el 'terricidio' en los cuerpos de las mujeres?
A mí me ha tocado estar en comunidades donde las mujeres, para recoger el agua, tienen que caminar tres o cuatro kilómetros. Sus cuerpos deben cargar ese agua para lavar la ropa u otras tareas que cualquier persona en la ciudad puede realizar abriendo el grifo. Pero en territorios que están siendo arrasados, donde el agua queda en propiedad de empresas transnacionales y extractivistas, las mujeres tienen que hacer un tremendo sacrificio para cultivar la tierra. Las mujeres en la ruralidad, afectadas por la crisis climática, padecen un nivel de violencia y de proliferación de enfermedades que serían evitables en otras condiciones.
¿Cuál es el papel de las mujeres ante la crisis climática?
Las mujeres son guardianas de la tierra. Protegen los nacimientos de los ríos. Recientemente asistí a un juicio en la ciudad de San Carlos de Bariloche contra una hermana mapuche, Soledad Cayunao, que defiende el nacimiento del río Chubut, el más importante de la provincia. Se está judicializando y criminalizando a la guardiana del agua. Esto también da cuenta de la violencia racista, patriarcal y colonial del Estado en función de los intereses de las grandes corporaciones y de los grandes poderes económicos.
Esto que relata podría entenderse como una forma en la que el Estado lleva a cabo epistemicidios.
Exacto. Y ese epistemicidio se lleva a cabo con una legitimidad repugnante. Esa legitimidad está construida por un proceso de argentinización que convence a la ciudadanía de que ser todos iguales ante la ley implica que tengamos que asumir una identidad que no nos pertenece. Y dentro de esa identidad impuesta somos juzgados. No hay un reconocimiento de nuestra existencia. La Constitución argentina reconoce la preexistencia de los pueblos indígenas, pero no hay ningún marco de aplicación para reconocer ese derecho. Entonces, somos juzgados de la misma manera que se juzgaría a un argentino, sin reconocer que, por ejemplo, esta hermana tiene un derecho ancestral sobre el patrimonio.
De ello se desprende la idea de que existen formas de convivencia armónicas de la humanidad en los territorios.
El problema no es la humanidad en los territorios, cuando se dice que el problema es el ser humano, que es una plaga... no es así. El problema es un un modo de vivir en el mundo que nos lleva a devorarnos entre todos. Creo que los humanos podemos ser un factor de fortalecimiento de los ecosistemas y no de saqueo. El problema no somos los humanos, no es la humanidad, sino la matriz civilizatoria imperante.
Su visión se aleja de la misantropía y es de hecho bastante esperanzadora.
Creo que nada de lo que surja del odio puede ser valorado como un posicionamiento que nos ayude a esclarecer lo que está pasando. El poder también inocula ideas que no nos pertenecen para sembrar confusión y que no podamos ver el lugar exacto donde se encuentra el conflicto.
¿Y cómo nos hacemos cargo?
La recuperación de las cosmovisiones tal cual eran es imposible. Nos quedan bastiones de reflexión que se pueden poner en diálogo con otros saberes, incluso actuales, que puedan alcanzar una síntesis para consensuar cómo queremos habitar el mundo. Podemos dialogar sobre cómo alcanzar prácticas del buen vivir en nuestros territorios. El buen vivir no es una utopía inalcanzable, es algo que está sucediendo. A lo que más le teme este sistema capitalista, antropocéntrico, es la capacidad de organización autónoma de los pueblos. Porque esa organización se construye a partir del vínculo de reciprocidad con la naturaleza. Y creo definitivamente que ese es el camino.

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